La Champions juvenil

Cuando vivía en Reino Unido iba mucho a la Champions juvenil. En concreto, iba a los partidos del Mánchester City. Y para ser todavía más precisos, iba siempre con Álvaro de Grado, colaborador entonces de Marcador Internacional, hoy corresponsal de la SER y Marca. En aquella época, el City no había construido todavía su fastuosa ciudad deportiva y jugaba sus partidos en el estadio del Hyde, un club de un pueblo próximo a Mánchester. Tenía su encanto y Álvaro y yo disfrutábamos de la experiencia porque hemos sido muy de esos campos y de ese fútbol. Además, nos pasaba de todo cada vez que íbamos. Un día a Álvaro no le querían dejar pasar porque el de la puerta decía que no era periodista ya que no llevaba cámara de fotos. Otro día yo pasé con el carné de mi piscina porque pensé, al enseñarlo, que era mi licencia de la Premier. Otro día también conocimos a un chico que jugaba en el Hyde y que le habían puesto de deberes ver cómo se movía el delantero del City. Y todos los días, así en general, teníamos lío para que nos dejaran entrevistar a alguien al acabar. Era aquello más complicado que tener unas declaraciones de Agüero cuando jugaban los mayores.

Como digo, nos gustaba mucho ir pero sobre todo, a De Grado. Interesado por las generaciones jóvenes, se sabía de memoria quiénes eran todos y cada uno de los jugadores que jugaban en el City y, a veces también, los de los equipos rivales. Me decía en quién tenía que fijarme, convencido de que en algún momento el muchacho en cuestión estaría en el primer equipo. Yo, atendía pero con escepticismo, ya que no veía a casi nadie con calidad suficiente para tener un futuro entre los profesionales. Según iba escribiendo este texto, he tenido que preguntarle a De Grado por todos ellos. Porque, aparte de Mafeo, que está en el Girona, y Pozo, que llegó del fútbol base del Madrid como la gran esperanza y ahora está en el Almería, no tenia a ninguno ubicado. Y sin embargo, resulta que hay cuatro más que han salido adelante. Al parecer, Marcos Lopes la está rompiendo en el Mónaco (reconozco que a este se le veían maneras), un tal Ntcham pertenece al primer equipo del Celtic, otro que se llama Denayer ha acabado en el Galatasaray y, el que yo decía que era el bueno, Tosin Aderabioyo, anda en la primera plantilla del City pero jugando entre poco y nada. En definitiva, la mayoría no ha llegado a ningún sitio. Y yo tampoco, que, harto de buscar sin éxito alguien que me pagara mis crónicas de la Premier, me volví a España y terminé trabajando en el departamento de comunicación del Alcorcón y olvidándome por completo de la Champions juvenil. Era 2015.

Fue coincidiendo con el Real Madrid-Chelsea de cuartos de final de la edición de 2018 y por circunstancias de la vida que no vienen a cuento, cuando regresé a esa competición que tantas alegrías me había dado. Y volví a salir con la misma impresión de siempre, que pocos o ninguno de los que vi jugar esa tarde, acabarían siendo conocidos dentro de unos años. Pero vayamos por partes. Porque antes de que concluyera esto es necesario decir que no me acompañó De Grado pero sí Sergio Santomé, experto (o eso dicen) en fútbol internacional para Onda Cero. Y fieles a la tradición, tuvimos alguna que otra incidencia. Lo primero es que llegamos tarde porque nos entretuvimos más de la cuenta comiendo una pizza en un restaurante de la zona cuando apenas quedaba media hora para que empezara el choque. Luego, una vez que llegamos al recinto y aparte de llover a mares, nos encontramos con una larga cola en las taquillas. Pensamos que nosotros también debíamos esperar turno, pero no. La gente estaba ahí para recoger entradas gratis. La venta de localidades era en otra ventanilla, que no tenía apenas público. Me imagino que fuimos de los pocos que pagaron por entrar. Bueno, pagó Santomé porque yo pasé gratis, dada mi condición de socio madridista. Después, ya con el ticket en la mano, saludé muy ceremonioso al señor de los tornos, y este me devolvió cortésmente el saludo indicándome al mismo tiempo que el Madrid ganaba 1-0. Cuando finalmente accedimos al graderío, descubrimos que el resultado era entonces de 1-2 y que el personal andaba revolucionado porque uno de los goles del Chelsea había sido con la mano (o eso creímos entender). El de la puerta, por tanto, no se había enterado de mucho. El caso es que al final todo terminó con un 4-2 a favor de los visitantes que pienso, se impusieron simplemente por ser físicamente superiores y no por su calidad futbolística. Y aunque se habló mucho de un tal Redan, delantero del Chelsea, yo, como decía antes, me fui con la idea de que ni Redan, ni Redon. Pero a saber. Dentro unas temporadas saldremos de dudas. Mientras tanto, intentaremos seguir asistiendo a las Champions juvenil. Con De Grado o con Santomé. Claro.

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