Sangre inglesa, alma escocesa

El viaje en el tren de East Coast desde King’s Cross hasta Edimburgo transcurre lento y pastoso, como si fuera un viaje propio de otra época. El tiempo, aunque el tren sí lo haga, parece no avanzar mientras por la ventanilla se dibuja un paisaje de eternas praderas salpicadas de pintorescas granjas que se difuminan por efecto de la velocidad. Solo el paso por ciudades de cierto calibre, como Peterborough, Doncaster o York rompe con la monotonía visual y sonora del recorrido hasta las tierras del norte. Hay que dejar atrás la populosa Newcastle, mientras uno intenta atisbar a lo lejos como puede alguna referencia que le remita a St. James’ Park, para que el panorama al otro lado de los cristales cambie radicalmente. Acercarse al Border entre Inglaterra y Escocia te obliga a dejar la lectura, la bolsa de chips Walkers y todo aquello que te trajeras entre manos para tratar de hacerte el viaje más ameno y llevadero. Porque, a medida que la densidad de población de ganado ovino va incrementando, el paisaje te atrapa. El tren se acerca al Mar del Norte y comienza a bordear la costa, ofreciendo la sensación de que todo lo que está por llegar un poco más al norte es algo completamente novedoso. Berwick-upon-Tweed es el último pueblo antes de entrar en tierras escocesas… o el primero al penetrar en ellas.

Berwick_upon_Tweed_Aerial_

Atravesada por la frontera natural histórica que dibuja el estuario del río Tweed, río considerado geográficamente escocés que parte físicamente el casco urbano de la localidad en dos mitades, una inglesa y otra escocesa, la pintoresca Berwick ha sido siempre una población dividida. Entre los años 1296 y 1482, épocas turbulentas, el estratégico asentamiento geográfico de la ciudad propició una alternancia de poder. En poco menos de doscientos años, Berwick cambió de manos hasta en trece ocasiones y aún a día de hoy, aunque es oficialmente considerada como inglesa desde hace más de cinco siglos, mantiene a su población con el sentimiento indeciso.

stuartforster-play

Menos indecisión pareció existir en lo que al club de fútbol de la ciudad se refiere. Fundado en el año 1884, el Berwick Rangers FC apenas tardó once años desde su nacimiento en adherirse a la federación escocesa. Admitido en 1905 en el sistema de competición escocés, jamás se ha puesto en tela de juicio la conveniencia de reconsiderar la decisión y reincoporarse, más de un siglo después, al subsuelo de la pirámide que estructura la competición en el fútbol inglés. El caso de Berwick choca radicalmente con el de Gretna, población situada sobre suelo escocés y que estuvo participando en competición inglesa hasta principios de la pasada década. En 2002, el club fue admitido en la Scottish Football League, consiguió ascender en una trayectoria mágica hasta la Scottish Premier League, y posteriormente cayó en bancarrota y desapareció.

Sin embargo, y pese a la teórica menor competitividad del fútbol escocés, el Berwick Rangers nunca ha conseguido afianzar un proyecto sólido. A lo largo del siglo XX ha tenido que hacer frente a dos o tres situaciones límite en el plano económico y financiero (la última, a mediados de la década de los noventa) que a punto estuvieron de llevar al club a su definitiva desaparición. Sin grandes logros en su palmarés, quizá su mayor éxito fuese la eliminación del poderoso Rangers (1-0), campeón de la anterior edición, en eliminatoria copera en el año 1967. Por vez primera en su historia, el club de Ibrox era eliminado en una ronda de copa por un equipo de inferior categoría. ‘Nunca en la historia del fútbol escocés ha habido un resultado comparable al de este partido y dado que el Rangers es el Rangers, traerá inevitablemente serias consecuencias y repercusiones‘, se desahogaba Glyn Edwards en las páginas del Glasgow Herald dos días después de la infame derrota en suelo inglés. Y así ocurrió. La derrota en el Sheilfield de Berwick trajo consigo la salida inmediata de varios integrantes de la plantilla del Rangers y la contratación de varios refuerzos que llevaron al equipo hasta la final de la Recopa de Europa… un triste consuelo en el año en el que el Celtic de Jock Stein consiguió alzar los cuatro títulos que disputaba (Liga, Copa, Copa de la Liga y Copa de Europa).

Viejas hazañas aparte, la realidad actual del Berwick Rangers nos presenta a un modestísimo club que, si bien saneado en lo económico, sufre lo indecible para mantener el tipo en la Scottish League Two, la cuarta categoría del fútbol escocés. El barrizal de Shielfield Park apenas acoge a un par de miles de espectadores por partido y nada hace vislumbrar en el horizonte que la cosa vaya a mejorar a corto o medio plazo. Y asi, ensimismado en el recuerdo de un equipo con sangre escocesa (casi la totalidad de su plantilla procede de la zona norte de la frontera) y alma inglesa, el tren se adentra en Edimburgo y detiene su marcha en el andén número 8 de la cavernosa estación de Waverley. Sin medias tintas, el acento por fin se endurece en el corazón de Princes Street. Donde ya uno no puede dudar de que por fin está pisando suelo escocés.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Alfonso Otero

    13 de marzo de 2018 a las 4:26 pm

    Magnífico articulo. Estoy deseando coger ese tren cuando vaya por allí (que no tardaré mucho)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *