Papá, ¿por qué somos de este equipo de perdedores?

Durante los últimos años hemos vivido inmersos en el boom del fútbol en lo que a marketing se refiere gracias a que tanto medios de comunicación como firmas de publicidad han visto un filón en el fenómeno social que significa el mundo del balompié. La entrada de las televisiones trajo el dinero al fútbol y con ellas el desarraigo de pueblos y ciudades hacia su equipo. El proceso se ha ido acrecentando año tras año aumentando la brecha entre el fútbol más mediático y el modesto. Es indudable que a todos nos gusta el fútbol como deporte, como método de entretenimiento, o como válvula de escape ante los problemas del día a día. Y precisamente el día a día y en los cambios que hemos vivido como sociedad explican por qué el fenómeno ha cambiado tanto.

En la mayor parte de los casos, las figuras paternas fueron las principales culpables de inculcarnos el germen del este deporte. Comenzamos a ir al estadio gracias a que tu padre o abuelo te cogían de la mano un domingo para asistir a aquel templo donde vivías sensaciones desconocidas. En otros casos eran tus amigos. Tu círculo social fomentó el amor hacia un club determinado. Tu club desde entonces. Que ellos asistiesen al estadio significa que en los 60/70/80 este club tuviese un arraigo social gracias a su éxito deportivo, por lo que las circunstancias históricas del club son un factor determinante para entender el apoyo a nuestros equipos. Los clubes de nueva creación al carecer de historia ven más complicado lograr un apoyo social inmediato. Es un hecho. Pero que las gradas de nuestros estadios estén desiertas merece mayor autocrítica.

¿Qué hemos hecho mal en comparación con otros países como Inglaterra o Alemania?. La televisión y los horarios son una de las claves. El enfrentamiento Madrid-Barcelona fomentado por los medios de comunicación ha crecido debido a que somos un país donde impera la política de “los dos bandos”. Blanco o negro. Rojos o azules. PP o PSOE. Por otro lado, a uno siempre le seduce apoyar a caballo ganador. Es humano. Vas a ver a los Globetrotters, no a los pobres Washington Generals. Además, la proliferación de buenos futbolistas en estos clubes ha llevado al fútbol a otra dimensión: el espectáculo. El tiki taka. El fútbol de toque. Las filigranas. Difíciles ver en el fútbol modesto, donde aguantar el cero a cero y el despeje fuera del estadio continúan siendo una filosofía imperante. Pero esto no vale como excusa. No creo que en la Third Division el fútbol sea mejor, pero las asistencias a sus estadios si lo son.

Crecemos educados en el “Si quieres, puedes”. Esa farsa mediática al estilo Mr.Wonferful que traduce el esfuerzo y el trabajo como método infalible para lograr éxitos. Y no es cierto. En la mayor parte de los casos, no puedes. Falta educación en la derrota y ser conscientes de que lo normal en esta vida es perder. Ser consciente de que lo normal es pasarte diez años rondando el décimo puesto, y lo extraordinario es repetir cuentos de hadas como los del Extremadura o Compostela. Los ascensos meteóricos traen consigo resacas difíciles de digerir que en muchos casos acaban con los clubes disueltos al no poder soportar las vacas flacas posteriores. Por eso es importante acabar con la frase de “¿Y por qué no nosotros?”. Soñar es gratis, pero levantarse cada mañana sabiendo que tu club estará ahí año tras año hasta que seas tú el que lleves a tu hijo al fútbol es más importante. Por ello falta tener los pies en el suelo, y saber que en el fútbol no existen los merecimientos. Tu ciudad no merece un club en Primera o en Segunda. Tu ciudad es tu ciudad y hay que ser consciente de tus límites. 

El desarraigo hacia los clubes en algunos pueblos o ciudades de la geografía española trae hechos curiosos. En el norte el grado de identificación parece mayor en pequeñas y medianas ciudades, pese a la cercanía de clubes grandes. En el centro de la península, Madrid actúa como ojo de huracán llevándose por delante aficionados ya no solo de su comunidad autónoma sino de las limítrofes. Basta con ver un mapa de equipos en categorías superiores para ejemplificar este fenómeno. El efecto ojo de huracán se lleva por delante en Barcelona la afición de clubes históricos como Sabadell o Terrassa. Mientras tanto, este fenómeno hace que pueblos o ciudades alejados de las grandes urbes hayan visto como sus clubes han soportado la pérdida de afición. Miranda de Ebro o Ponferrada han sabido explotar su defecto como virtud. Por ejemplo, recientemente estuvimos en Azuaga o Llerena, pueblos lejanos y casi aislados donde los futbolistas tenían que desplazarse decenas de kilómetros para poder entrenar. Este trance hace que los aficiones de dichas localidades no se desplacen para seguir a otros equipos cercanos, sino que apoyen al de su localidad.

Los años del ladrillo y las excavadoras hicieron mucha mella en algunas comunidades autónomas, lo que acercó a empresarios locales con más dinero que ideas al mundo del fútbol. Volvió el caciquismo, y de la misma forma que proliferaron los buenos sueldos en la construcción, también aparecieron en el fútbol. Regiones como Murcia, Comunidad Valenciana o Andalucía vivieron épocas de bonanza económica, ansias de poder, avidez y triunfos que acabaron con muchos clubes destrozados agobiados por las deudas. Apareció la figura del fútbol popular a raíz de aquellos años. Un fútbol donde la comunidad predominase sobre el individuo y la democratización de los clubes protegiese a estos ante los caciques con más pretensiones monetarias que futbolísticas. El fenómeno tuvo éxito en diversos lugares de nuestra geografía, aunque resulta como curioso como en muchos de ellos vuelve a aparecer la figura del empresario que promete cosas (y después incumple) y la afición olvida lo logrado a través del esfuerzo de muchos para volver a ponerse en manos de unos pocos. Son pueblos y ciudades malditos para el fútbol.

Nuestros sentimientos hacia el fútbol son nuestros sentimientos hacia la vida. Amamos el fútbol porque amamos las emociones que este nos transmite, ya sean positivas o negativas. Explicar un fenómeno social con un simple “Que la pelota entre” es un ejercicio necio que sirve para idiotizar al aficionado y convertirlo en un mero cliente de un espectáculo. Somos de nuestros clubes porque hemos aprendido a amarlos en comunidad, por los que es en comunidad como debemos gestionarlos. Y somos de nuestros clubes porque estos tienen una historia que debemos aprender a respetar y conservar. Solo así podremos llevar a nuestro hijo cogido de la mano al fútbol en el futuro. Da igual que eso pase en Primera, Segunda, Segunda B o Tercera.

Foto CD Mensajero: José Ayut Santos

Internacional en 0 ocasiones. Fútbol, barro y torretas. No hay nada más bello que un gol en el minuto 90.

5 Comments

  1. Joaquin

    8 de febrero de 2018 a las 2:24 pm

    “Perder es lo normal”, de Axel Torres, se ha transformado en una frase de referencia para mí desde que la escuché.

  2. Llerenacity

    8 de febrero de 2018 a las 7:55 pm

    La lejanía es un concepto relativo. Se está lejos o cerca siempre en función de un punto. Llerena y Azuaga lejos de que y aislados de quien? En Badajoz Cada día estamos más hartos de los tristes de los españolitos y de su fe ciega en los tópicos.Tan aislados como cualquier pueblo de León y tan lejos como cualquier pueblo de Orense. Eso sí, romanizados desde el minuto 1.

  3. Grada Sur

    8 de febrero de 2018 a las 9:18 pm

    Está claro: antes ibas al fútbol de la mano de tu padre o abuelo, desde hace unos años en tu casa hay digital+ o movistar y tu padre o abuelo se queda en el sillón viendo partidos de primera, o como mucho baja con el chaval al bar a ver el Madrid con una caña y una fanta para el niño.

  4. CCF-Fan

    9 de febrero de 2018 a las 11:55 am

    Ser de un equipo ganador te saca de la mediocridad durante unas horas a la semana donde te sientes un auténtico ganador, para luego volver a la realidad donde las cosas no son tan sencillas. Sentir que ganas en algo, aunque no sea tuyo, reconforta. Pero todos esos aficionados de equipos humildes como yo lo soy, no vivimos esa sensación momentánea. Vivimos otras sensaciones que, a pesar de las derrotas, son buenas sensaciones y duran toda la semana. Los nervios de la parafernalia al coger tu camiseta y ponértela antes del partido, los nervios de la semana para preparar un tifo, u organizar el autobús para un desplazamiento. El preparar el viaje con los amigos en coche a otra ciudad, el buscar las entradas. O el preparar una comida con los amigos el día de partido y tomarte unas cervezas. Te das cuenta que lo más importante no es en qué categoría se juega, si no el poder mantener toda esa parafernalia. Yo he disfrutado más en Segunda B que en Segunda y en Primera, lo digo con total convencimiento. Habiendo pisado mi equipos todas esas categorías. Porque se disfruta más lo que rodea al fútbol que el fútbol en sí. Y las pequeñas gestas se disfrutan como copas de europa, o incluso más porque para los humildes, a veces se consiguen menos gestas que los grandes copas de Europa.

  5. Israel

    13 de febrero de 2018 a las 12:34 am

    Me ha encantado el artículo! Muy bueno! Yo soy aficionado de un equipo grande, y nunca lo he sido de uno pequeño. En ese sentido siempre he pensado que me pierdo algo,un algo que este artículo (y alguno de los comentarios posteriores) describe muy bien.