Palencia, 1983: El año de las hostias

Españoles, Franco ha muerto”. Rafael Núñez agacha la cabeza en silencio y reza un padre nuestro mientras da un último sorbo a un vaso de café. Tras apagar su televisor de marca Inter recoge una bolsa de deporte con un escudo bordado en un lateral. Al cerrar sigilosamente el portal de su modesta vivienda una niebla intensa le cala hasta los huesos. La humedad a la ribera del río Carrión no impide a Rafael poner pies en polvorosa camino del Seminario Diocesano. Tiene un paso lento, algo torpe tambien, a raíz de una patada recibida recientemente. Como cada mañana compra el periódico por ocho pesetas. “¿Como lo ves, Rafa?”, le pregunta el kioskero. “Que vaya con Dios”, se limita a contestar Rafael. “No hombre, no. Digo el partido del domingo”.

Tras unos minutos de charla Rafael accede al Seminario Mayor diocesano en la capital palentina. Rafael viste sotana por las mañanas y entrena con el Palencia Club de Fútbol por las tardes. Sacerdote y futbolista. Los domingos aún no oficia misa, sino que reparte juego en el centro del campo luciendo el morado palentino por los campos de Tercera División. Es titular indiscutible desde que firmó en 1973 en las alineaciones del antiguo Otero Club de Fútbol renombrado hace unos años como Palencia Club de Fútbol gracias al empeño de Bonifacio Aguayo. Y así seguirá siéndolo incluso en Junio de 1976, cuando tras oficiar su primera misa como sacerdote con el beneplácito del obispo Nicolás Castellanos en la catedral de Palencia arropado por sus compañeros de vestuario, acude a la vieja Balastera a enfundarse su camiseta con el 6 a la espalda y contribuir en el 2-1 frente al Carabanchel.

Era el último partido de la temporada 75/76. Un año más tarde, Rafael celebraba brazos en alto en la catedral del fútbol palentino el ascenso a una categoría de nuevo cuño, la Segunda División B, tras ganar 1-0 al Real Unión de Irún con gol de Mota. Sin embargo, a medida que el club crece, a Rafael cada día se le hace más duro compaginar hábito y balón. En los desplazamientos solía ofrendar las misas en los hoteles de concentración, a las que asistían sus compañeros y cuerpo técnico. En su última temporada uno de los asistentes a dichas misas sería Paco Gento, flamante nuevo entrenador del Palencia que llega al club gracias al tesón de su presidente, el traumatólogo palentino Bonifacio AguayoBoni”. Persona de fuerte personalidad, Bonifacio fue el responsable tanto del éxito deportivo como del endeudamiento de la entidad, así como de un buen número de sobornos arbitrales, como solía reconocer fuera de los ambientes futbolísticos. De hecho fue sancionado por estas prácticas años atrás en un partido frente a la Gimnástica de Torrelavega en el que teóricamente había primas de terceros desde Vitoria.

El 11 de Mayo de 1978, con 140 partidos oficiales a sus espaldas, Rafael Núñez Pastor se despedía de la afición del Palencia en La Balastera en partido frente al Pontevedra antes de continuar su carrera como futbolista en un club menos exigente, el Venta de Baños. Aquella tarde nuestro protagonista se retiró a vestuarios por última vez en medio de una sonora bronca contra el trío arbitral. En mitad del tumulto el colegiado cae al suelo. En el acta se recoge que Paco Gento le hizo la zancadilla, mientras que el propio Gento argumenta que el árbitro resbaló y él intento protegerle de la gente que quería agredirle. Da lo mismo. Gento es sancionado 6 partidos y el presidente recibe un duro correctivo federativo al ser suspendido 6 meses por presunta agresión. Rafael no daba crédito a lo sucedido. Y no era nada comparado a lo que venía por delante. Su historia es el fiel reflejo de la realidad social durante la transición en Palencia y en España. La transformación de una ciudad bucólica eminentemente agrícola, ganadera y muy conservadora, en una urbe a la que emigraban habitantes tanto de las comarcas limítrofes como del resto de Castilla La Vieja al calor de la nueva industria automovilística, en donde se impulsaban nuevos movimientos sociales.

Por desgracia para Rafael, tan pronto abandonó el conjunto morado el club alcanzó su particular cielo futbolístico. De la mano de Paco Gento y su hermano Julio el Palencia logra un hito histórico al vencer al Pontevedra nuevamente en La Balastera con gol de Teixidó de penalti, logrando el ascenso a Segunda A (en aquel domingo tan recordado en Oviedo como llorado en Miranda de Ebro, del que en su día hablamos en twitter). Comenzaban así los años dorados del club, aún presidido por Bonifacio Aguayo, aunque por poco tiempo. En el mes de Octubre los directivos se reúnen  a espaldas de Bonifacio aprovechando un viaje de este. Nada más llegar a Palencia se le informa de la situación y le obligan a apartarse de la gestión. Tras una milagrosa salvación en la última jornada con un empate a dos en La Balastera frente al Recreativo, “Boni” es obligado a dimitir de manera formal en Asamblea celebrada en el mes de Junio. Tanta ansía tenían por echarle que los directivos se comprometen a poner un millón de pesetas cada uno en el club de irse Bonifacio. Su puesto lo ocupa Leandro Palacios, un constructor que años más tarde fue condenado por estafa inmobiliaria. Bajo su mandato las deudas siguen creciendo, y deportivamente las cosas no salen como deberían. Se desciende a Segunda B con Miguel Ángel Montes de entrenador, quien continúa al año siguiente con el objetivo claro de retornar a Segunda División, lográndose el alirón con una semana de antelación. Pese a ello, el juego del equipo no convence a la afición, por lo que Montes no continuará. Empieza 1982, el año del Palencia.

La deuda del club alcanza ya los 82 millones de pesetas sobre un presupuesto de 70. Incluso se llega a cortar la luz por impagos en La Balastera al mismo tiempo que España cae eliminada de su Mundial. Pese a ello se forma un equipo competitivo entrenado por Luis Costa. Se vive una pretemporada atípica con denuncias de jugadores por impagos de la temporada anterior que amenazaron hasta el último momento con el descenso de categoría. De los 3.000 socios previstos el club se queda en 1.500. La liga da comienzo el 5 de Septiembre con las fichas retenidas por la Federación por existir aún deudas impagadas, lo que conlleva que al primer partido en Sabadell viaje el filial Cristo Olímpico más dos jugadores con contratos en vigor del año anterior, perdiendo 5-0 en la Nova Creu Alta.

La temporada pintaba mal, pero las cosas empezaron a enderezarse, al menos en lo deportivo. En lo social, los jugadores de la temporada pasada deciden hacer un encierro en el domicilio del club reclamando su dinero. Esto motiva a la directiva a convocar a una Asamblea, en la que se expone la difícil situación económica y se solicita ayuda. De ahí nace la “Comisión de los 21”, 21 socios voluntarios que trabajarán en el club ante la inoperancia de la directiva. ¿Democratización?. No mucha. Lo más parecido a la democracia que vivió el Palencia esa semana fueron las elecciones generales ganadas un par de días después por un joven Felipe González.

La victoria 4-0 ante el Real Oviedo en Noviembre con la taquilla embargada por una nueva denuncia demuestra que el Palencia va en serio y se convierte en aspirante al ascenso. El equipo finaliza el año en tercera posición y estrena 1983 cayendo 3-1 en el Bernabéu ante el Castilla de Míchel y Butragueño. Tres días después La Balastera se convierte en un infierno para desgracia de Rafael Núñez. Después de un penalti a favor del Barcelona Atlético en el minuto 41, el público palentino intenta invadir el terreno, forzando la puerta de salida de los jugadores. Interviene la Policía. En la segunda parte se ve nervioso al colegiado, cometiendo varios errores. Al finalizar el partido recibe una pedrada en la cabeza, por lo que tiene que ser atendido por la Cruz Roja. El Comité clausura La Balastera por dos partidos, que se jugarían en El Plantío ocasionando al club unas pérdidas aproximadas de dos millones de pesetas.

El 6 de Febrero el Palencia vence en La Coruña al Deportivo. La labor del colegiado es tan discutida que los periódicos le señalan directamente: “Estuvo a punto de originar un serio altercado público”. A los 42 minutos hay una agresión mutua entre Joaquín y Traba. Al consultar con el linier el árbitro expulsa solo al coruñés. Un minuto después, entrada del deportivista Jose Luis y roja directa. Y hubo otra más. En el minuto 49 otra roja directa a un central deportivista, Marro. Riazor entra en ebullición, con una afición encolerizada que busca saltar al campo, cosa que consigue un espectador. Al final del partido, botellazo al linier y 600 aficionados esperando al árbitro, que logra escapar dentro de un furgón de la policía. Una semana más tarde el Elche visita La Balastera en la vuelta del conjunto morado a su estadio. Y de nuevo imaginamos a Rafael Núñez implorando al cielo, porque en el minuto 41 el árbitro anula un gol al Palencia al levantar el linier la bandera. Al retirarse a vestuarios, un aficionado agrede a dicho linier con un puñetazo en la cara. El Palencia gana 1-0 al Elche, pese a que una persona intenta sobornar al defensa palentino Prados pagándole 1.200.000 pesetas si comete un penalti. Prados lo rechaza e informa a Luis Costa el entrenador. Los rumores hablan tambien de un intento de compra al Palencia por 10 millones. Ese mismo día en un Lorca – Granada ocurre un caso idéntico con el defensa lorquí Moncaselín, que lo pone inmediatamente en conocimiento de la policía.

¿Os imagináis que ocurre 15 días después del partido frente al Elche?. El Palencia recibe la visita del Atlético Madrileño. El Palencia vence 1-0 con el tiempo cumplido y el filial atlético juega con diez desde el minuto 42 (Todo en Palencia ocurre este minuto). El árbitro prolonga 4 minutos y el Atlético empata. De camino a vestuarios un juez de línea recibe varias patadas del público. El otro linier saca el banderín e intenta defender a su compañero a banderinazos. Se arma una batalla campal y el árbitro se ve obligado a abandonar La Balastera disfrazado de policía nacional. Lógicamente, se clausura de nuevo La Balastera.

El fútbol español es un caos. Palencia no es un caso aislado. Los capítulos de violencia se repiten jornada tras jornada, existiendo cada semana varios casos de intentos de invasión del terreno, agresiones, insultos u objetos arrojados al campo. Los años de plomo en la calle tienen su reflejo en el fútbol. En Primera División al Real Madrid se le llega a clausurar el Bernabéu tras un partido frente al Barcelona. Tambien se cierran Atotxa o El Helmántico por graves incidentes. En Segunda se clausuran el Carranza o el Lluis Sitjar. En Linarejos un linier es agredido tras un partido frente al Recreativo. En el Tartiere se produce casi un motín en un Real Oviedo – Elche que obligó a la suspensión del encuentro. Pero la guinda a una violenta temporada llega en categorías inferiores. En un Benicarló – Benidorm los incidentes son de tal magnitud que se clausura el campo 10 meses y se sanciona al entrenador del Benicarló 27 partidos por “provocar la animosidad del público, insultar al árbitro, al linier varias veces y agredir a todos ellos”. En un Aranjuez – Ensidesa el árbitro fue brutalmente agredido por la espalda, perdiendo el conocimiento. “Creía que no salía vivo”.

Pero volvamos a Palencia. O a Valladolid mejor dicho, ya que la clausura de dos partidos lleva a los palentinos a jugar al José Zorrilla (Existía una distancia mínima de 50 kilómetros. Valladolid está a 48 kilómetros pero la Federación lo permite.). Las posibilidades de ascenso se mantienen intactas pese a las múltiples adversidades. Entre ellas los impagos que continúan asolando a la plantilla. Tampoco Palencia es una excepción. De hecho el 1 de Mayo de 1983 se organiza tanto en Primera como en Segunda División un parón testimonial de 5 minutos para protestar por las deudas que los clubes mantienen con los jugadores. Una semana más tarde llega la jornada clave para el Palencia, que se juega en el Ramón de Carranza todas sus opciones de ascenso. Pese al buen partido de los de Luis Costa el equipo cae derrotado, quedando fuera de la lucha. Inmediatamente varios jugadores solicitan la rescisión de su contrato por los impagos producidos (otros tres ya habían rescindido el contrato durante la temporada en curso). Y pese a que aún quedan un par de jornadas por disputarse, la Federación acepta la solicitud. A la directiva no le sienta nada bien y decide apartar al resto de la primera plantilla, presentándose el Palencia en el Mini Estadi la última jornada con un equipo compuesto enteramente por los miembros del filial. Todos los jugadores tenían menos de 21 años, incluso el capitán Peña contaba con 18.

Los últimos coletazos de la temporada llegaron en la Copa de la Liga en un enfrentamiento frente al Deportivo que nunca se produjo al no disponer el cuadro morado del mínimo de jugadores de la primera plantilla disponibles debido a las recientes bajas. La directiva antes de dimitir en bloque en Asamblea celebrada en Junio presenta un balance positivo, con un superávit de 4 millones de pesetas que no fue suficiente para hacer frente al pago de las deudas pendientes con los jugadores, con los que se negoció para que perdonasen la mitad de sus emolumentos y parte de las primas por puntuar fuera de La Balastera. Todos ellos aceptaron la rebaja a regañadientes, la cual se sufragó gracias a que los aficionados adelantaron sus partidas de socio para la temporada venidera, muchos de ellos merced al acuerdo con algunas empresas para que estas anticipasen la cantidad a sus empleados. La ayuda al club llegó desde todos los estamentos de la Tierra de Campos. Incluso el obispo Nicolás Castellanos, buen amigo de Rafael Núñez, colaboró en la causa. Triste final para el cuento de hadas morado.

Año 2006. “Cassano está apartado del equipo”. Rafael Núñez agacha la cabeza en silencio mientras da un último sorbo a un vaso de café. Tras apagar su televisor de marca Sony Bravia recoge una bolsa de deporte con un escudo bordado en un lateral. Al cerrar sigilosamente el portal de su modesta vivienda una niebla intensa le cala hasta los huesos. La humedad a la ribera del río Carrión no impide a Rafael poner pies en polvorosa camino de La Balastera. Como cada mañana pasa por el viejo kiosko donde compraba el periódico. “¿Como lo ves, Rafa?”, le pregunta el kioskero. “Que vaya con Dios”, se limita a contestar Rafael. Como cada domingo cuando aún no peinaba canas, Rafael accede por la puerta principal de La Balastera con una salvedad. Esta es la última ocasión, que lo hace, ya que va a comenzar el derribo del vetusto campo. El sacerdote realiza la extremaunción del templo morado donde cielo e infierno estuvieron más unidos que nunca aquel 1982. “Que vaya con Dios“.

Gracias a Eugenio Llamas por su sabiduría.

Internacional en 0 ocasiones. Fútbol, barro y torretas. No hay nada más bello que un gol en el minuto 90.