Pizzinato, el fichaje más increíble del fútbol español

El mundo del fútbol siempre ha sido el escenario propicio para que farsantes de diversa índole y procedencia tuviesen sus minutos de gloria como futbolistas de primer nivel sin ni siquiera haber pegado una patada a un balón. El caso más sonado es el del brasileño Carlos Henrique Raposo “Kaiser, que militó en once clubes de cinco países distintos sin haber completado los 90 minutos en ningún partido, gracias a su enorme capacidad teatral tanto para fingir lesiones como para realizar llamadas falsas tratando de convencer a los clubes de sus cualidades. Sin embargo, el farsante más conocido del que ya hablamos hace tiempo es el senegalés Ali Dia, un futbolista amateur que llegó a debutar con el primer equipo del Southampton en un partido frente al Leeds United sustituyendo nada más y nada menos que a Matthew Le Tissier (Que declaró posteriormente “corría por la cancha como Bambi sobre hielo; fue muy vergonzoso verlo”). El bueno de Ali, cuyo mayor mérito futbolístico había sido jugar en varios clubes amateurs franceses, disputó 43 minutos de encuentro hasta que fue nuevamente sustituido dado su lamentable nivel técnico y táctico. Su fichaje por el Southampton fue a raíz de una llamada de alguien que decía ser George Weah y que recomendaba el fichaje de un primo suyo. Nadie en el Southampton consultó nada. Al fin y al cabo, aquel tipo era de color como Weah. Una vez se destapó el entuerto Ali no volvió a aparecer por la cancha de entrenamiento.

España fue territorio ignoto para estos farsantes futbolísticos hasta que Jesús Gil (¡Cómo no!) metió en un avión rumbo a España a Abass Muyiwa Lawal, Limamou Mbengue, Bernardo Matías Djana y Maximiliano de Oliveira Teixeira en Enero de 1998. ¿Fue el único caso ocurrido en el país de la picaresca de Rinconete y Cortadillo?. No. El primero fue Alberto Pizzinato en 1948.

Europa entera se recuperaba de las heridas sufridas durante la II Guerra Mundial. La pobreza y el hambre hacían mella en la población. En medio de este clima de posguerra aparece por la frontera de La Jonquera un tipo deslucido con deplorable aspecto que pedía asilo político. Decía haber sido perseguido por los comunistas en Italia tras escapar de ellos en Alemania, donde había combatido con el Eje. Los comunistas tambien le habían arrebatado un bar de su propiedad construido con el dinero que ganaba en el mundo del fútbol defendiendo los colores del LiguriaAmbrosiana (Tal y como era conocido el Inter durante la dictadura de Mussolini), hasta que no le quedó más remedio que abandonar su país para viajar a Luxemburgo donde fue descubierto por los comunistas italianos de nuevo. Preso del miedo abandonó Luxemburgo para llegar andando a España (Si, desde Luxemburgo).

Futbolísticamente había sido titular en la Olimpiada de 1936, además de compartir banda en la Ambrosiana con el gran Silvio Piola, ídolo de masas en la época. Había sido internacional en trece ocasiones. Alberto Pizzinato informó de ello a las autoridades españolas en Figueres, que se quedaron estupefactas ante su relato. Tanto que cogieron el teléfono y empezaron a telefonear a diversos clubes. De Figueres partió a la Cárcel Modelo de Las Ramblas donde le dieron ropa y comida. Al día siguiente aparecieron por la Cárcel el Español y el Gerona (Nombres que tenían ambos clubes allá por 1948) dispuestos a ficharle.

El gato al agua se lo llevó el Español por medio de su presidente Paco Sáenz, que condujo a Pizzinato a su residencia de jugadores, situada en un chalet del gol sur de Sarriá. Era 11 de Agosto y la directiva españolista lo presentó a bombo y platillo antes de un entrenamiento de pretemporada. Foto por aquí, foto por allá…Pizzinato apenas corría. “Claro, lleva tiempo expatriado vagando por Europa”, se dijo. Así que se indicó a la familia Bosch, que regentaba la residencia de jugadores, que lo tuviesen a cuerpo de rey. Desayunos abundantes, paseos por los jardines, siesta a la sombra de los castaños, habitación individual con cama de matrimonio…la velocidad de Pizzinato quedaba de manifiesto a la hora de comer, cuando al oír los platos en el salón acudía raudo a su cita con los filetes y paellas de la señora Bosch.

Tal era la expectación que el diario Marca del 15 de Agosto le entrevista. Leamos la entrevista con voz de Matías Prats padre y pensemos mientras tanto que Pizzinato hablaba en italiano, por lo que o el traductor era muy bueno o buena parte de la entrevista está inventada. Esto aparece publicado:

“Hace año y medio que no juego; pero en cuanto recupere algo de peso y me haya recuperado, creo que podré dar buen rendimiento y recordar con acierto mis temporadas mejores, cuando hacía ala con Piola. Tengo 29 años, no me considero veterano… Y nada más que rogarle haga patente mi emocionado agradecimiento a todos los que me han recibido con los brazos abiertos, haciendo alto honor a la reconocida hospitalidad española y a la hermandad del deporte, que no conoce otras luchas más que las de los terrenos de juego.”

Cada semana el cuerpo técnico hablaban con él, deseosos de verle en acción, para preguntarle por su estado. Pero el crack italiano les pedía paciencia ya que aún no estaba en óptima forma. Nos imaginamos a Pizzinato sentado viendo los peces del jardín mientras olía los magnolios sufriendo la difícil digestión de medio kilo de paella. Así pasaba los días nuestro protagonista.

La preocupación españolista se extendió a las altas esferas del club. Pepe Espada, entrenador españolista, trató de convencerle tras una conversación con el presidente Paco Sáenz para disputar el día 28 de Agosto un amistoso frente al Granollers, declinando Pizzinato de nuevo la invitación.

Su estado físico había cambiado. Ya no era el endeble muchacho que apareció por la frontera. Los kilos de más ya se notaban en su figura. Finalmente en el mes de Octubre el entrenador pierde definitvamente la paciencia, acude a la residencia de la familia Bosch, coge a Pizzinato del cuello y lo lleva directo al césped de Sarriá a entrenar.

De camino a Sarriá Pizzinato se derrumbó. Lo confesó todo. Confirmó que tan solo era un exiliado en busca de oportunidades en la vida y que aprovechó la coyuntura de su fichaje para poder paliar el hambre y la pobreza por la que estaba pasando. No tenía cualidades futbolísticas, siendo las croquetas de la señora Bosch lo más redondo que había visto en su vida, y su relación con Silvio Piola era más la de un mero aficionado ante su ídolo que la de un compañero de banda. Imaginamos ahora a Pepe Espada cogiendo los magnolios del jardín y tirándolos enfurecidamente al estanque de los peces.

Nada se supo de Pizzinato. Nada. No existe absolutamente nada en prensa, quizá por puro bochorno por parte del club. Lógicamente tuvo que abandonar las instalaciones españolistas en busca de un nuevo destino. Hoy en día Pizzinato tan solo es una foto en los álbumes de cromos de la época. El recuerdo borrado de un futbolista de mentira empujado por una persona de verdad que primó la picaresca para escapar de la escasez y penuria propia de la época. La viva imagen de la esencia básica del ser humano en un cromo de fútbol.

Internacional en 0 ocasiones. Fútbol, barro y torretas. No hay nada más bello que un gol en el minuto 90.

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