En un pequeño valle

Eibar es trabajo. Eibar es una población abnegada, tenaz y entregada, acostumbrada a motorizar la región del Bajo Deba a base de entregarse a la productividad y al rendimiento laboral. Primero aferrada a la industria siderúrgica más elemental y más tarde diversificada en todo tipo de industrias gremiales, la ciudadanía eibarresa se ha empleado tradicionalmente en quehaceres tan variopintos, como las armas, las bicicletas, la tornillería o las máquinas de coser, pero siempre con una entrega y una dedicación admirables. Todo lo que salía de las factorías eibarresas, lo hacía con el sello de calidad y garantía. Ese carácter singular de la población, tan consciente de su responsabilidad en el entramado industrial de la región, se plasma en el día a día de la Sociedad Deportiva Eibar, un equipo instalado en la elite pero con hechuras de agrupación amateur. Un club consciente de que su mayor activo es su apego a la tradición y a la cultura del trabajo. Consciente de que representa a una población modesta, trabajadora y honrada, aislada en un pequeño pueblo dentro de un pequeño valle de una pequeña provincia. Un club humano que es un ser extraño en un fútbol cada día más deshumanizado.

Como una factoría en crecimiento, el Eibar se maneja en un escenario que resulta casi inverosímil en el fútbol profesional: vivir con deuda cero, pagar religiosamente a sus trabajadores y empleados y no gastar nunca más de lo que se tiene. Todo ello es posible, entre otras cosas, gracias a una afición consciente y que nunca ha dejado de tener los pies en la tierra. Si el equipo no gana, tal vez sea simplemente porque no puede, pese a haber puesto todos sus esfuerzos e intenciones en ello, o porque ese día no han salido las cosas como se tenía previsto, no porque no le dé la gana hacerlo. Si no hay posibilidad de cerrar fichajes ultramillonarios, no la hay. Nadie va a hipotecarse para vivir por encima de sus posibilidades reales. En Ipurúa no se escuchan pitos en la grada. En Eibar no se insulta a los jugadores que no ofrecen su mejor rendimiento sobre el verde. En Eibar se trabaja con confianza, cada uno desde su parcela, en construir un club mejor, y el primer paso para conseguirlo es no torpedearlo desde dentro. Sumar, en lugar de restar. Y hacer sentirse como de casa a todos aquellos que llegan de fuera a vestir la camiseta armera. Sorprende que en un mundo tan profesionalizado como el del fútbol, sea precisamente el Eibar, modesto entre gigantes, el club que mejor y más fielmente ha sabido trasladar esa visión empresarial de gestión de una sociedad deportiva a la realidad del día a día.

No hace mucho tiempo de las palmaditas en la espalda y los artículos de prensa por todo el país ensalzando las virtudes y los méritos de la Sociedad Deportiva Eibar. Solo unos meses atrás, el Eibar austero y comprometido de José Luis Mendilibar funcionaba con un rendimiento inmejorable en la que era su tercera temporada en Primera División. Los resultados llegaban y la empresa facturaba que era un primor. Tanto era así, que la temporada terminó más cerca de Europa que del abismo. Pero la situación ha cambiado notablemente en estos últimos meses. Al Eibar le está costando sacar adelante sus partidos y sumar puntos para dar mullido al colchón que evitará el descenso de categoría a final de temporada está resultando más complicado que en años anteriores. La tendencia es claramente negativa. Varios puntales de la plantilla, como Florian Lejeune o Adrián González dejaron el equipo el pasado verano. Otros habituales titulares como Yoel Rodríguez, Pedro León o Iván Ramis han causado baja en estas primeras semanas de competición por culpa de diversas lesiones de consideración. Pero lejos de hablar de ‘crisis’ ante lo indeseado de la situación actual, lejos de precipitarse a tomar decisiones en caliente de manera apresurada y apremiante, en Eibar se han puesto a hacer lo que mejor saben: trabajar con denuedo y confiar en el éxito de su trabajo. Como ayer, ante el Levante y cuando peor pintaban las cosas. Confianza y responsabilidad. Sin perder nunca de vista aquello que les ha llevado a ser lo que a día de hoy son.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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