El inglés menos inglés

Harry Kane. Todo orbita en torno a Harry Kane. Ha necesitado seis temporadas en la delantera del Tottenham pero ya se ha ganado el derecho a ser el centro de atención. El nuevo hype del fútbol europeo, con tan solo 24 años. La sensación del momento, que decíamos antes de que Internet nos enseñase a expresarnos como si tratásemos de ser quien no somos. El fútbol moderno necesita héroes para contar sus historias. Héroes que se dibujan en las columnas de los diarios. Héroes cuyas angulosas mandíbulas y torneados torsos se modelan en las redes sociales a golpe de hipérbole desatada y desmedida. Héroes aupados sin mesura por la insufrible maquinaria mediática para dar satisfacción a la imperiosa necesidad de vender ilusión al aficionado en forma de futuribles fichajes. Como si el juego no fuese ya sobradamente ilusionante por sí mismo.

Tiene muchas cosas Kane. Muchas más de lo que uno cabría esperar de un delantero tan inglés, en apariencia, como él. No solo tiene algo tan básico en un atacante como el gol (31, 27 y 35 en las tres últimas campañas). Es que además resulta que es un futbolista que entiende el juego de una manera excepcional. Que no ciñe su misión sobre el césped a cazar el balón y empujarlo adentro. Tengo la sensación de que Harry, quizá como Rooney, es un delantero que interpreta los partidos desde todas las perspectivas posibles y con una visión global del juego, no solo desde la que por posición en el campo le correspondería. Y esa característica es la que dispara su valoración y su cotización porque lo convierte en un jugador especial y diferente. No es el delantero más rápido, tampoco el más técnico y habilidoso con el balón en los pies. Ni siquiera es un cabeceador portentoso porque no es particularmente potente, como cabría deducir de su tosca estampa y de un trazo más británico que el té con scones. Pero sí posee una capacidad innata para potenciar sus condiciones gracias a su inteligencia y a su habilidad para leer el fútbol y percibir lo que el devenir del juego precisa de él en cada momento.

Para muchas voces, Harry Kane, que a veces uno se lo imagina, rubio y marcial, a los mandos de Spitfire sobrevolando el Canal de la Mancha, no vino anoche al Bernabéu para arrancar ese valioso punto que mantiene en vilo la primera posición del grupo. Lo hizo para presentar sus credenciales y acumular méritos como hipotético futuro jugador del Real Madrid. ‘Harry se emocionó mucho viendo la despedida de Totti en su último partido con la Roma. Esa idea de jugar siempre para un mismo club… Espero que Harry esté mucho tiempo con nosotros. A él le encanta el Tottenham y se identifica como pocos con el club, porque viene de la academia‘. A Mauricio Pochettino, técnico con el que Kane ha despegado definitivamente hacia el estrellato y que ha armado un auténtico equipazo al noreste de Londres, le tira más la idea de que el futuro inmediato de su mejor futbolista siga en clave spur.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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