Alemania

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Vamos a ponernos nostálgicos. Más que de costumbre. Vamos a hablar de inviernos extremos ejerciendo toda su crudeza sobre céspedes impracticables, de ocho calles de gélido tartán alejando a los protagonistas de la grada. De botas negras embetunadas, de pantalones ceñidos a medio muslo y embadurnados en barro y verdín. De cuando los colores de las camisetas no brillaban tanto y a los futbolistas había que distinguirlos por sus movimientos sobre el campo porque no los veíamos en Ultra HD en nuestras televisiones de cincuenta pulgadas. Vamos a volver a ese ambiente de la vieja Copa de Europa por el UHF de una pequeña televisión clandestina en blanco y negro. A cuando los grandes partidos eran excepción y se saboreaban como un bocado único. A cuando jugar en Alemania no era un compromiso ligero. Era ‘JUGAR EN ALEMANIA, UF’.

Cinco décadas de competición del Real Madrid por el continente arrojaron un muy reprochable balance de únicamente una victoria (que no fue lograda, atención, hasta el año 2000 en Leverkusen) y tres empates sobre suelo alemán en un total de veintidós visitas. Lo habitual era sucumbir ante el rodillo alemán y doblar la rodilla ante la temida fiereza teutona. El madridismo, y el fútbol europeo en general, vivía su particular batalla del bosque de Teutoburgo cada vez que tocaba jugar eliminatoria en Alemania. Los queruscos se vestían de Bayern, de Mönchengladbach, de Hamburgo o de Karlsruhe, pero el resultado era invariable. Arrasados, pisoteados, goleados con crueldad por la obra y gracia de un modelo futbolístico que acabó convirtiéndose en leyenda.

Pero los tiempos están cambiando. Aunque la Mannschaft brilla y el criadero de futbolistas trabaja a pleno rendimiento, los clubes alemanes son un poco menos alemanes, futbolísticamente hablando. El guión ha dado un giro argumental radical y las estructuras germánicas ya no gozan de la firmeza de antaño. En las cinco últimas temporadas, el Real Madrid ha aumentado notablemente su cotización en suelo germano. En sus siete últimas visitas, el saldo es de cuatro victorias contundentes (dos en Gelsenkirchen y otras dos en Múnich), dos derrotas (Dortmund y Wolfsburgo) y un empate (precisamente, en la última visita al Westfalenstadion, hace ahora un año), unos logros impensables hace apenas una década. El crecimiento y la supremacía europea del Real Madrid en este último lustro son incontestables incluso en suelo germano. Tal vez sea porque en Alemania la clase media futbolística, saqueada de forma sistemática no solo por el Bayern sino por el resto de los gigantes del continente, se ha visto debilitada seriamente en los últimos tiempos y el salto competitivo es demasiado notorio. O quizá la implantación masiva de futbolistas de otras nacionalidades, tan beneficiosa en otros aspectos, haya incidido de manera negativa en la forja y conservación de la marcada identidad y personalidad del fútbol alemán, la misma que en tantas otras ocasiones fue argumento más que suficiente para defender posiciones e infundir terror ante rivales de mayor peso específico. Alemania, lastrada por el fenómeno de la globalización futbolística y donde ganar es ya casi una costumbre, ya no es el infierno hecho fútbol. La Copa de Europa ya no es la Copa de Europa. Y tú y yo somos cada temporada un año más viejos.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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