El gol más recordado de la Serenísima República

Toda una vida siendo el hazmerreír del panorama internacional. Décadas luchando por salir de lo más profundo de la ciénaga más infecta del fútbol internacional. No debe ser sencillo vivir en la vieja Europa, en el corazón de un país con tanta tradición futbolística como Italia, y compartir posición en el ranking FIFA con compañeros de viaje tan poco estimulantes como Anguila (?), Bahamas, Islas Caimán o Eritrea. Y no cualquier posición, no. La 204 de 211. San Marino es un pequeño accidente en el mapa futbolístico europeo. Aparece cíclicamente cada dos años, en las fases de clasificación para Mundiales y Eurocopas, con el aparente único cometido de engrosar el casillero de goles anotados de sus equipos rivales. Da igual que se enfrente a Alemania que a Macedonia, el resultado siempre es el mismo: un carro de goles entre sus redes.

Su única victoria internacional data del año 2004. Se impusieron por un gol a cero a la selección de Liechtenstein con el tanto de Andy Selva, un habitual del infrafútbol transalpino. Sí, era un amistoso sin trascendencia, pero fue un gol que supo a gloria. No sólo por la victoria, sino porque todos y cada uno de los que han marcado desde que se constituyeron como selección FIFA son recordados con detalle.

La actual fase de clasificación para el Mundial de Rusia está siendo, como viene siendo habitual, tormentosa. Un par de goles a favor, el último de ellos anotado ayer en Bakú ante Azerbaiyán, y treinta y ocho en contra en los ocho partidos disputados hasta la fecha. A una media de casi cinco por partido, en unas cifras algo mejoradas con respecto a décadas pasadas. Como para no recordar eternamente el día que marcan uno.

Pero hay goles que no necesitan ser algo inusual para que sean recordados al detalle con el paso de los años. Hay goles con propio mérito. Inolvidables. El 17 de noviembre de 1993, San Marino recibía en Renato Dall’Ara de Bolonia (por cuestiones de aforo se había desechado la idea de jugar en territorio sanmarinense) a la Inglaterra de Paul Ince, David Platt o Ian Wright. En juego, la clasificación de los ingleses para el Mundial de Estados Unidos tras una liguilla calamitosa. Para estar en la cita norteamericana, Inglaterra necesitaba que Holanda cayese en Polonia y, además, vencer por una diferencia de siete o más goles a la débil San Marino, en la que sería la última jornada de la fase de clasificación mundialista.

Y lo que debía ser una cita con la historia para los Platt y compañía acabó convertido en pesadilla. A las 8 segundos del pitido inicial, y con una San Marino volcada sobre el campo inglés tras el saque, algo, ni él mismo sabe qué, hizo que Davide Gualtieri tuviese fe ciega en que ése precisamente era su momento de gloria. Lo que tenía pinta de no ser más que un inocente balón perdido del ataque sanmarinense se convirtió en un regalo del lateral Stuart Pearce para que nuestro protagonista, espoleado por una fuerza interior de origen desconocido, se plantara sólo ante David Seaman y consiguiera batirle con un balón raso, ante la sorpresa del propio Psycho, de Inglaterra y de toda Europa.

Fue sólo un gol. Una anécdota dentro del 1-7 del marcador final. Fue, además, el tanto más rápido en la historia de la clasificación para los Mundiales. Su autor, Davide Gualtieri, jamás salió del fútbol sanmarinense. Nunca dejó su estatus de futbolista amateur. Cuenta él mismo que la gente, más de veinte años después de su ‘gesta’, aún se lo recuerda por las calles de Serravalle, donde regenta un pequeño negocio de informática. Fue sólo un gol. El gol más recordado de la historia de la Serenísima República.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. tubilando

    7 de septiembre de 2017 a las 3:48 pm

    En Europa hay varios países pequeños con poca población, pero sólo San Marino pierde siempre por goleada. Islas Feroe, Liechtestein, Andorra, Luxemburgo… de vez en cuando son capaces de lograr varios puntos, incluso algunas victorias. Resulta un poco extraño, además, tratándose un país que está en medio de Italia. Desde siempre en la selección de Irlanda han jugado ingleses por el mero hecho de tener un abuelo irlandés. Otro tanto ha ocurrido con Gales, o Andorra con jugadores españoles.

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