Pachanga clásica

Barrigas ya indisimulables, calvitas incipientes, sobrecargas en el gemelo, dolores de espalda y cinturas de hormigón. El panorama suele ser recurrente y común. El fútbol aficionado, ese que jugamos tú y yo cuando nuestra rutina cotidiana nos concede un hueco, no entiende de lujos, solo de pasarlo bien en la medida en la que nuestra edad nos lo siga permitiendo. Es el fútbol intersemanal que se juega sin público y sin coros rimbombantes acompañando a los equipos al salir del vestuario. El que se juega en ese espacio en el que los problemas no se solucionan pero sí que desaparecen durante un par de horitas. El de pantalones y camisetas sin combinar, en un caos estético magnífico, pero permisible y entendible. El de un delantero luciendo la canarinha y un defensa vestido de Sergio Ramos, como queriendo decir algo al rival por el simple color de su indumentaria.

Vestir uniformado en las pachangas, esa quimera. Lucir los mismos colores que el resto de tus compañeros. Poder distinguirlos con un simple vistazo y sin miedo a confundirlos con un rival. Quizá no sea tan complicado, después de todo. Y quizá no sea necesario evitarlo tirando de la planicie de un insípido catálogo de equipaciones deportivas. Tal vez puedas conseguirlo brindando un poco de personalidad y carácter a tu equipito.

Prueba a vestir los colores del Burnley. Orgullo obrero de Lancashire derrochado por ese polideportivo de L’Hospitalet o esa cancha municipal de Alcorcón por menos de diez euritos y disponible, a día de hoy, en tallas para todos.

Piensa en lo inmensamente feliz que harías a Deila Smith si llegase a saber que todos los jueves, a eso de las nueve de la noche, y a dos mil kilómetros de Norfolk, un grupito de treintañeros consagran su amor por el fútbol ataviados con la equipación del Norwich City. Sin necesidad de gastar más de doce euros.

Puede que lo vuestro sea más la búsqueda del exotismo. Innsbruck, capital del Tirol. Al cobijo de las montañas estuvo algunos años el mítico Iñaki Bea enseñando aquello del patapum p’arriba a los tiernos mozalbetes del Wacker Innsbruck y, bueno, haciendo alguna otra cosilla más por allí. Que su huella se extienda por la piel de toro, de pachanga en pachanga, haría sentir especialmente orgulloso al hoy segundo entrenador del Eibar.

Asombrados se iban a quedar los rivales de turno cuando, en lugar de una colección inconexa de camisetas del Décimas, se encontrasen frente a frente con el elefante de Aníbal que da identidad a la ciudad de Catania y sirve como símbolo de su equipo de fútbol. Desde el mismísimo pie del Etna hasta el Polideportivo Municipal de Tres Cantos. Lucir los colores del equipo siciliano no debería llevar aparejado, eso sí, el uso de sus mismas artimañas.

¿Hay algo más imponente que una gran estrella roja de cinco puntas en la pechera? Si encima vistes a tu equipo como el club representante del ejército búlgaro, pocas vías de intimidación más efectivas se me ocurren. Glorioso tras el Telón de Acero, el CSKA Sofía languidece hoy en el campeonato búlgaro y trata de recuperarse de una fortísima crisis financiera. El momento ideal para que una pandilla de desarrapados entrados en años dignifique su escudo.

Son solo algunos ejemplos, todos ellos por menos de quince euros y disponibles en todas las tallas, con los que podrías vestir a tu equipo esta misma temporada. Pero no son las únicas opciones. En el abrumador catálogo de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas de fútbol de todo el mundo, podrás encontrar muchísimas más.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. JimmySky

    25 de agosto de 2017 a las 11:04 am

    Publicidad así, sí!

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