Cerbero y la nana

Atrapar el balón. Asesinar su giro. Acunarlo y empezar de nuevo. Ese era Víctor Valdés. Un portero capaz de lanzarse a por la pelota sin más intención que dormirla. Cerbero ladrando una nana. Imposible olvidar el academicismo de sus atajadas. El cuerpo a plomo, el grip de las manoplas. Botar el balón antes de sacar para recordarle al cuero quién es su dueño y recordarse a sí mismo que esto sólo es un juego. En sus guantes reposó el mejor Barcelona de la historia. Con él empezaba la jugada. Criticado, como todos. Sólo el tiempo exculpa a un guardameta. Mientras juegan, todos son culpables. La sombra del larguero como un Guantánamo en el que no hacen falta demasiadas pruebas para mantenerte preso, sólo indicios y la agria sospecha.

Desde la marcha de otro tótem, Zubizarreta, el área pequeña del Camp Nou era un suplicio. Busquets, Lopetegui, Angoy. Baía. Hesp. Arnau, Bonano y Dutruel. Rustu, Enke y Jorquera. Ninguno pudo tapar el agujero. Llegó Víctor y Van Gaal no tuvo más remedio que confiar en él. Un 14 de agosto debutó contra el Legia de Varsovia en la previa de Champions. No recogió el balón de la red. Debut sin mácula. Fernando Navarro, Puyol, Fran de Boer, Cocu, Luis Enrique, Mendieta, Motta, Xavi, Kluivert y Saviola. Eran otros tiempos. Valdés contribuyó a cambiarlos.

Me sorprendió siempre de Valdés su ostentosa melancolía. Ese distanciamiento que inicialmente parecía producto de la chulería pero que poco a poco, al escucharle, se identificaba más con la incomodidad y el desapego por un deporte que le escocía. “Si volviera a nacer no sería portero de fútbol, me hicieron creer que tenía talento, pero no es un camino fácil y no me ha compensado todos los años de sufrimiento”.

Es relato futbolístico la soledad del portero. Su juego a la contra de los compañeros. El uso de las manos. El mirador del área, la nostalgia del gol. También la tristeza del que se siente ajeno a los abrazos. Y la responsabilidad, como el yunque maltratado por el martillo resonando en la cabeza. Noventa minutos y el vértigo del balón acercándose. Medir, decidir, saber que detrás de ti no hay nadie.

Mientras algunos se sometían al reinado de Casillas, otros venerábamos a este otro líder silencioso. Daban igual los colores en una irracional generosidad con el futbolista enemigo. A muchos nos dolían sus errores más gruesos. Los excesos. Ese parpadeo que fueron sus primeros años como profesional. Víctor fue menos artístico pero tan decisivo como los demás. Volaba como todos pero era un portero pragmático, bien colocado, sobrio, pese a que eran tiempos de cabriolas y aplausos para metas saltimbanquis. Al fútbol le gusta más el portero que algún día salva lo insalvable que el portero que cada día salva lo que tiene que salvar, sin excepción. Un tren que siempre llega a su hora. Él, al fin y al cabo, se curtió admirando a Kahn. Al iceberg con guantes. En nuestros ídolos descansan nuestros miedos. Valdés deseaba esa frialdad para sí, ese vivir ajeno al mundo que el portero alemán arrastraba sobre el césped. Su mando inapelable y apenas gestual. El guiño cómplice o la manopla delatora sobre el defensa que falla. La portería es un trono y la vida del rey siempre pende de un hilo.

Valdés se retira y no sé si alguna vez fue feliz sobre la hierba. Ni en los malos tiempos ni en los buenos. Su cerebro es un jeroglífico para el aficionado. Como un niño que envejeció de repente. Tampoco me detengo en sus amargas y amaneradas entrevistas, de ellas sólo extraigo agotamiento y un final ceniciento. Aquel partido contra el Celta que echó arena sobre su llama. Me quedo en lo que fue vestido de corto: un portero sin el que es imposible imaginar  el éxito del Barcelona de Guardiola. Un muro y también su contrafuerte. Cerradura y llave. Destrucción y construcción. Armonía. “Nada de lo que conseguimos en el Barcelona lo habríamos logrado sin Valdés”, dijo Pep. Para qué seguir manchando el folio en su nombre.

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

2 Comments

  1. Nacho

    21 de agosto de 2017 a las 7:20 pm

    Perfecto artículo, gran portero, que tras múltiples y ridículos fallos, aún se le echa de menos aún comparándolo con el portero de la actualidad, Marc André Ter Stegen, sobrevalorado a mi parecer.

    Pdta: a que os referís con esto?

    Tampoco me detengo en sus amargas y amaneradas entrevistas, de ellas sólo extraigo agotamiento y un final ceniciento.

  2. Josef84

    21 de agosto de 2017 a las 7:21 pm

    El héroe cansado del barcelonismo. De los que quieres tener en tu área y no en la contraria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *