Un día, un fichaje: Wayne Rooney

Dice Wayne Rooney, sonriendo como un niño y vistiendo nuevamente de azul toffee, que nunca llegó a confesárselo a nadie pero que durante los últimos trece años siguió utilizando su viejo pijama del Everton para dormir. A sus 31 años, y tras trece largas y fructíferas temporadas siendo emblema y jugador franquicia del Manchester United, el leprechaun criado en el suburbio de Croxteth volverá a su casa para cerrar su carrera deportiva. Quizá no en lo más alto, pero sí en lo más profundo de su corazón.

Me encantan las historias como la que protagoniza Rooney. Historias en las que todas las partes se entienden y en las que el final feliz parece la resolución obligada. Nadie en Old Trafford tendrá nada que reprocharle en su despedida porque cualquiera que conozca las circunstancias entiende su adiós y sabe que deja Manchester con la tranquilidad del compromiso cumplido. Tanto es así, tal ha sido su entrega durante las últimas trece campañas, tantos los goles y los partidos y tan asociada está su imagen a los red devils, que a día de hoy se hace difícil recordarle con la camiseta azul evertonian. Ahora Rooney busca ese tiempo extra en su carrera en el que poder experimentar todo aquello que su extrema precocidad (sigue siendo el goleador más joven en la historia de la Premier League gracias al gol que le marcó al Arsenal con poco menos de 17 años), el ojo clínico de Alex Ferguson y los 36 millones del United sobre la mesa del Everton le privaron de poder vivir. Quiere sentir de nuevo el placer de jugar para su equipo de cuna, para ese con el que soñaba hacerlo cuando solo era un niño pecoso y rechoncho. Querrá además cerrar las viejas heridas que se abrieron entre los suyos tras su salida de Goodison Park, precisamente cuando en las oficinas del club se preparaban para ofrecerle su primer gran contrato. Imagino que se le haría complicado digerir aquellos cánticos de ‘Stand up if you hate Rooney‘ que afloraron en el Street End tras su marcha del equipo, cánticos de desaprobación y reproche, de rabia hacia él. Precisamente hacia él. Hacia el niño que pateaba balones entre los callejones de Croxteth, el que cinceló con un punzón en la ventana de su casa la leyenda ‘W. Rooney Everton Football Club‘, el mismo que acudió a una prueba en Melwood vestido con la camiseta del Everton. Ese cántico, dirigido a él…

La sonrisa de Rooney en las fotos de su presentación como nuevo jugador del Everton no dibuja a un veterano aprovechando los postreros retazos de su carrera deportiva para firmar su último gran contrato. Esa sonrisa es la de un niño. Un niño envejecido por los implacables rigores de la alta competición y de la exigencia física más extrema. Pero un niño feliz. Un niño de 31 años al que la vida le ha devuelto la oportunidad de volver a tener 18 para poder vivir todo aquello que su temprana irrupción y su proyección de futuro no le permitieron.

En DDF| Así nace una estrella (Sobre los orígenes de Rooney en el Everton)

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. theblues

    10 de julio de 2017 a las 11:41 am

    A ver que versión ofrece. Lo cierto es que su versión de la temporada pasada no estaba para el United… ni para el Everton. Pero es uno de los grandes de la década, un futbolista con mayúsculas (más que un especialista de una posición), por lo que a poco que recupere un tono físico decente, debería de ofrecer bastantes tardes de gloria en Merseyside.

  2. Borja Barba

    10 de julio de 2017 a las 12:35 pm

    La versión que ofrecerá es una incógnita, pero ha pasado de ser un jugador prácticamente residual a ser un referencia, al menos espiritual, dentro del Everto. La recuperación anímica que le va a suponer eso ya debería ser un primer paso para seguir dando buen fútbol, porque edad tiene como para dos o tres años más que decentes.

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