La interminable regeneración milanista

Abbiati, Abate, Nesta, Thiago Silva, Antonini, Gattuso, Ambrosini, Seedorf, Boateng, Ibrahimovic y Pato. A grandes rasgos, el último gran once del AC Milan o, para ser más precisos, el último once milanista que consiguió alzarse con un título no era en absoluto un mal equipo. Veterano pero con dosis de juventud, sólido en defensa y resolutivo en ataque, el Milan 2010/11 conquistó el Scudetto con las aportaciones extraordinarias de jugadores de banquillo como van Bommel, Robinho o Cassano. Sin embargo, aquella plantilla que, dirigida por Massimiliano Allegri logró conseguir el último título de las vitrinas de la Via Aldo Rossi ofrecía ya claros síntomas de deterioro y de necesidad de aire fresco en sus pasillos. El propio técnico advirtió de la conveniencia de renovar mobiliario en la temporada siguiente al título, cuando, con un equipo muy similar al de la temporada anterior, apenas pudo resistir al empuje de la renovada Juventus de Antonio Conte. Han pasado desde entonces seis temporadas. Seis veranos y seis oportunidades de rearmar un equipo cuyo triste y paquidérmico deambular a lo largo del siglo XXI no hace honor a la gloria que engarza las vitrinas de la Casa Milan.

Cada año transcurrido desde que Allegri alertase sobre la fecha de caducidad del último Milan dominador en Italia fue una oportunidad desperdiciada. El desfile de futbolistas ha sido una constante en todos estos años, nadie puede afirmar que el club rossonero haya eludido su obligación de renovar su envejecida plantilla porque el caótico ir y venir de futbolistas ha sido prácticamente continuo. Deshacerse de todos aquellos jugadores acomodados ya en el tramo final de sus respectivas carreras era el primer y necesario paso a dar. Así, fueron saliendo futbolistas sobrecargados de gloria añeja pero incapaces de reconducir el rumbo de un equipo que se alejaba de sus objetivos temporada tras temporada. La imprescindible condición de dejar salir antes de entrar, estaba cumplida. Faltaba lo más complejo, la tarea que exigía de una mayor minuciosidad y planificación: rearmar el equipo.

Pero la operación de rearme se encontró con un obstáculo inesperado. El viejo dinosaurio milanista no deslumbraba como antaño a las grandes figuras futbolísticas del momento. Milán había dejado de ser una plaza apetecible a fuerza de perder prestigio. En el nuevo mercado futbolístico, implantado sobre todo desde la llegada de las grandes fortunas de Oriente al fútbol europeo, el Milan ya no se encontraba en condiciones de competir frente a las grandes fortunas del continente. Además, la entidad por entonces aún presidida por Silvio Berlusconi ya no era capaz de ofrecer proyectos deportivos atractivos y ambiciosos con los que convencer a sus objetivos en el mercado de la idoneidad de aceptar el reto de devolver la gloria a San Siro. La política de contrataciones rossonera dio un obligado giro radical. Sin acabar de decidirse entre el cortoplacismo y la previsión a largo plazo. Se pasó de firmar a los principales futbolistas del momento a optar por una política de forzada austeridad, basada en la contratación de supuestas jóvenes figuras en ciernes y descartes de los grandes equipos europeos. En el grupo de los primeros llegaron a lo largo de los últimos años futbolistas como Andrea Poli, Mario Balotelli, Stephan El Shaarawy, Andrea Bertolacci o Gerard Deulofeu. En el segundo, en el de los veteranos venidos a menos, el nicho de mercado en el que el Milan se ha movido con mayor soltura en estas últimas campañas, la nómina de de futbolistas en plantilla aumentó con jugadores tan variopintos como Michael Essien, Adil Rami, Keisuke Honda, Philippe Mexès, Nigel de Jong, Giampaolo Pazzini, Fernando Torres, Alex, Jérémy Ménez o Luiz Adriano… y así una interminable retahíla para poner de manifiesto una política de contrataciones tan errática como ineficaz.

El nuevo consejo de administración milanista, constituido meses atrás tras la venta del club por parte de Fininvest al grupo empresarial Rossoneri Sport Investment Lux (conglomerado empresarial chino liderado por el nuevo presidente milanista Yonghong Li) ha firmado su tarjeta de llegada con la temprana contratación de Mateo Musacchio, Ricardo Rodríguez, Franck Kessié y André Silva, cuatro futbolistas que superan ya los cien millones de euros de inversión y que parecen tan solo la primera avanzadilla de los refuerzos que están por venir de cara a la temporada 2017/18.

No es la primera vez que el Milan se ve obligado a someterse a una operación de regeneración profunda. De hecho, históricamente es un club bastante habituado a este tipo de maniobras. Lo hizo en la década de los años cincuenta de la mano del tridente sueco (Gren-Nordahl-Liedholm), tras casi treinta años sin ganar un solo título, y lo repitió a mediados de la década de los ochenta, recuperándose del Totonero para construir el Milan más poderoso que se recuerda. Con semejantes precedentes, levantarse y volver a ser grande no debería suponer ningún obstáculo insalvable, siempre que se empleen las herramientas necesarias para acometer la regeneración. Aunque sea sin Donnarumma.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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