Ganadores

Enhorabuena al Barça, porque ellos son los campeones. Pero yo me siento hoy ganador, nuestra gente se siente ganadora… ver hoy a toda esta afición es algo muy grande‘. Manu García (Vitoria, 1986) se resistía a abandonar el césped del Vicente Calderón. Consciente de que embocar el túnel de vestuarios suponía echar el telón para siempre a la mejor temporada de su carrera futbolística, el capitán vitoriano trató de alargar su fantasmagórico deambular por una fiesta que le era completamente ajena. Un buen capitán es el último en abandonar el barco. El último en dejar a su suerte a ese Alavés a la deriva, zarandeado y vilipendiado por el Barça. Derrotado pero ganador.

Dice mi compañero Antonio Agredano que ganar trofeos va a terminar convirtiéndose en algo accesorio. Que ganar no es un estado de ánimo ni un premio simbólico al esfuerzo, ganar es ‘marcar un puto gol más que el rival‘. Y, entendiendo lo que quiere decir, creo que se queda en un plano demasiado superficial. Y me sorprende tratándose precisamente de él. Hay muchas maneras de sentirse ganador y no todas requieren de un rival derrotado. Manu García no es simplemente un futbolista del Alavés. No es Deyverson. No es Marcos Llorente, esperando ansioso la anunciada llamada a filas de Zidane. Manu García, vitoriano de nacimiento, no pudo recalar en el club de su vida hasta los veintiséis años y después de haberse dejado media vida en diversos clubes de Segunda B. Por fin en Mendizorroza, el capitán fue clave en el ascenso de los babazorros desde Segunda B a Segunda y, tres años más tarde, fue de nuevo capital en el ascenso a Primera. Pocos jugadores como él pueden personificar el resurgir de un equipo desde las miserias y el olvido de la categoría de broncea los focos y la rutilancia de la final de Copa. Hay que conocer su contexto. Por eso entiendo a Manu García. Por eso entiendo a todos los que, pese a ser los derrotados, se sienten de alguna manera ganadores. Entiendo a los que echan la vista atrás y visualizan una trayectoria ganadora y una carrera de superación personal diaria y, por fin, de alguna u otra manera, acaban sintiéndose ganadores.

No es ninguna moralina barata. No se trata de esa cantinela tan manida de los ‘triunfos morales’ ni del rollo maniqueo de los bueno y lo malo, los vencedores y los vencidos. Es evidente, como decía Antonio, que ganar es anotar un gol más que el rival y que es el objetivo principal de toda competición deportiva. Pero no el único. Esto no va siempre de meter más goles o de si el balón entra o se va por encima del larguero. Me niego a ceñir la amalgama de emociones que representa el deporte a una ecuación tan reduccionista y simple. Esto no va solo de levantar copas. Va de historias personales, de vivencias, de superación, de identificación y orgullo. Naturalmente, el éxtasis solo se alcanza levantando el trofeo al cielo y ese momento de ver al rival haciéndolo duele de verdad. Pero el dolor, como la alegría por el triunfo, es pasajero y efímero. Todo fluye y discurre, y en las orillas siempre se queda la parte buena, como las pepitas de oro quedan ancladas en el cedazo. Imagino que si solo nos interesase esa parte del fútbol que habla de ganar y acumular en las vitrinas más títulos que nadie todos seríamos del Real Madrid o del FC Barcelona. Por fortuna, creo que todo esto va más allá. Que hay muy diversas maneras de sentirse ganador y dichoso.

Dicen que, pasados los años, nadie se acuerda de los subcampeones. Es un discurso muy localizado en las hinchadas de los equipos más poderosos y acostumbrados al éxito. Y es lógico cuando entiendes que el único sentido del deporte es ganar. Yo, en cambio, me acuerdo casi cada día de las dos finales que el Athletic de Bielsa perdió en el año 2012. Y no lo hago solo con tristeza. Las recuerdo con orgullo, con la satisfacción de haber vivido el momento y la dulce amargura que procura la derrota que las convierte en algo paladeable como un café sin azúcar. Lo mismo ocurre con el Alavés del Westfalenstadion, el Dortmund de Klopp o el Mallorca de Villa Park, equipos que cualquier aficionado al fútbol recuerda. Derrotas que marcan un estilo y forjan una identidad. Derrotas desde las que uno crece y a las que siempre se acude en los momentos más débiles. Derrotas en las que sentirse, al menos, un poquito ganador.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

4 Comments

  1. Alfonso Otero

    29 de mayo de 2017 a las 12:25 pm

    Muy de acuerdo Borja, aquí en Vigo lo que tenemos son tres subcampeonatos de Copa que jamás olvidaremos, al igual que las dos semifinales de este año. Y para completar tu lista, creo que hay subcampeones a los que se recuerda aún más, como aquella “Naranja mecánica” del 74-78, el Español de Clemente, el Depor de Djuckic o la España de Arconada.
    Sí se recuerdan y, en muchos casos, se admirarán para la eternidad.

  2. Deivid_dd

    29 de mayo de 2017 a las 6:43 pm

    Al final, es algo que es más complicado de sentir cuando eres de un equipo grande. Porque precisamente eres consciente de que tienes más probabilidades de ganar. Competir con muchos menos recursos, aunque termines sin levantar una copa es motivo de orgullo. Quizás (no lo sé) la nomenclatura de “victoria moral” sea lo que no termina de conocer a Agredano y por eso piensa así, pero si el Córdoba hiciese lo que ha hecho el Alavés…creo que estaría contento y orgulloso de lo hecho. Y pese a haber palmado, seria ganador moral.

    Por cierto, esto no tiene nada que ver con ser conformista. De hecho, creo que es un sentimiento que nace cuando sabes que lo has dejado todo. En fin…no me enrollo más 😉

  3. Borja

    29 de mayo de 2017 a las 9:16 pm

    Deivid

    Totalmente de acuerdo: no tiene nada que ver con el conformismo. Conozco pocos seguidores del Athletic más exigentes con el equipo (y en ocasiones demasiado que yo mismo.

  4. tubilando

    29 de mayo de 2017 a las 11:40 pm

    Yo no estoy de acuerdo en el término, en el concepto. Lo del Alavés es memorable, meritorio o histórico, pero no es ganador. Lo que pasa es que en ocasiones, como bien apunta Alfonso Otero, nos podemos acordar más del un equipo subcampeón o no ganador que de un vencedor. Pasa igual con algunos futbolistas que dejan huella más allá de los triunfos o los goles marcados (Le Tissier, Mágico González…).

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