El compromiso

Puedes volver a casa con los tuyos, a disfrutar del reconfortante calor del hogar bajo la satisfacción del deber cumplido. Puedes ir en paz. Contagia tu desbordada alegría a tu mujer y a tus hijos y hazles partícipes de ella porque esto también les pertenece a ellos, por haberte acompañado a cualquier lugar y por haberte sabido comprender siempre. Que la sensación de haber dado cumplimiento al compromiso no escrito ni signado por ninguna de las partes, pero sí extendido de manera tácita, te sea lo más dichosa posible. Porque la empresa se antojaba complicada, después de tantos y tantos años de infructuosa búsqueda del éxito. Dieciocho, si echamos cuentas. Dieciocho años sin poder ser considerado como el mejor equipo del país. Dieciocho largos años bajo la implacable dictadura de Ajax y PSV, con las apariciones fugaces incluso de Twente y AZ Alkmaar.

Lo tuyo fue más que un fichaje de relumbrón. Tu vuelta a De Kuip fue un retorno emocional y el mejor regalo posible que podía recibir la animosa hinchada del Feyenoord. Necesitaban de un estímulo así después de tantos años a la sombra. Necesitaban que cumplieras aquella promesa de regresar algún día que les hiciste cuando, en el mejor momento de tu carrera, aceptaste el ofrecimiento del Liverpool y decidiste llevar tus goles y tu derroche de trabajo a Anfield. Podría haber sido en 2012, y en realidad así lo esperábamos todos, pero el Fenerbahce se interpuso en el camino que tu corazón tenía previsto con un montante de dinero tal que te eximía de cualquier sentimiento de culpa.

Tu retorno a Rotterdam la pasada temporada no fue la premonición de un retiro dorado tras un merecido baño de masas. Tu vuelta encerraba un reto quizá mayor que todos los que anteriormente habías tenido que afrontar en Inglaterra o en Turquía. Volver a ser ídolo en De Kuip llevaba aparejado un compromiso que solo tú te habías impuesto: llevar al Feyenoord a la conquista del título que no habías podido brindarle en tu anterior etapa en el club. Nadie en su sano juicio te lo habría exigido, con treinta y cuatro años y esa kilometrada a tus espaldas. Pero tu actitud sobre el césped no entiende de rendiciones. Cuando la maltrecha selección nacional ya no parecía tener un hueco para ti. Cuando ni Hiddink ni Danny Blind parecían confiar en lo que aún eres capaz de conseguir con tu entrega, has vuelto a cumplir con tu compromiso. No solo volviendo, sino haciéndolo en tal forma que nadie ha sido capaz de frenar tu ímpetu. Puedes volver a casa y hacerlo con la cabeza alta, porque todo esto es obra tuya. Puedes estar seguro de que historias como la tuya son cada vez más infrecuentes.

Tres goles de Dirk Kuyt sirvieron para derrotar al Heracles (3-1) en la tarde del domingo día 14 de mayo y dar al Feyenoord su decimoquinto título liguero en Holanda, dieciocho años después de su último triunfo.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Full Norbert

    16 de Mayo de 2017 a las 11:04 pm

    Cómo nos gustan las historias de los viejos rockeros que triunfan. Me alegré por el Feyenoord que ya le tocaba ganar, y ver que Kuyt marcó un hat-trick ya fue increíble.

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