Isco decidió esperar

Consciente de que podía acabar en la misma trituradora en la que finiquitasen sus días como jugadores madridistas renombradas promesas del pasado reciente, Francisco Alarcón decidió tomarse el asunto de la renovación de su contrato con la entidad blanca con la calma que exigía la operación. Según cuentan, el Real Madrid siempre fue una prioridad absoluta para Isco. Sin embargo, el futbolista malagueño debía de asegurarse de que él también era una prioridad para el club antes de tomar la decisión de vincular su futuro a Chamartín. Con lo mejor de su fútbol asomando ya por el horizonte más próximo y varios equipos de renombre interesados en su futuro inmediato, Isco era plenamente consciente de que no podía arriesgar un año más en su carrera con un papel residual dentro del equipo y que necesitaba aumentar su peso en los esquemas de Zidane antes de comprometerse con una causa de tanto desgaste como la madridista. Esperar es un verbo que no acostumbra a conjugarse con frecuencia en el fútbol profesional y en la toma de decisiones al más alto nivel. Isco esperó. Esperó cuando el Real Madrid le tendió su primera toma de contacto en el año previo al del final de su contrato. Y aún parece estar esperando ahora, cuando cumple su mejor y más participativo mes desde su llegada a Concha Espina y cada vez goza de mayor protagonismo, por rendimiento ante la forzada ausencia de Gareth Bale y por demanda popular del graderío del Bernabéu.

Isco es un jugador peculiar al que en muchas ocasiones se ha acusado de ser más efectista que efectivo. Su derroche de fantasía y recursos técnicos es tal en cada una de sus acciones que siempre deja la sensación de querer ganar protagonismo a marchas forzadas haciendo cosas que no tocan cuando no corresponde. Como si todo su fútbol fuese acompañado de un exceso de ornato, más propio del catálogo de trucos del fútbol free-style que de un partido de profesional de la mayor exigencia. Imagino que coartar su libertad como futbolista tratando de limitar su repertorio de frivolidades extemporáneas es una opción que no entra en los planes del cuerpo técnico madridista. Al fin y al cabo, sería cercenar su esencia futbolística y desposeer al jugador de su personalidad sobre el césped.

Es un caso delicado el de Isco. Probablemente el más delicado, en lo que a gestión de recursos se refiere, al que se ha tenido que enfrentar Zidane desde su llegada al banquillo del primer equipo. Isco y su fútbol de escenario principal navegan entre las aguas del indiscutible once titular y de esa segunda línea que integran jugadores como Lucas, Kovacic o Morata y que tanta ilusión despierta. Quizá es que su manera de entender el juego y su rol tan firmemente definido comprometen demasiado el juego del equipo y ralentizan a un equipo concebido para volar. Quizá es que su fútbol de líneas cortas y párrafo breve condiciona en exceso la manera de disponer al colectivo. De ahí, tal vez, esa afirmación leída tantas veces de que Isco es un futbolista para liderar un equipo y que ese papel es muy complicado que pueda llegar a protagonizarlo como jugador merengue.

No soy un fanático seguidor del fútbol del centrocampista malagueño. Demasiada saturación, para mi gusto. Demasiado horror vacui en su contacto con la pelota. Sin embargo, creo firmemente en su importancia ante un partido como el de esta noche frente al Atlético de Madrid. Su fútbol de espacio reducido es ideal para encuentros trabados y de despliegue ratonero como el que se prevé en la previa de la gran cita de semifinales. Su capacidad para resolver situaciones embarulladas y salir indemne del combate cuerpo a cuerpo y de la guerra de trincheras ofrece una solución extraordinaria a los problemas que Simeone pudiera plantear al Madrid. Su concurso esta noche será un paso más para sentirse definitivamente importante. Un paso más para convencer a Isco, en su paciente espera, de que permanecer es la decisión acertada.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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