Con Thiago

Mi fútbol es así. Intento ver las situaciones antes de que ocurran. La genética fue generosa con Thiago Alcántara (Brindisi, Italia, 1991). No le dotó de un cuerpo hercúleo ni de unas medidas imponentes, pero sí que trazó su semblanza futbolística a imagen de la de su laureado padre. Thiago es Mazinho evolucionado. Es la extrema seguridad en el pase de su progenitor aderazada con un chorrito de picardía e intencionalidad. ‘Eso no se razona, surge naturalmente‘, matiza el centrocampista español cuando se le pregunta sobre su capacidad para gestionar la toma de decisiones en a la hora de ejecutar un pase. Por si quedaba alguna duda sobre el origen innato de su habilidad.

La carrera de Thiago ha sido, desde su irrupción en la elite, una ansiosa espera. Una espera a una explosión que se adivinaba devastadora bajo unos maravillosos auspicios pero que, por razones diversas, no terminaba de llegar. Fueron varios los cambios de entrenador, de sistema, su llegada a Múnich, el ligamento interno de su rodilla derecha… factores todos ellos que fueron retardando el clímax del fútbol que el mayor de los hermanos Alcántara estaba dispuesto a ofrecer. Un tránsito complicado. Tampoco con Guardiola, en las cuatro campañas en las que compartieron escudo en Säbener Strasse, pareció encontrar acomodo su peculiar talento, precisamente cuando todas las previsiones apuntaban a su definitivo despegue bajo la batuta del técnico catalán, con quien parecía adivinársele especial conexión futbolística.

Con veintiséis años recién cumplidos, y una explosión quizá algo tardía, Thiago por fin vive la que está siendo su mejor y más completa temporada como futbolista profesional. El cambio de posicionamiento, de interior con Guardiola a mediapunta por delante de dos mediocentros con Ancelotti, ha despertado el lado salvaje de su fútbol. En una posición que se antoja idónea para el despliegue de sus condiciones, Thiago no solo es más participativo y toca más balón que antes, sino que también es más resolutivo. Sus participaciones siempre son determinantes y su fútbol ya no es de mero acompañamiento porque tiene una identidad propia y muy definida, con un protagonismo del que hasta ahora no había sido capaz de disfrutar. Es, en ese sentido y con los metros avanzados sobre el césped por razón del nuevo dibujo táctico, algo menos Mazinho y un poquito más Laudrup. Su fútbol gana quilates cuando el Bayern suelta amarras y se lanza hacia arriba con esa voracidad tan suya, porque no solo funciona para monopolizar y esconder el balón, sino que también sirve para encauzarlo hacia situaciones sospechosas de gol. Es un Thiago nuevo, más libre y más autónomo. Un Thiago que por fin parece haber encontrado su sitio y su momento. Un Thiago al que le espera uno de los retos más complicados de su carrera bajo el examen de la exigencia y la obligación en el Bernabéu.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. kompos

    20 de abril de 2017 a las 6:32 pm

    a mi la eliminatoria de Thiago me dejo frio,esperaba mas de el y sobre todo mas del bayer en conjunto,solo se salvan Neuer y Robben