En memoria de Ronnie Moran

Harry Trow es un seguidor del Liverpool que recauda dinero para causas benéficas haciendo largos recorridos en moto por Europa. De vez en cuando, sus trayectos le llevan hasta Madrid y es aquí donde en más de una ocasión, hemos coincidido viendo algún partido de nuestro equipo en un pub irlandés del centro. Recuerdo que, en uno de esos encuentros, empezamos a hablar sobre lo que hacía pero también sobre lo que había hecho. Fue al hilo de esto último cuando me contó que durante un tiempo, se ocupó de conducir el autobús del Liverpool. Aunque no se extendió mucho porque el día antes había estado moviendo un piano con un amigo y se había hecho daño en las costillas (algo que le dificultaba el respirar y, en consecuencia, el hablar), sí me detalló cómo Bob Paisley, entonces entrenador, acabó con la costumbre que tenía su predecesor en el cargo, Bill Shankly, de presentarse cada mañana en los campos de entrenamiento, y cómo Ronnie Moran, miembro del cuerpo técnico, representaba el papel de poli malo con los jugadores y el resto de empleados de la entidad (el de poli bueno lo hacía Roy Evans, otro integrante del staff). Como lo del rifirrafe entre Paisley y Shankly es demasiado extenso para una nota breve, procederemos a desarrollar lo de Ronnie Moran. Y así aprovechamos también para rendirle homenaje en la semana en la que nos ha dicho adiós a la edad de 83 años.

De acuerdo con lo comentado, Harry Trow fue el chófer del Liverpool en algún momento de su vida. Principalmente se ocupaba de trasladar a los jugadores desde el campo de Anfield hasta la ciudad deportiva, situada a cierta distancia de allí y que no estaba dotada de unos vestuarios en condiciones. Es decir, los futbolistas se tenían que cambiar en el estadio y, vestidos con la ropa de entrenar, se subían al transporte conducido por Harry. Al acabar la práctica, sin ducharse ni nada, regresaban en el autobús y era precisamente en este viaje de vuelta, cuando el sudor empañaba los cristales del vehículo. Menos la primera vez que le tocó hacer el trayecto. Ese día Harry bajó las ventanillas para ver algo. Pero no le duró mucho el arreglo. Casi de inmediato, apareció Ronnie Moran muy enfadado. “¡¿No se da cuenta de que estos futbolistas valen millones de libras?! ¡No podemos permitir que ninguno de ellos se resfríe!”, gritó dirigiéndose a Harry. Y Harry, asustado, captó el mensaje. Subió las ventanillas y nunca más volvió a poner en peligro la salud de los pasajeros sometiéndoles a una corriente de aire helado. Ahora bien, a la posibilidad de sufrir un accidente por poca o nula visibilidad, sí que les expuso. Y así fue durante varios años. Por suerte para todos y especialmente para Harry, no pasó nada. No pasó nada más allá claro está de que Ronnie Moran demostró todo el carácter que tenía. Un carácter que contribuyó decisivamente (junto con el de otros) a la hora conformar la personalidad del Liverpool más triunfador de la Historia.

Email: juan.moran.alvarez@gmail.com