Buff, España

España fue un equipo antes que un país. En la infancia las fronteras son mansas, como cachorritos alineados olisqueándose los culos. Con el fútbol aprendí geografía, vexilología e idiomas. También historia. El estudio del pasado nos regala una brillante arquitectura en torno al odio. Inglaterra y Francia eran el legado de una derrota, gigantes a los que tumbar, por no sé qué afrentas, engrandecidas en el cerebro infantil. La imaginería bélica del fútbol, que antes de convertirlo en poesía, nos valía a muchos aficionados. Escuadras y cañonazos.

Hoy juega España y me da igual. La clasificación para los grandes torneos internacionales se da por supuesta en el país que alberga “la mejor liga del mundo”. La mejor liga del mundo cayó a los pies de una cama king size en una habitación del hotel Castellana Hilton. Era de Ava. Frank se desabrochaba los puños de la camisa frente al espejo espiando el agitado desnudo con un cigarro desprendido de sus labios. El fútbol es otra cosa. Sudor mancomunado. Alcohol ingrávido. Una tristeza apenas consolada.

Cuando España gana me siento español y cuando España pierde me siento más español todavía. Aunque mi patria es Andalucía, lo de España me conmueve como la cojera de un perro o la sonrisa desdentada de un niño. El fútbol se escribe a voces en un país que no merece nada, que sepulta su bandera, que desprecia el futuro aferrado a un pasado retórico, exagerado y mojigato. Un país que se engaña a sí mismo, que golpea antes de pensar, que piensa antes de sentir, que siente antes de escuchar. El presente es un plato de lentejas frío que entre mohínes nos llevamos a la boca en tímidas cucharadas. El fútbol no alivia este peso de ser lo que somos, por más que lo intenten entre zarandajas y celebraciones afectadas. Pitar el himno debería ser lo normal. Para llenarlo de algo, ya que en este país de expertos y rapsodas, no hemos tenido cojones de encajarle una letra.

Hoy juega España. O lo que queda de ella. Vuelve Pedro, el que dijo en la Eurocopa que “si no ves continuidad te planteas si merece la pena seguir viniendo para hacer grupo, para estar con los compañeros”. Hacer grupo siempre resultó algo molesto, desde la comunidad de vecinos a la fiesta de fin de curso. Lo importante siempre fue apuntarse el ombligo con la lupa. Con esa enorme lente que regalan a cada español en el hospital, recién nacidos. El verdadero cheque-bebé. Yo confío en Lopetegui, ese recepcionista de tanatorio, aunque los porteros metidos a entrenadores siempre me han dado algo de yuyu. Son como un espejo que se resquebraja o sal derramada sobre la encimera. No puede ganar quien dedicó su vida a que no ganaran los demás. Agujas de vudú clavadas en sus guantes. Y una catástrofe que amenaza como una nube negra en la tarde veraniega.

No se me ocurre mayor tortura que un clasificatorio mundialista. El tiempo se detiene. En el Madrid y el Barça se programan partidillos con los juveniles. Parecen boyscouts allí tan solos. Al menos la Segunda división sigue. Es enorme consuelo para los que estamos pendientes de las cloacas, como un esbirro del Despedazador. Recuerdo el gol de Fernando Hierro a Dinamarca en el Sánchez-Pizjuán. A ese estadio voy el domingo para ver un Sevilla Atlético-Córdoba. Aquel gol clasificó a España para el Mundial de Estados Unidos. Schmeichel nos pareció humano. Eran otros tiempos, la juventud era dócil. Celebrábamos las cosas por celebrarlas, como señores de fiesta en Torremolinos. La droga lleva treinta años costando lo mismo pero el fútbol cada vez es más caro. Italia, Israel, Albania, Macedonia y Liechtenstein. La espera es desolación. Por supuesto que cuando lleguemos al Mundial me pondré la camiseta y gritaré como el que más, pero, ¿habrá algo más de aquí que recoger lo que siembran los demás?. España es un país extraño, como uno de esos gatos sin pelo.

 

 

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

1 Comentario

  1. @Kapo_Tillo

    27 de marzo de 2017 a las 8:50 am

    A mí la selección me llamaba el doble cuando todavía no había ganado.
    Me jode no poder volver atrás y sentir esa ilusión tan grande de “acabaremos haciendo el ridiculo como casi siempre pero… ¿te imaginas que ganamos el mundial?”