Perdimos, pero ganamos un poco

“Cuando llegué a casa te encontré durmiendo en el sofá con la tele encendida, los tacones de aguja esperaban vacíos en el dormitorio. Guardé el dinero en el cajón y me fui a la ducha. Luego, ya en la cama, me susurraste al oído, ¿trajiste el dinero?”, escribió Pablo García Casado en su poemario Dinero.

Es tentador imaginar a Pep Guardiola volviendo a casa de madrugada, cansado, con el dinero en un sobre amarillento. La cama glaciar. Lluvia fuera. Una letanía sobre los cristales. Otro día más que pasa. El trabajo a veces bien, a veces mal, como siempre. Pero aquí está el dinero. El maldito dinero para el colegio de los niños, para el coche nuevo, para cambiar por fin los muebles.

Ya desde el Bayern y mucho más desde su llegada al City, a Guardiola se le asocia a la urgencia y la amortización. A la pasta. Como si sus equipos fueran excepcionalmente ricos, como si esa mecánica siniestra de traspasos millonarios fuera patrimonio exclusivo de los clubes donde entrena.

Su eliminación en Champions se llenó de exigencias y reproches. La premisa es obscena: el City es el equipo europeo que más gastó el pasado verano. Sepultados por el titular se quedan las lesiones de la plantilla (Gundogan, Gabriel Jesús…) o el pobre rendimiento de algunos de sus futbolistas (Stones, Nolito…). También la inercia grisácea y la desafección de una plantilla indolente y abotagada. Touré como metáfora de que el fútbol a veces pasa y la bombilla se apaga con un estallido, como el de las dos Premier ganadas.

No hay nada más desaprensivo que juzgar a un entrenador por sus resultados en la Champions League. No hay competición más inasible y extraña que la Copa de Europa. Creo que Guardiola asumió uno de los mayores retos de su carrera cogiendo las riendas del Manchester City, un equipo demolido, torpemente rico, en una liga más impredecible que la asimétrica competición española o la monocromía alemana.

La eliminación ante el Mónaco sólo constató que el cambio necesitará tiempo. El City necesita soltar lastre si quiere elevar el vuelo. El banquillo, tras el gol de Bakayoko, lucía como el escaparate de una juguetería abandonada. En el césped, Stones y Sagna derrumbando solitos el muro oriental de la fortaleza. Agüero incapaz de crear peligro. Y arriba, un puñado de hombres de ataque solapándose en las zonas templadas del rival. A los locales les bastó con el pragmatismo, el empuje dosificado y un poco de orden.

En los octavos de la Champions el dinero no puede ser un arma arrojadiza. No es un señorito a la puerta de una chabola sino una pandilla de terratenientes emborrachándose en el casino del pueblo. Guardiola es un entrenador con sello propio. Para eso le pagan, para que venza y convenza. Para eso necesita paciencia y un equipo a su altura en cuanto a exigencia y compromiso. Las comparaciones con Pellegrini, un entrenador dúctil y ciclotímico, son sangrantes.

Guardiola no necesita más defensa que su trayectoria y su modelo de fútbol. Ahora mismo Craig Shakespeare está más arriba que él en Champions, pero a nadie se le ocurriría fiarle al inglés lo que está obligado a pagar el catalán. El City es un equipo inmaduro e inconstante, como le pasa al PSG de Emery. Dos clubes que demasiado pronto se vieron arriba y que ahora tienen que mantenerse, afianzarse, encontrar su espacio entre clubes con una trayectoria que haría palidecer a cualquier rico advenedizo. La Champions no perdona. Guardiola lo sabe. Su indiscutible talento sólo necesita tiempo y, quizá, algo más de dinero.

“Perdimos, pero ganamos un poco”, dijo Pacho Maturana. En la derrota del City ante el Mónaco hay una lectura similar. Se perdió la Champions pero se ganó tiempo. La temporada que viene Guardiola, ya sin excusas, tendrá que enfrentarse a la medida de su talento en Inglaterra. Lo de este año es sólo ruido. Errores, falta de aclimatación, un legado envenenado y una plantilla lejos aún del modelo deseado por Pep. No todo van a ser alegrías para el mejor entrenador del mundo.

 

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

3 Comments

  1. Javi

    16 de Marzo de 2017 a las 6:45 pm

    JAJAJAJAJAJAJA JAJAJAJAJAJAJA seguid así, que nos reiremos mucho

  2. Full Norbert

    16 de Marzo de 2017 a las 10:58 pm

    Bueno, este está bien, Antonio (te dejé el otro comentario antes de leer este) Ya ves cómo están las cosas: a día de hoy no ganar la Champions es un fracaso, así lo cataloga toda la merengada que le tiene unas ganas y un odio increíbles a Guardiola. Me refiero, por supuesto, a no ganarla con el Bayern, lo de ayer sí que puede considerarse un fracaso y que esta temporada está siendo muy mala para el de Santpedor. Muchos lo llaman paquete, porque claro, lo han sufrido pero bien.

  3. tubilando

    17 de Marzo de 2017 a las 4:57 pm

    El alcalde de Vigo, Aytekin, Guardiola… ¿Quién será el siguiente?

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