Camisetas clásicas: esa distinguida minoría escocesa

En el camino que lleva hasta Greenhill Road apenas me cruzo con un puñado contado de aficionados de mi equipo. Es día de partido, pero no lo parece. Nos conocemos todos, somos como una pequeña gran familia. Por eso, cada vez que me cruzo con una camiseta blanca y negra, levanto la mirada del suelo, miro a los ojos del tipo en cuestión y mi boca deja escapar un tímido pero cómplice saludo. No sé ni cómo se llama, pero es mi compañero de sufrimientos y de alegrías, argumento más que suficiente para que ninguno de los dos nos sintamos incómodos en el saludo. Somos seguidores de un club pequeño, muy pequeño, y jugamos en la competición liguera más desigual de Europa. Pero el ritual del fin de semana es sagrado.

Aquí, en una tierra en la que el fútbol lo aglutinan mayoritariamente dos colosos, ser seguidor de un pequeño equipo que apenas reúne a 5.000 personas cada dos semanas en el graderío de su estadio es una experiencia compleja de sobrellevar. En Saint Mirren Park puedes escuchar cada lamento, cada suspiro por una ocasión fallada procedente de la tribuna de enfrente. O, al menos, siempre y cuando no nos visiten el Rangers o el Celtic. Esos días no hay sitio para todos los que quieren entrar.

Parece increíble que todos juguemos en la misma competición. Cuesta creer que ese equipo que antesdeayer rendía visita a cualquier gran estadio europeo, desplazando a varios miles de seguidores detrás de él, hoy juegue en una remota esquina del mapa de Escocia, contra un rival tan alejado de la primera plana que apenas nadie sabe ubicarlo. Poder ver partidos de la primera categoría escocesa en un sitio como Inverness es ya todo un premio. Que el Caley Thistle logre imponerse o, al menos, plantar cara, a los dos gigantes de Glasgow, es motivo de un orgullo que durará meses… pero de momento es una quimera.

Y es la situación de muchos. De la gran mayoría de los clubes que forman la Scottish Premier League. Excepción hecha de Rangers, Celtic y, en mucha menor medida, Hearts o Aberdeen, el resto de los equipos que completan los diez integrantes de la máxima categoría del fútbol escocés responden a un mismo perfil: modestia, escasa masa social, éxitos contadísimos y mucho, mucho peso de la tradición. Jamás llegarán a ser conocidos fuera de Escocia. A duras penas lograrán arañar alguna semifinal de Copa o alguna clasificación para competiciones europeas. Muchos aficionados seguirán incluso sin saber reconocer cuáles son los colores del Dunfermline, del Motherwell o del Kilmarnock. Pero, mientras tanto, mientras Celtic y Rangers centran las atenciones de todos, los graderíos de East End Park, de Fir Park o de Rugby Park seguirán tiñéndose cada quince días de camisetas negras, naranjas o blanquiazules. Sin que a sus orgullosos portadores les importe lo grande o pequeño que su equipo del alma pueda ser.

Puedes comprar estas camisetas y cientos más en Classic Football Shirts.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Futìle

    12 de marzo de 2012 a las 12:06 am

    No sé si es cosa vuestra, pero los anuncios popup guardiolescos son un poquito un poquito incómodos.

    Enhorabuena por el post.