Ya están aquí

Ocurrió en la tarde del miércoles, dicen que con apenas 300 espectadores en las gradas del estadio de Faro y sin televisión en directo ni streaming oficial, pirata o mediopensionista, pero ocurrió. Un golazo de la lateral zurda Leila Ouahabi, jugadora del F.C. Barcelona (era el día), al poco de arrancar el partido contra las canadienses le daba a la selección española el triunfo en la final de la Copa del Algarve, probablemente el torneo internacional amistoso de selecciones de más solera y relevancia en un fútbol, el femenino, en el que los duelos internacionales son los que marcan el compás y concitan casi todo el interés de los aficionados.

Es cierto que, desde hace un par de ediciones, la Copa del Algarve ha perdido buena parte de su nivel tradicional, principalmente porque Estados Unidos (ganadora de 10 de las 24 ediciones) ha montado su propio torneo en estas fechas: la She Believes Cup, en la que participan potencias como Inglaterra, Francia y Alemania y que le reporta a la federación yanqui más  de un millón de dólares de beneficio. Otro mundo. Pero, pese a esas importantes deserciones, la cita portuguesa sigue manteniendo su prestigio y un cartel con 9 de las 15 mejores selecciones en el ranking FIFA resulta siempre potente y atractivo.  Y España, rota por fin la autarquía en la que la RFEF había sumido a la absoluta femenina desde tiempos inmemoriales, ha acabado haciéndose con el título tras derrotar a equipos teóricamente superiores como Japón (subcampeón mundial en 2015), Noruega (subcampeón europeo en 2013) y Canadá (bronce olímpico en 2016). Desde luego, cuando en 2015 España viajó a un Mundial sin haber jugado un mísero amistoso de preparación en los dos meses anteriores al debut, era difícil creer que algún día podríamos escribir algo así.

Un éxito sin precedentes (básicamente porque España nunca había jugado no ya este torneo, sino ningún otro de carácter amistoso) que, no obstante, hay que relativizar. Todas las selecciones se toman su viaje al Algarve como un banco de pruebas para empresas más importantes y el formato de competición, muy concentrado, se presta a rotaciones interminables, a que debuten jugadoras adolescentes y, como consecuencia, a que se produzcan resultados relativamente sorprendentes. Es verdad que el equipo español, con cuatro mundialistas sub’20 que debutaban en una convocatoria absoluta, también ha aprovechado para probar cosas nuevas. Pero, seguramente, la motivación con la que España ha disputado este campeonato, con la ilusión del novato y la ambición por demostrar que hay nivel para dar la cara ante cualquiera, ha supuesto una diferencia sustancial ante equipos más asentados en la élite para quienes esta Copa del Algarve no era más que lo que es: una simple semana de entrenamiento más o menos serio.  Por eso, más que con la victoria final, que no deja de ser algo circunstancial, hay que quedarse con la presentación definitiva en sociedad de un equipo que quiere (y puede) competir contra los grandes en los escenarios que realmente importan. Por ejemplo, este próximo mes de julio en la Eurocopa de Países Bajos.

 

Foto: Mirko Kappes | Sefutbol

Palencia, 1984. Nunca llegué a debutar en Primera.