Reinventando París

Que algo lleva años cociéndose lentamente en París no es una cuestión desconocida para la gran mayoría de los aficionados al fútbol. Desde la llegada al Paris Saint-Germain del hoy accionista mayoritario del club, Nasser Al-Khelaïfi, la institución parisina se ha visto envuelta en un proceso de transformación brutal partiendo desde su mismísima base. Anclado en la mediocridad desde hace años tras haber vivido una destacable y recordada etapa durante la década de los noventa, el nuevo PSG inició su particular revolución deportiva hace algo más de cinco años. Renovó su banquillo con la llegada de Ancelotti para reemplazar a Antoine Kombouaré y, sobre todo, puso en movimiento una carretillada de millones para reconstruir, picoteando de aquí y de allá, una plantilla digna de cualquier grande de Europa. Aquello fue más que una simple operación de chapa y pintura. Sin embargo, el crecimiento deportivo no ha ido de la mano de la fortísima inversión. A Carlo Ancelotti le sucedieron en el banquillo parisino Laurent Blanc y Unai Emery, siempre con el objetivo del club fijado en la competición continental. Pero Europa exige un punto más. Un punto que quizá no se compra con millones y que se alcanza con algo más que extraordinarios jugadores en nómina. Un punto tal vez intangible, más relacionado con la esencia, con el poso histórico y social y con la habitualidad en las últimas rondas de la competición. Todo eso que solemos condensar en la palabra ‘oficio’.

La revolución en el club parisien no se está viviendo únicamente sobre el césped con el desfile interminable de los Ibrahimovic, Pastore, David Luiz, Cavani o, el último en incorporarse al joyero parisino, Julian Draxler. La mercantilización a la que está siendo sometida la institución desde la llegada de Al-Khelaïfi tiene una variante específica fuera del terreno de juego. El inversor catarí desea seguir modelando su proyecto al detalle. Hacer de la icónica marca ‘París’ algo propio, algo que potencie la identidad de un club que, siendo realistas, nunca ha destacado por tener una fuerza identitaria demasiado destacada, es el primero de los pasos.

El escudo del club no se ha quedado fuera de la profunda operación de renovación del club. Con el plumero se ha sacado de encima la cuna de Luis XIV que tradicionalmente ocupaba los bajos de la Torre Eiffel. Nada que recuerde al Rey Sol, porque este club, dice Al-Khelaïfi, es de todos los parisinos y el recuerdo al monarca podría ser interpretado como una maniobra excluyente o restrictiva con las numerosas y variopintas capas sociales que pueblan el graderío del Parc des Princes. En su lugar, una aséptica flor de lis, que sí se ha mantenido con respecto al anterior diseño. Tampoco se han observado miramientos para desplazar la representación gráfica de la vinculación del club con la localidad de Saint-Germain-en-Laye hacia un lugar secundario. La marca ‘París’, referente mundial, destaca ahora sobre el conjunto, despreciando en cierto modo los orígenes del joven club capitalino, formado tras la fusión en el año 1970 del Paris FC y del Stade Saint-Germain. Modernidad, lo llaman. Mientras tanto, el ansiado gran éxito europeo continua haciéndose desear.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Kurono

    15 de febrero de 2017 a las 7:24 am

    La historia del PSG es la de un club “artificial” creado por un grupos de millonarios aburrido en la década de 1970. Es un club moderno, hecho para precisamente capitalizar de alguna manera, la carencia de un equipo fuerte en la capital francesa, ya que los grandes equipos franceses son de la periferia (Mónaco, O. Marseille, Saint-Ettiene, O. Lyon). Es para horror de los puristas un híbrido, fusión del Paris FC y del Stade Saint-Germain.

    La edad dorada del club en los 90’s con Artur Jorge de técnico (y luego Luis Fernández) fue bajo el patrocinio del Canal+, creando “Le Clasique” (emulando “El Clásico” español), una rivalidad con el O. Marseille llevada a extremos absurdos con episodios de violencia y “hooliganismo” (y cuado no, odio y veneno contra el “capo” Bernard Tappie). Aprovechando los extremos (los parisinos siempre se han visto como representantes de las clases media-alta de París, mientras el O. Marseille como próceres de la clase obrera del puerto marsellés), “Le Clasique” es un partido marcado a fuego en el calendario.

    Nasser Al-Khelaïfi es sólo el continuador de la “tradición”, la de un club nuevo creado para la pompa de los “burgueses” parisinos, para asco del resto de Francia y horror de los de afuera.