El protegido

En la misma tarde en la que Vitolo salió abucheado de su propia casa, Fernando Torres (Fuenlabrada, 1984) fue de nuevo generoso con todos aquellos que decidieron profesarle cariño eterno por el simple hecho de compartir con el aniñado delantero filiación colchonera. Porque a los de casa, hagan lo que hagan, hay que quererlos y respetarlos, jamás repudiarlos. Bautizado en el mismísimo infierno, la irrupción en la escena rojiblanca del Niño no pudo estar más cargada de simbolismos. Fueron los años de purgatorio en Segunda los que hicieron que el hermanamiento entre el fuenlabreño y la grada alcanzara cotas extraordinarias y que el vínculo surgido entre uno y otros permaneciese sólido por muchos kilómetros que se interpusiesen entre ambos.

Nadie acusó a Torres cuando el club decidió redefinir su relación contractual con el delantero y rebajar su cláusula de rescisión de 90 a 40 millones. Tampoco lo hizo nadie cuando, en el verano de 2007, decidió atender la llamada de Rafa Benítez. La sensación en las filas colchoneras fue más de nostalgia que de indignación. Se entendía su salida del club como el paso que su carrera, hasta ese momento en progresión meteórica, demandaba. Por eso se celebró su llegada como el advenimiento de un nuevo Mesías. Por eso a nadie extrañó que Simeone decidiese reforzar el vínculo sentimental con la grada tirando de los servicios de un Torres al que su nivel futbolístico real ya no le daba para sentar cátedra en el primerísimo nivel europeo. Por eso no hubo una avanzadilla de justicieros en representación de la afición apostados para pedirle cuentas a su llegada.

Anoche ante el Celta, el Atlético sufrió probablemente más de lo previsto ante un equipo que venía de un severo mazazo anímico. Sin embargo, se rehízo admirablemente al tempranero gol celeste merced a una nueva aparición estelar del ídolo, del protegido, del querido por todos. Fernando Torres, que cada año regula más su rendimiento y planifica mejor sus esfuerzos, sigue dando pinceladas puntualísimas de su capacidad resolutiva y su oportunismo. Ya no es, desde luego, aquel jugador veloz, ágil y potente de antaño, pero su catálogo de recursos ha sido adaptado a los nuevos tiempos y a un fútbol más pesado e industrial. Frente al Celta, ademas, marcó por segundo partido consecutivo en Liga. Lo hizo tras un control inverosímil de espaldas a portería y una especie de chilena tan poco grácil, tan de solteros contra casados, como inteligente y efectiva. Fue un gol de esos que pervivirán en el recuerdo y que dentro de dos o tres años, cuando el Niño ya sea historia colchonera, glosarán su intachable carrera como futbolista del Atlético de Madrid.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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