Juzgar a Zozulya

Voy a empezar por el peor sitio posible para empezar un escrito: no tengo una opinión formada y firme sobre el asunto Zozulya. Y lo digo para que todos esos tuiteros que, aventurándose a creer que defiendo ideologías ultraderechistas, tenían pensado lincharme públicamente al valeroso y muy significativo grito de “¡subnormal!” (caso verídico) vayan adelantando trabajo y se ahorren el engorro de seguir leyendo, que seguro que hay entretenimientos menos disparatados con los que dilapidar el tiempo. Y no tengo una opinión sobre el asunto porque tiene tantas aristas, tantas partes implicadas y tantos vericuetos que nunca me atrevería a sostener firmemente una postura sin el temor de estar pasando por alto algún importante detalle. A veces no pasa nada por no tener opinión. Es más, no pasa nada por reconocer y admitir en voz alta que uno no tiene opinión sobre un determinado asunto. En este mundo neorrenacentista, en este enaltecimiento continuado de la polimatía, que encuentra su particular ágora en esa especie de Club Bilderberg en que parecen haberse convertido las redes sociales, admitir la falta de elementos de juicio suficientes como para sostener una tesis de manera inequívoca es autocondenarse a la intrascendencia.

Recopilemos antecendentes. Tras media temporada considerablemente lastimosa en las filas del Real Betis, el atacante ucraniano Roman Zozulya (Kiev, Ucrania, 1989) era ofrecido en calidad de cedido por el conjunto andaluz al Rayo Vallecano. Parecía, futbolísticamente, una operación lógica: un futbolista nuevo en el país, con considerable margen de mejora en su rendimiento y al que había que proporcionar como fuese minutos de competición. La base del asunto no admitía muchas discusiones, más allá del aporte efectivo que pudiera ofrecer el ucraniano a un Rayo que no atraviesa precisamente parajes amables en la Liga 123. Pero, hete aquí, Roman Zozulya tiene un pasado.

Vinculado con pruebas gráficas con el nacionalismo ucraniano que combate contra las fuerzas prorrusas en la exrepública soviética, a Zozulya se le ha relacionado directamente, entre otros, con el grupo Pravy Sektor, partido político ultranacionalista con tintes paramilitares y parte activa de la oposición que acabó forzando la destitución, y posterior huída del país, del expresidente Viktor Yanukovich. El jugador, por su parte, niega tales vinculaciones y se define como un simple patriota ucraniano. Leo la prensa a diario y me gusta estar informado, pero no soy un ningún experto en política internacional. Mucho menos conozco con suficiente detalle la situación actual en Ucrania. Por mucho que lea y lea sobre el caso, siempre habrá detalles que no podré (podremos) conocer. Me basta con partir de una base más o menos cierta y admitida por todas las partes, por mucho comunicado que se publique: Zozulya es nacionalista ucraniano y su ideario político camina de la mano de las posturas teóricamente ultraderechistas del nacionalismo ucraniano y las facciones anti rusas. Con toda la amplitud de tal consideración. Es lo único que ha quedado debidamente demostrado. Sobre su filonazismo y su apoyo económico a grupos armados, pocas cosas demostrables y muchas suposiciones. Y ahí viene uno de los caballos de batalla de todo este asunto. Tener una ideología de ultraderecha no es ningún delito (al menos en España). Financiar a grupos paramilitares, sí. Conviene tener en cuenta la distinción, al menos bajo mi punto de vista.

Y con Vallecas hemos topado. Sería una torpeza imperdonable pasar por alto la especial idiosincrasia del barrio madrileño del mismo modo que lo sería hacerlo con su emblemático club de fútbol. Pocos clubes hay en España con una identidad tan definida y un ideario tan estructurado como el Rayo Vallecano. Tanto el club como la afición a la que cobija han sido parte activa en los últimos tiempos de numerosas campañas de tinte social. Recientemente ha habido campañas solidarias, apoyos a la causa de la violencia de género, a la problemática LGTB o a las plataformas anti desahucio y nunca jamás ha dado la espalda a la realidad social del barrio, con una ideología marcadamente obrera, progresista y de izquierdas. En ese sentido, el rayismo como afición es tremendamente consecuente: no quieren en su club nada que se aleje de su ideario político-social, lo cual supone una muestra de carácter e identidad tristemente escasa en el fútbol actual.

La llegada de Zozulya al Rayo se ha visto interrumpida por la virulenta oposición de la afición rayista. No se trata exclusivamente de la peña Bukaneros, quizá la más mediática y de la que han emanado en estas últimas horas los ruidos más desagradables. La Plataforma ADRV, agrupación de peñas y grupos de aficionados vallecanos, ha publicado un contundente comunicado en el que rechazan frontalmente la incorporación del jugador ucraniano a las filas del Rayo, concluyendo en el mismo con su oposición a que “un jugador neonazi vista la camiseta del Rayo“. Ellos parecen tenerlo claro: Zozulya es filonazi porque así lo demuestra su cuenta de Twitter. Sin dar mayor profundidad al sumario.

Tal oposición por parte de la activa afición vallecana ha tenido la consecuencia que cabía esperar. Zozulya, por el momento, no lucirá la Franja y regresará a Sevilla. Tan clara tiene la Plataforma ADRV la filiación neonazi del futbolista que, ejerciendo una especie de derecho de veto, han forzado al presidente Martín Presa a dar marcha atrás en la operación y devolver al atacante a los corrales.

Son tantas las aristas afiladas que esculpen el caso que resulta muy osado atreverse a extraer una única y válida conclusión.

De lo poco que tengo claro es que quizá el vértice sobre el que más responsabilidad descargaría es Martín Presa, señalado por el rayismo desde tiempo atrás. Contratar a Zozulya en Vallecas era una temeridad que cualquier persona mínimanente formada en la esencia del club y conocedora del pasado del jugador podría haber previsto. Presa se aventuró, quién sabe si a ciegas o incluso desoyendo consejos de asesores, a ejecutar una maniobra que implicaba un riesgo extremo para la estabilidad del club que dirige y que podría haber desembocado en una situación desagradabilísima de haber llegado a debutar el futbolista en las filas vallecanas. Ahora, Presa se ve obligado a abortar la operación atendiendo a las quejas de sus aficionados y quedando retratado como un directivo que cede a las presiones externas. Y todo, por una situación que él, exclusivamente él, ha forzado.

Pero no es Presa el único punto negro del entramado. Resulta extremadamente loable la peculiar vinculación entre el club como entidad y la afición que se vive en Vallecas. Muy probablemente, el Rayo jamás habría tenido la trascendencia lograda a lo largo de su historia de no haber sido por la identidad emanada desde la grada y fielmente representada en el césped, más o menos habitualmente, por los jugadores rayistas. Sin embargo, no tengo del todo claro hasta qué punto la afición de un club que, no lo olvidemos, funciona como SAD está legitimada para ‘forzar’ este tipo de decisiones en la parcela ejecutiva. El juego no funciona exactamente así. La afición puede mostrar su parecer y es sano para el desarrollo del club que así lo haga, especialmente en asuntos de gran calado social. Confiar la gestión y ceder en la toma de decisiones a las manifestaciones populares encierra un riesgo gravísimo. Hoy es Zozulya en Vallecas. Mañana, un jugador de raza negra en Cracovia o un homosexual en Kazan.

No sé hasta qué punto la ideología de un futbolista puede suponer un impedimento para que ejerza su trabajo en un determinado club. Ocurrió con Salva Ballesta y con Eñaut Zubikarai en el pasado. Ser de derechas no es delictivo. Es una opción política que, a ojos de alguno, podrá ser equivocada o incluso moralmente reprobable. Tampoco lo es, desde luego, ser de ideología progresista. El paso siguiente, ése en el que al parecer se encuadra a Zozulya, supondría entrar en el terreno de la tipología penal, extremo que no ha quedado debidamente probado. No tengo el suficiente conocimiento de historia y política ucraniana como para poder concluir que la ideología de Zozulya le acerca a posiciones neonazis. No digo que no lo sea, simplemente digo que no lo sé y que, desde luego, no podría probarlo, y como yo, me atrevería a afirmar, muchos de los que en estos últimos días han pontificado sobre el asunto.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

12 Comments

  1. Iván

    3 de febrero de 2017 a las 9:33 am

    Felicidades por el artículo, Borja. Creo que la aproximación al perfil ideológico de Roman Zozulya es bastante acertada: es un ultranacionalista ucraniano, corriente muy ligada a la extrema derecha a través de organizaciones como Pravy Sektor (PS), cuya bandera se intuye en una de las marciales instantáneas tomadas al jugador. No queda tan clara su relación con organizaciones paramilitares de marcada filiación nazi, como el Batallón Azov, presuntamente implicado en crímenes de guerra. Su admiración por Stepán Bandera, héroe nacionalista ucraniano con una controvertida hoja de servicios (pasó de prisionero de los nazis a colaboracionista del Eje), refuerza la percepción sobre la adscripción derechista del delantero. Ya no digamos su relación estrecha con los ultras del Dnipro, que ondean por igual las banderas gualdicelestes de Ucrania y las rojinegras de PS, ya no digamos la runa ‘wolfangel’ del Azov.

    Así pues, a la pregunta ¿es Roman Zozulya un nazi? Mi respuesta es “lo más probable”. Y conste que hago el esfuerzo de ponerme en la piel de un ucraniano que sufre la guerra y el peligro de desintegración territorial de la que siente como su Patria, y hasta de extrapolar dicha situación a mi país. ¿Quiero ver a un nazi vistiendo la Franja? Desde luego que no. Si el Rayo Vallecano ha logrado un reconocimiento en el universo futbolístico es por su compromiso con unos valores con los que su afición se ha identificado desde hace un par de décadas, enseña del barrio: acogida, solidaridad, respeto al diferente, rechazo frontal al racismo y a la homofobia. Me temo que no son referentes compartidos con Roman Zozulya. Cabe puntualizar que la entidad sólo se ha subido al carro de unas iniciativas que siempre han sido lideradas por su afición. El compromiso del club con la pobreza, la marginación o las diferentes luchas sociales deriva de una (pobre) estratategia de marketing con, presumo, más de fachada que de propia conciencia.

    Yendo un poco más lejos, surgen las aristas de las que habla Borja en su artículo: ¿qué llevó a Raúl Santiago Martín Presa a incorporar a Zozulya a la plantilla? La de delantero es a priori la posición mejor cubierta de la plantilla, aunque el rendimiento de Javi Guerra, Miku y en menor medida Manucho (precisamente quien parece iba a hacer las maletas destino Córdoba con la llegada del ucraniano) está siendo más que discutible. Quique Peinado (@quiquepeinado), vallecano y rayista, y autor entre otras obras de “Futbolistas de izquierdas” y “¡A las armas!” ya lo apuntó en Twitter: “¿Que no gusta a mucha gente? Lógicamente. Qué le vamos a hacer. ¿El club lo fichó sabiéndolo? Claro. ¿Con qué objeto? Ni idea, Creo q criminalizar a su propia afición. Zozulya es, posiblemente, el único jugador en activo dl mundo con el q (sic) habría este problema”. Ojo a esta clave. La guerra afición-Martín Presa arranca prácticamente desde el mismo momento en que el empresario se hace con el paquete accionarial anteriormente en posesión de la familia Ruiz-Mateos. Las acusaciones de “testaferro” se suceden, y los motivos para la batalla no se cuentan juntando los dedos de manos y pies: papel de Javier Tebas en la administración concursal, indefensión de los hinchas ante la cuestión de los horarios, detención (y posterior absolución) de trece aficionados tras denuncia de Presa, deterioro del estadio y falta de reformas, el fiasco del Rayo OKC, no adscripción del Rayo al convenio LFP-Aficiones Unidas para facilitar entradas baratas y desplazamientos asequibles, el descenso y las sospechas sobre lo que ocurrió en Anoeta, etc. etc.

    El Rayo Vallecano cuenta con un área deportiva comandada por Ramón Planes, ex del Elche CF, ayudado por Gerard Nus y el ex jugador David Cobeño. ¿Acaso no eran conscientes de la reputación de Zozulya y por ello no asesoraron al presidente? Si fuera el caso, más les valdría ganarse la vida con otra ocupación, por ignorantes. Si por el contrario desaconsejaron la cesión, pero el presidente desoyó su recomendación, sus dimisiones llevan cuatro días de retraso. Pero todos agazapados, que el 31 era día de cobro. Ahora el jugador puede quedarse sin ficha hasta verano, de lo que probablemente se devengará una compensación (a mi entender, procedente) por parte del Rayo. Otro fiasco evitable, otro pufo que deja Presa, cuyo tufo a liquidador se acrecienta día tras día. A corto plazo, Zozulya no debe vestir nunca la camiseta franjirroja. A medio, Raúl Santiago Martín Presa debe abandonar el palco de Vallecas mejor mañana que pasado. Y la afición, a esperar a la próxima ocurrencia del jugador de Comunio que ocupa el despacho noble de Payaso Fofó.

  2. Borja Barba

    3 de febrero de 2017 a las 9:51 am

    Muchas gracias por tu comentario, Iván. Se hacía necesario una visión del asunto más desde dentro de la grada.

  3. Jose

    3 de febrero de 2017 a las 1:09 pm

    Lo normal es que este tipo de gente no afirme ser nazi o de extrema derecha, se esconden con el uso de eufemismos.

    Al hilo de lo expuesto: ” Hoy es Zozulya en Vallecas. Mañana, un jugador de raza negra en Cracovia o un homosexual en Kazan.”; comparación odiosa donde las haya. Considero que entrar en el juego de “equiparar” el rechazo a alguien por ser simpatizante de una ideología que desprecia a las personas por color de piel, procedencia, religión, idioma o ideas políticas diferentes a las suyas es, ya no justo, sino una obligación. Meter en el mismo saco a antifascitas y nazis/racistas/fascistas (los primeros están en contra de los segundos por las ideas/acciones/mensajes de los segundos, no por simple “equilibrio” social) da a entender que la equidistancia ideológica te hace cómplice.

  4. radikx

    3 de febrero de 2017 a las 1:09 pm

    He leído bastantes cosas esta semana sobre la noticia, pero no sabía realmente qué había pasado. Cuando he visto que publicábais este post he pensado: “a ver si con los amigos de diarios de fútbol me dan más luz en el asunto”. Y de pronto me encuentro con esta frase: “A veces no pasa nada por no tener opinión. Es más, no pasa nada por reconocer y admitir en voz alta que uno no tiene opinión sobre un determinado asunto.”. Y casi lloro de la emoción!! Eres el puto amo Borja! 😀

    En unos tiempos en los que parece que todo el mundo tiene que opinar de todo, encontrarte a alguien que reconoce que no tiene opinión formada y que no pasa nada, emociona a uno. Me quito el sombrero ante usted.

  5. Temazcal

    3 de febrero de 2017 a las 1:34 pm

    Me parece increíble que en este país se siga equiparando ser de extrema izquierda (comunista o anarquista, a favor de los DDHH, contra la homofobia, feminista, contra la violencia de género, etc.) con ser de extrema derecha (fascista, homófobo, misógino, racista, franquista, nazi, anticatalanista, etc.). A lo mejor es que en mi colegio me enseñaron mal, pero yo diría que ser equidistante y dubitativo en este tema significa ser tolerante con la intolerancia. Que el abuelo asesinara rojos no quiere decir que limpiar nuestra vergüenza tengamos que legitimar su ideología o equipararla a otra cualquiera. Y es que el problema es ese, que hay 10 millones de españoles de derechas que consideran que el mayor asesino de la historia de España era un señor mayor entrañable que hacía pantanos. Y eso lo han mamado en casa y en la escuela toda la vida.

  6. Borja Barba

    3 de febrero de 2017 a las 1:42 pm

    Temazcal
    Jose

    Nadie en el artículo ha equiparado el ser neonazi con ser de extrema izquierda. Creo que no habéis entendido lo que pretende decir ese párrafo al que entiendo que os estáis refiriendo.

    No es el problema de juzgar la ‘moralidad’ de una u otra cosa, sino el de dar pie a que una afición puede ejercer el derecho de veto sobre la incorporación de un futbolista al club. Y hoy puede ser por la muy loable causa vallecana, con la que en el caso de quedar probada la relación de Zozulya con grupos paramilitares todos estaríamos 100% de acuerdo, pero mañana, en un ejercicio similar, podría ser los ultras del Wisla o del Rapid, vetando a un jugador de raza negra o a un homosexual para jugar en su club, por considerarlo contrario a sus particulares ‘valores’.

    No sé si ahora se me entiende…

  7. Borja Barba

    3 de febrero de 2017 a las 1:44 pm

    Gracias, radikx.

    A mí muchas veces me encanta no tener opinión sobre un tema y observar desde una esquina como la gente se va enfangando defendiendo la que cree que es su razón. Y este es uno de esos casos.

  8. Don Pimpón

    3 de febrero de 2017 a las 2:03 pm

    A mí me gusta mucho la parte donde Iván intenta entender lo que debe ser tener a tu país partido en una guerra civil.
    No me gusta que se discrimine a alguien por sus ideas políticas, por chungas que nos parezcan.
    Me sorprenden mucho las polarizaciones y extraños compañeros de cama creados alrededor de las guerras de Siria y Ucrania.
    Entiendo que por definición una buena persona no puede terminar militando en determinados entornos de ultraderecha. Y eso no ocurre con la ultraizquierda. Ahora bien, los resultados horrososos, el sufrimiento, el genocidio, no son ni mucho menos patrimonio exclusivo de la primera.
    Creo que la enseñanza fundamental de la II Guerra Mundial es que el fascismo es una ideología horrible y nefasta. En cambio, creo que la Guerra civil española que nos debería haber vacunado contra el enfrentamiento fratricida.

  9. emedepan

    5 de febrero de 2017 a las 10:51 am

    Si mañana al presidente del Athletic le da por fichar a un tío de Sevilla, probablemente la afición lo “vete” y presione para que no lo fichen. Algunos clubs aún conservan cierta ideología que sobretodo garantiza su grada, porque los del palco solo suelen ver numeritos y euros. Es posible que estas decisiones se pasen unos cuantos derechos laborales por ciertas partes y que en ocasiones sea difícil discernir si son positivas o reprobables.

    En este caso, a mi me parece fácil concluir que vetar a un nazi es aceptable o decidir que sólo jueguen vascos en tu equipo también lo es. Mientras que vetar a un negro o a un gay, no lo sería. Aunque probablemente legalmente las 4 cosas serían consideradas discriminación.

  10. Borja

    5 de febrero de 2017 a las 1:02 pm

    Emedepan

    Hay un detalle: el Athletic no es una SAD, y a su presidente lo eligen o lo deponen sus socios.

  11. EL GRAN KAN

    6 de febrero de 2017 a las 10:11 am

    pimpanpum

  12. EL GRAN KAN

    7 de febrero de 2017 a las 9:27 am

    Mal precedente, lo único que van a conseguir con esta actitud, es que pase lo mismo en clubs con tendencia extrema derecha o simplemente de derechas. Si identifican un jugador con un pasado político, digamos de izquierdas, le pueden acusar de poco patriota etc…y malograr su fichaje. Mezclar política y deporte, mal asunto. Y no me vale lo de la excusa de no se puede tolerar intolerantes, es ridículo e infantil, cuando lo que esta en juego es la libertad política de cada cual, el limite es estar fuera de la ley, pero si estas dentro, hay libertad para pensar y creer en lo que te venga en gana.