Una lanza por el Bernabéu

No gasta la mejor fama posible la afición del Real Madrid que acude cada semana a Chamartín a ver jugar a su equipo. Es muy frecuente referirse al socio medio del Madrid como pipero, en el sentido despectivo del que se pasa los partidos comiendo pipas sin pensar en ningún momento en apoyar a sus futbolistas, y al propio coliseo blanco como un teatro, un lugar donde la gente va simplemente a contemplar un espectáculo, y reacciona como reaccionarían los antiguos asistentes a la ópera, ovacionando o silbando en función de la calidad de lo que ven. Sin importarle que los hipotéticos silbidos puedan dañar la frágil moral de los actores/futbolistas y, lo que es más grave, perjudicar su desempeño.

Este es el relato habitual de lo que ocurre en el Bernabéu –especialmente en Liga- y es innegable que contiene una parte de verdad. Se trata de un público frío, endurecido durante décadas por la continuidad de la excelencia y la frecuencia de las victorias. Son gente a quien es difícil ganarse con tres ruletas, y que parece considerar que en las batallas menores, en el devenir cotidiano de los partidos destinados a la reserva del olvido, los jugadores del Madrid deben bastarse por sí solos para jugar bien y triturar al enemigo de turno sin ayuda inicial alguna del griterío de la tribuna. Si este tipo de partidos no van bien, un silencio helado se extiende por el graderío, luego un runrún característico, y si la cosa no mejora, los silbidos correspondientes de los que casi nadie se acaba librando. A primera vista, todo parece señalar que se trata de una afición dañina para su equipo.

Sin embargo, el Real Madrid es el club más laureado del mundo, y sería muy difícil que tal cosa hubiera sido posible si los feligreses semanales del Bernabéu respondiesen punto por punto a la descripción anterior. En ella no aparece, por ejemplo, cuánto valora el público la que ha resultado históricamente la mayor virtud del equipo blanco: la resistencia a la derrota. Puede estar jugando el Real el peor de los partidos, sus jugadores en el pozo, el estadio sumido en la bronca y el equipo rival con sus goles de ventaja disfrutando de un momento que parece irrepetible; que si el Madrid caza un gol, un par de córners seguidos o truena la pelota contra el poste, se dará la vuelta el viento como un gimnasta en el potro. Como por ensalmo, el quilombo de cabreo se tornará en ánimo y calor, y de la nada surgirá ese volcán, comunión de público y grada, que ha acabado devorando a tantos equipos que durante un rato se sintieron vencedores. Una lava ardiente que sólo prende desde el principio en la grandes noches donde el visitante es otro coloso.

Aparte del gusto por la remontada, otra característica que define al aficionado madridista medio es la devoción por el esfuerzo, la continuidad de la semilla que plantó Di Stéfano. La idea subyacente es que la calidad se le supone al futbolista del Madrid, como el valor al soldado, así que lo que debe demostrar cada partido es que no se deja nada dentro en defensa de los suyos. Se trata de una condición sine qua non, y así como el pedestal del madridismo siempre ha guardado un lugar para los ídolos que se mataban por su escudo –el propio don Alfredo, Gento, Pirri, Camacho, Hierro, Redondo, Raúl-, ha observado siempre con sospecha al futbolista vago y displicente, por muy talentudo que éste fuese; y sin excepción, ha dejado oír su crítica a la desgana real o aparente, se llamase como se llamase el pecador de turno. En este contexto hay que situar los silbidos a Benzema o Cristiano, que recibieron otros cracks antes que ellos, y que no tienen que ver con los servicios prestados en el pasado, que se reconocen y celebran, pero no eximen de los deberes presentes.

Finalmente, hay una última pulsión que debe destacarse, y es que la afición del Madrid manifiesta su disconformidad con lo que cree que perjudica al club, incluso si el damnificado pertenece al propio club. Hay entrenadores a los que ha echado el socio, y hasta el omnipotente Florentino Pérez sintió el suelo temblar bajo sus pies tras el sonrojante 0-4 del Barcelona. Es en este contexto, y no en otro, donde deben analizarse los silbidos a Danilo. La gente no le silba a Danilo porque ponga en duda su entrega o porque les caiga mal el futbolista; lo hace porque se da cuenta (los números lo atestiguan) de que su presencia es muy perjudicial para el equipo, y de con él en el campo las posibilidades de derrota se incrementan exponencialmente. Y aunque es cierto que silbar a tu futbolista va a menguar su rendimiento en ese partido concreto, el aficionado razona que si es capaz de forzar su ausencia del equipo en el futuro esto redundará a medio plazo en beneficio del colectivo.

Por supuesto, todo lo dicho anteriormente intenta reflejar el comportamiento del aficionado que acude a Chamartín, cada persona es un mundo y en 80.000 espectadores habrá motivos de todos los colores. La idea final, en cualquier caso, es que se trata de una afición difícil y bastante particular, que supone y exige de sus jugadores talento y esfuerzo (un mínimo de lo primero e infinito de lo segundo), y que a cambio devuelve un apoyo incendiario en las grandes ocasiones o cuando huele la sangre de la remontada. El Bernabéu lleva una eternidad siendo como es, ni llamamientos públicos ni artículos periodísticos van a cambiarlo, y hay un último factor que no puede perderse de vista: ha sido con esta afición, y no con otra, con la que el Madrid ha conseguido los éxitos que ha conseguido. Así que conviene de vez en cuando romper una lanza por ella.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

4 Comments

  1. Juanjo

    29 de enero de 2017 a las 9:13 pm

    Buenísimo el artículo. Siempre he contado a mis amigos que la forma de ser del Bernabéu es una enorme ventaja para el Madrid. Para la institución y a largo plazo. Nos da igual cuánto le hagan la pelota a Ronaldo en privado. Ahí fuera eres medido con la misma vara que se ha medido a Di Stefano o a Raúl. Así que ese campo al final le infunde respeto, sobre todo, a los propios. 🙂

  2. Edu

    30 de enero de 2017 a las 10:33 am

    Pues a mi la afición del Bernabeu me parece un grupo de gente, que por encima de todo, es prepotente, injusta y que dice saber de fútbol…sobre lo que tengo muy serias dudas….

  3. Kurono

    3 de febrero de 2017 a las 7:23 am

    Y volvemos a lo mismo, que si el público del Bernabeu tal cual. A ver, pagan un boleto caro, y el espectáculo, salvando las distancias, es mediocre. Y algunos dirán que es porque está lleno de “comepipas”, pero señores, esa es la politica que el Sr. Florentino Pérez quiere para el club, dejar que la afición envejezca. Y quiera que no, la afición “vieja” del Real Madrid, ¡es la que aullaba como locos en el Santiago Bernabéu con la “Quinta del Buitre”! El último Real Madrid hegemónico y definido.

    Este señor Danilo, es entrega y pundor, cualidades que gusta tanto al “Viejo”, como al “nuevo” público del S. Bernabéu, pero ¿como justificas 30 millones en un tipo que no vale como suplente para Dani Carvajal? ¿Crees que el Real Madrid está contento con su especial actuación en Copa del Rey donde cayeron en cuartos de final ante un Celta de Vigo que no hizo un partidazo exquisito precisamente y con Danilo de protagonista principal? Cristiano Ronaldo acaba de ganar ese premio “The Best” y ya no ha hecho nada reseñable, salvo un tiro libre (luego de como 1000 intentos). Benzemá no está fino, y la gente siempre ha creído que tiene una surte de “salvoconducto” que emana de la presidencia para que juegue siempre. Ramos cada día es peor, puede salvar un partido con un gol, pero su rendimiento global es horrible.

    Recordemos que una afición que le dedicaba pitos a Santillana, a Butragueño y a Raúl (hombres de leyenda en el Real Madrid) cuando notaban un rendimiento menguante (el típico “ya daña al equipo y al grupo”), no tendrá reparos en pitar a un Cristiano Ronaldo más y más decadente. ¿Qué no es lo mejor? No, pitar a tu propio equipo es un síntoma malo. Pero mantener contra viento y marea según que jugadores (como el caso Casillas, Hierro, Roberto Carlos, y antes a Camacho, del Bosque, etc.), no hace bien. Es la vorágine eterna del Real Madrid post-Quinta del Buitre, el club que tiene presidentes que tiran técnicos que ganan títulos (Capello x2, Jupp Heyckness con la elusiva “Séptima”, Del Bosque…), que tienen un “eterno retorno” a errores que al final pesan caro en planificaciones. Al Real Madrid, al menos, no lo termina de destruir la obsesión con la Copa de Europa como al Barcelona de Núñez, ya que ha ganado varias a partir de los 90’s, pero es claro que no es fruto de un trabajo duro y bien coronado, sino más bien fruto de una casualidad, con notables excepciones la “Novena”, pese a que no hizo el Real Madrid una liga del todo brillante, coronó el buen trabajo que se hizo un año antes reforzando el equipo. Luego, se vende la “clase media” hasta el punto de desaparecerla, se fichan puros “galácticos” y la cosa fue a peor.

  4. Fabian Vas

    12 de febrero de 2017 a las 3:18 pm

    Ya nos recuperaremos. Hala Madrid.