Corriendo sobre un lago helado

“El coraje es estar muerto de miedo pero aún así tener el valor de ensillar”, dice Tom Doniphon. Todo el mundo está asustado cuando el abismo asoma bajo los pies. Pero hay quien disimula, a veces, con sana obstinación y admirable esfuerzo. Doniphon lo hacía. No le temblaba el pulso si había que disparar, y tampoco le tembló cuando tuvo que ocultar que había disparado. Ese es el coraje. Lo de Zidane contra el Celta en Balaídos fue un acto de cobardía disfrazado de arrojo pueril. Ni las bajas, ni la mala racha, ni el resultado de la ida, pueden justificar un planteamiento tan accidental, caótico y artificiosamente osado. Zidane no confió en el Madrid, y el fútbol le devolvió su amilanamiento.
Si Zidane no tiene la convicción de que su equipo puede combatir calmado y ordenado a un Celta de Vigo que sale a defender una renta asequible, el Real Madrid tiene un problema. Sólo necesitaban dos goles. Parece mucho, pero no es una locura sabiendo que en Liga lleva 48 en 18 partidos. Zidane, en vez de equilibrar, de tutear al rival, de alinear las piezas que le habían hecho invencible durante tantos partidos, de madurar el juego, de encarar con entereza, de insuflar miedo al rival con un juego compacto y con mordiente, se dedicó a inventar un fútbol que de tan apabullante resultó ser inútil. Que de tan total fue parcial, que de tan mandón resultó ser dócil.
Cuando el Madrid remontó al Wolfsburgo en Champions la temporada pasada, lo hizo con un juego rápido y cabal. Con un convecimiento a años luz del temblón sistema de anoche. Aquella noche, el equipo blanco fue un martillo disciplinado que terminó desnivelando el choque. Ante el Celta, Zidane sacó un dibujo asimétrico. Nacho y Ramos atrás. Casemiro desdoblándose entre pivote y área. Danilo de lateral ofensivo con extraños cambios de banda en según qué jugadas. Asensio, muy retrasado, ayudando a sacar el balón por el costado zurdo. Isco hundido en la medular, desaparecido. Cristiano y Benzema arriba, solapados. Ramos volcado a banda para sacar el balón jugado con Kroos clavado en el círculo central para apoyar en la creación. Todo resultaba antinatural, forzado, incómodo. Señalar las actuaciones individuales de futbolistas como Benzema, inapetente, o Danilo, indefendible, es aliviar la culpa del responsable de semejante despropósito: su entrenador. Es labor del técnico hacer buenos a los regulares e insustituibles a los mejores. Zidane, con su estrategia roma, hizo malos a los buenos y penosos a los menos buenos.
Avanzaba el partido y no veía plan, ni medida, ni precepto ganador. Lucas y Morata en el banco. Coentrao de relleno. Un Madrid pálido, a la merced de un Celta que, sin hacer un gran partido, pudo amenazar la portería de Kiko Casilla, desguarnecido, solo, ante el ímpetu infantil de su equipo. Hacía años que no veía a un Real Madrid tan pequeño, acomplejado e ingenuo. No sé si Zidane es un gran entrenador. La Champions es un argumento intachable, aunque eso incluya a fauna tan variopinta como Di Matteo, Mourinho, Goethals, Ferguson o Rijkaard.
Donde no tengo dudas es que, a esta altura de la temporada, el Madrid corretea sobre un lago helado. La Copa es, de los tres torneos disputados, el que menos valor tiene. Pero también es un síntoma. Las lesiones, numerosas e incontrolables, han desnortado a un Real Madrid que había empezado con firmeza en septiembre. En el banquillo hay futbolistas en los que no se confía. El filial no aparece como solución. Los titulares siembran dudas tras cada partido. Una plantilla no se puede dejar al arbitrio de quien no sabe de fútbol. Si los suplentes no sirven para ser suplentes, la enfermedad es estructural y no puntual.
Y de todo, de todos los males, que siempre son estacionales en fútbol, me queda la sensación de un equipo menor, especulador y triste como fue el Madrid de anoche en Vigo. Ese intangible lastimero que me recordó a otras épocas, a esos puntos de inflexión a mitad de temporada, a ese queirocismo desolador. Superado, confuso, desafinado bajo la batuta de Zidane. Un entrenador que hace de la omisión una de sus mayores virtudes. Un entrenador que, de no dar con la tecla, será devorado por el presidencialismo mercadotécnico de Florentino Pérez, un gestor que entiende que un equipo es solo la suma de un puñado de buenos jugadores.

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

3 Comments

  1. macqroll

    26 de enero de 2017 a las 7:35 pm

    Me decepciona, por vez primera creo, leer a Agredano. Y digo que me decepciona porque este artículo podía haberse escrito hace ya unas cuantas semanas. ¿Qué ocurre, entonces? Pues que antes el Madrid de Zidane ganaba y ahora el Madrid de Zidane no lo hace. Jugar, lo que se dice jugar, juega a lo mismo, salvo dos o tres excepciones. Si repasamos lo que va de temporada el juego del Madrid ha despedido bostezos entre su parroquia. Por no hablar de los apuros de última hora con ese gol salvador de Ramos en el descuento que tamto satisfacía a los mas fieles.

    Si antes se decía que el Madrid era indesmayable, hasta que pitaba el árbitro no desfallecía, ahora nos cuentan los mismos que si hubiera acabado el partido cinco minutos antes (Sevilla), si este no hubiera fallado aquella ocasión o si el otro no hubiera tenido tal pifia. Los mismos contradiciéndose en sus propias, ya de por si, contradicciones. Pero vamos a ver, independientemente de los resultados que todo lo ocultan, ¿cuántos partidos ha jugado el Real Madrid verdaderamente bien? Hablo de esa racha de 40 partidos sin perder, ¿cuántos?

    Seamos serios, ni antes habían ganado la liga en diciembre (como los panegiristas nos querían hacer ver) ni ahora lo han perdido todo. La copa si que la han perdido, y por mucho que sea el menor de los tres títulos no deja de ser un título importante. De hecho aún recordamos como el año que ganaron ese único título lo celebraron al grito de que ese era el título que les interesaba.

    Y, sobre todo, lo que han perdido es la posibilidad del triplete con el que tanto se llenan la boca, año tras año, los mas fanáticos voceras. Eso si, a partir de ahora nos tocará asistir al “no pasa nada, así tenemos mas descanso, vamos a por el doblete,…”

    Por lo demás, insisto, mi decepción con el articulista viene dada por aquello de ” a buenas horas mangas verdes”

  2. Kurono

    28 de enero de 2017 a las 1:53 am

    El resultadismo trae esto, a la hora que fallan los resultados, no hay que lo salve. Y también entiendo que al Real Madrid (o a cualquier grande) no le vale un Bielsa, Schaff, Zeman y demás técnicos “líricos”, con las repisas vacías.

    El Real Madrid de Zidane, con todo y su enorme racha de resultados positivos, era un equipo que dependía en exceso de sus figuras y de destellos individuales. Nada de táctica y pobres, pobrísimas prestaciones, salvadas por un gol in-extremis de Sergio Ramos o un tiro sobre la bocina de CR7. Pero ni el fìsico les está acompañando porque exceptuando Casilla, Nacho, Lucas y demàs jugadores suplentes, todos los jugadores del R. Madrid sufren o sufrieron de lesiones (tienen 7 lesionados actualmente). Tampoco hay una idea de juego, todo lo fían al balón parado o a esos “instante”. Estas son las consecuencias de un “proyecto” como los del Zar del Ladrillo.

  3. ivan

    29 de enero de 2017 a las 5:02 pm

    Pero que tiro sobre la bocina de CR7, muestrame un video, una mentira repetida 100 veces se convierte en realidad, y cr7 es THE BEST lie ever