Cuarenta paseos y un infierno

Algo más de dos mil quinientos kilómetros separan Wolfsburgo de Sevilla. Dos mil quinientos kilómetros y cuarenta partidos de fútbol, con sus trampas, con sus emboscadas, con sus rivales ansiosos y sus situaciones de riesgo. Cuarenta partidos, desde aquel de Wolfsburgo del pasado mes de abril, durante los cuales nadie había sido capaz de bajar de la nube de la imbatibilidad al Real Madrid de Zidane. Dos partidos consecutivos necesitó el Sevilla de Sampaoli, probablemente el equipo más en forma y que mejor rendimiento saca de sus activos de todo el panorama nacional. Porque la victoria de ayer (2-1) comenzó ya a fraguarse en el partido copero disputado el pasado jueves sobre el césped del Sánchez Pizjuán.

No se entiende bajo otra perspectiva que no sea la del respeto infundido por el feudo sevillista al técnico meregue la alteración táctica de su formación para rendir visita al Sevilla por segunda vez en cuatro días. Zidane, tal vez consciente de la que la posibilidad de disponer del balón estaría muy disputada, apostó por una defensa formada por tres centrales (Nacho, Varane y el hiperbólico Ramos) sacrificando a uno de sus tres habituales estiletes ofensivos. Ese fue el primer paso hacia al triunfo de Sampaoli. El técnico argentino ha conseguido en un tiempo récord armar un equipo confiado y capaz hasta el punto de obligar al campeón de Europa a trabajarse otro plan para tratar de salir indemne de la visita a sus tierras. Llegado a este punto, cabe señalar que el simbolismo del cambio táctico de Zidane resulta abrumador, porque no se trata de un marcaje especial a un determinado futbolista rival, ni de optar por un mediocentro más o menos creativo. Su cambio de dibujo táctico comprende un sacrificio consagrado a la ascendente sevillista, renunciando a presencia ofensiva a cambio de tener los pies bien tapados para afrontar las inclemencias hispalenses. Sampaoli infunde respeto hasta al equipo más poderoso del continente.

Es el Sevilla, comenzando por su banquillo, un equipo desmesurado. Un equipo que todo lo dramatiza y que todo lo hace con el corazón en un puño. Se siente cómodo en ambientes encendidos y no cede a la presión que podría haber supuesto un partido con la exigencia del de ayer. Da la sensación de tener todo siempre bajo control y de que cuanto más rápido ocurran las cosas sobre el césped y más altas se midan las pulsaciones, más infranqueable resulta. Por eso ocurrió que el Sevilla pareció encontrar el hilo de vida que buscaba cuando el partido se desbocó en su tramo final. Por eso el empuje en el gol en propia puerta del omnipresente Sergio Ramos. Por eso la determinación en el golpeo desde fuera del área del recién aterrizado Jovetic. Si alguien quiere derribar a este Sevilla, no debería aceptar su permanente invitación a jugar sobre las brasas incandescentes del fútbol más pasional.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. tubilando

    16 de enero de 2017 a las 4:29 pm

    Los número están ahí, y Sampaoli tiene todo el mérito del mundo. Bien, como telespectador no sevillista, el fútbol del Sevilla me agota, casi me estresa. La realización de la tele enfocando al técnico a cada momento gesticulando ayuda a esta percepción que tengo.

  2. Borja

    16 de enero de 2017 a las 6:48 pm

    tubilando

    De hecho, esa actitud de Sampaoli en el banquillo, siempre gesticulante, siempre con el ánimo encendido, creo que hay algunas veces que no le resulta del todo positiva a su equipo…