NY Cosmos: twice in a lifetime

2958302874Hace algo menos de un mes, sobre el césped del Belson Stadium, su hogar improvisado para esa noche, los jugadores del New York Cosmos posaban felices en una foto para la posteridad. Acababan de derrotar en la tanda de penaltis a Indy Eleven para conquistar la NASL por tercera vez en cuatro años (técnicamente, en tres temporadas y media, las mismas que lleva con vida el Cosmos 2.0). Era el octavo título liguero para el club neoyorquino si contamos los logrados en los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando el Cosmos reunía a la pléyade de estrellas por todos sabida y la NASL era la primera división de Estados Unidos (y no la segunda, el nivel que ostenta desde su renacimiento en 2011). La alegría era sincera y merecida; sin embargo, la fiesta tenía un punto amargo, y no sólo porque no se celebrara en su terreno habitual de la Universidad de Hofstra (como campeón de la fase regular, el Cosmos tenía derecho a jugar en casa la final de la liga, pero el propietario del campo ya tenía reservado el estadio para otro acto y el equipo tuvo que buscarse una solución de urgencia). Probablemente los vencedores ya sospecharan algo, y hoy todos sabemos que esa celebración ante poco más de 2.000 espectadores iba a ser el último momento de júbilo para un icono del soccer que está a punto de echar el telón. Twice in a lifetime.

Por aquel entonces, los jugadores, técnicos y empleados ya no cobraban al día, y poco después empezaron a publicarse rumores, no todos desmentidos, que confirmaban los problemas económicos: con unos 3.700 espectadores de media por partido (un 25% menos que en 2015) y unas pérdidas de más de 30 millones de dólares acumuladas en estos 4 años, el equipo ni siquiera tenía un campo reservado para 2017, no había empezado a vender abonos para la próxima campaña y mandó a buena parte de su staff a una excedencia forzosa hasta nueva orden. Como en la década de los 80, el NY Cosmos se desangra y con él lo hace toda la NASL, o tal vez sea al revés; en cualquier caso, y también como entonces, el orden de los factores no altera el producto. A falta de un anuncio oficial sobre el cierre temporal o definitivo del club, el futbolista mallorquín Rubén Bover confirmaba este pasado martes en las redes sociales lo que ya era un secreto a voces: toda la plantilla del Cosmos ha quedado liberada de sus contratos. Dada la volatilidad del soccer estadounidense y su tremenda facilidad para cambiar de rumbo en cuestión de días e incluso horas, puede que aún sea algo aventurado afirmar que el equipo desaparecerá definitivamente o no competirá en 2017, pero ahora mismo esa es la opción más probable.

Hace un poco más de dos años, yo mismo escribía en esta santa casa a propósito del último intento del New York Cosmos por recuperar el brillo de épocas pretéritas. Y, básicamente, en ese artículo sobre el fichaje de Raúl González Blanco ya se encontraban todas las claves que explican el colapso al que ahora asistimos. Con las puertas de la Major League Soccer cerradas ya entonces de forma casi definitiva para el equipo neoyorquino, las pocas esperanzas de que el nuevo Cosmos y la nueva NASL despegaran definitivamente empezaron a irse por el desagüe tres meses después. En enero de 2015, la MLS anunció un acuerdo de colaboración con la USL, la asociación que organiza la liga de tercera categoría, según el cual todas las franquicias de la MLS quedaban obligadas a inscribir un filial propio en la USL o a asociarse con un equipo ya existente en dicha liga. De la noche a la mañana, la Tercera división estadounidense no sólo pasaba a ser la liga de desarrollo en la que se foguearían las jóvenes promesas de los equipos de Primera, sino que se aseguraba una estabilidad y un crecimiento más que notables: además del aumento de equipos participantes que conllevaba directamente esa nueva alianza, la USL se convertía en el mejor escaparate posible para todos aquellos inversores interesados en dar el salto a la MLS en alguna de sus futuras ampliaciones.

Ante eso, la NASL sólo podía ofrecer un entorno más flexible, en el que las franquicias gozan de mayor libertad financiera y comercial, pero la liga del Cosmos (y del Rayo Oklahoma City) ha acabado siendo víctima de su propia naturaleza. Con apenas una docena de equipos frente a los 20 de la MLS o los 29 que compitieron este año en USL (y creciendo en ambos casos), su escasa repercusión mediática como Segunda división, la falta de inversores comprometidos a largo plazo y su dudosa gestión global, junto con la pinza formada por el binomio MLS-USL, han conformado una tormenta demasiado perfecta como para que la NASL pudiera sobrevivir a este invierno. De los 12 equipos que finalizaron la campaña 2016, se sabía que 3 no iban a volver en 2017 (Minnesota United entra en la MLS y Ottawa Fury y Tampa Bay Rowdies se pasan a la USL) y ya había más que serias dudas sobre el futuro de otros 3 (Rayo OKC, Jacksonville Armada y Fort Lauderdale Strikers, todos con importantes problemas económicos). Si además su buque insignia, el NY Cosmos, amenaza también con irse a pique, es evidente que ha llegado el momento de sacar la bandera blanca.

La Federación Estadounidense, que establece los criterios que deben cumplir las ligas del país para ser consideradas como de primera, segunda o tercera categoría, tenía que decidir esta semana si la NASL mantenía su estatus de segunda división o si, por el contrario, debía ser despojada de él para concedérselo a una USL más grande, más estable y con mejores y más claras perspectivas de futuro. La crítica situación de la NASL ha hecho que la decisión se posponga diez días más, pero todo indica que esta prórroga se ha concedido simplemente para terminar de negociar el trasvase de más franquicias de la NASL hacia la USL y para clarificar la viabilidad de la nueva liga que ocuparía el lugar en el escalafón que hasta ahora ostentaba la USL. Esa nueva tercera división contaría con los equipos más modestos de la actual USL (que no podrían afrontar los costes derivados de jugar en una liga nacional no regionalizada, como hasta ahora era la USL, y con mayores salarios) y puede que con las pocas franquicias que aún están dispuestas a pelear por la supervivencia de la NASL. Entre estas últimas estaría el propio NY Cosmos, aunque de momento su apoyo sería meramente testimonial: a estas horas, como decía antes, no parece estar en condiciones de competir en 2017 en categoría alguna, pero su potente imagen de marca, aunque dañada, todavía puede servirle como tabla de salvación. Tal vez, quién sabe, dentro de unos meses asistamos a un nuevo renacimiento del New York Cosmos. Al fin y al cabo, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y las que hagan falta.

Palencia, 1984. Nunca llegué a debutar en Primera.

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