La luz sobre Anoeta

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Anoeta volvió el domingo a convertirse en tradicional estación de penitencia para el FC Barcelona. Había ganas de ver a esta renacida Real Sociedad de Eusebio Sacristán, de la que tanto se ha venido hablando en las últimas semanas, ante un rival de tronío. Fuimos muchos los que, al principio, dudamos del técnico castellano y teníamos curiosidad por medir el potencial donostiarra en un choque que, al menos en las últimas campañas, suele ser amigable y provechoso para los locales y conflictivo y dañino para los azulgrana.

De entrada, este Real de Eusebio se presenta como un equipo de marcada personalidad, que no amolda su juego al rival por muy FC Barcelona que éste sea sino que se aferra fiel a su propuesta, con un once bien definido y una convicción ciega en la idea que el técnico de La Seca trata de implantar en Zubieta. Es un equipo de autor en el que sus futbolistas han sabido interpretar la partitura desplegada ante ellos y al que los resultados han llevado a eliminar todo rastro de duda en la idoneidad de la contratación del extécnico de Celta y Barça B. El mismo sobre el que muchos, injusta y prejuiciosamente, extendimos la sombra de la incertidumbre en aquellas primeras semanas.

Son muchos los futbolistas txuri-urdin de los que se puede decir que Eusebio los ha vuelto a recuperar para la causa. Jugadores que han encontrado el entorno ideal para dar la mejor versión de sí mismos. Nadie hubiese dado un duro hace apenas doce meses por Carlos Vela, cuando el mexicano deambulaba indolente por el césped en las escasas oportunidades que se le concedían a la vista de su deplorable actitud y estado de forma. El mayor dilema sobre su figura recaía sobre la fecha en la que se le podría dar salida. Hoy, el atacante azteca acompaña a Willian José como referencia ofensiva de un equipo que baila al son que dicta Asier Illarramendi. La batuta de Mutriku ha vuelto a ser el gobernante que encandiló con Montanier hasta llegar a convertirse en aspirante a sustituto de Xabi Alonso en el Bernabéu y es, actualmente y asociado en perfecta simbiosis con David Zurutuza, el jugador que define a esta nueva Real Sociedad. Illarra ordena, equilibra y atempera el nervio que imponen jugadores de tendencia más desbocada como Yuri o Mikel Oyarzabal. Sobre el joven canterano con pies de gigante corrieron ríos de tinta el pasado verano a lo largo de la A-8. Convertido en supuesto objeto de deseo del Athletic, el extremo eibarrés declaró amor eterno a los colores donostiarras renovando su contrato hasta el año 2022 e incluyendo en el mismo una cláusula de rescisión ‘para casos especiales’, marcando la distancia emocional con el Athletic que la afición guipuzcoana necesitaba y demandaba. Su fútbol promete más de lo que de momento enseña, pero toda afición necesita un elemento ilusionante en la plantilla y un protagonista que asegure el futuro a medio plazo.

Después de varias temporadas de tierra de nadie y mediocridad sin rúbrica, la Real aparece hoy, siete temporadas después de su retorno a Primera, como un equipo refrescante, estimulante y divertido de ver. El partido ante el Barça, pese al sabor agridulce que dejó el injusto empate final, supuso la confirmación de que algo ilusionante se está gestando en San Sebastián. De que hay madera para alimentar la hoguera y de que todos aquellos apresurados prejuicios sobre la capacitación de Eusebio Sacristán para liderar el proyecto entraban en el terreno de la insensatez. Tras el espeso manto de tristeza dejado por Arrasate y Moyes sobre una ciudad concebida para disfrutar de la vida, Eusebio ha devuelto la luz a Anoeta.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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