El silencio de Argentina

camara

 

Dos cosas me han helado la sangre. Una de niño y otra de adulto. Las dos igual de absurdas y temibles. La primera, en la infancia, era mi madre diciéndome «te va a dar un aire» cuando jugaba a hacer muecas y cucamonas. Esa sensación de que por hacer carantoñas a uno se le quedaría el rictus congelado en una máscara deforme y fantasmal. La segunda, ya talludito, conocer a una persona y que su carta de presentación sea «yo soy una persona muy sincera». La consecuencia de su espontánea y no exigida relación con la verdad era, habitualmente, una crítica feroz, sin filtros, sin amabilidad. Las personas que se erigen sinceras suelen esconder una crueldad obstinada y faltona, un protagonismo ganado a costa de pisar a los demás, un embudo para filtrar su propia realidad, por el agujero grande, y la de los demás, por el agujero pequeño. Nada que os suene a nuevo. Ante ambas situaciones, la misma solución: mirar al suelo con candidez y ni hablar, ni reír, ni preguntar, ni enfadarse. Sólo esperar que la madre pase de nosotros y la persona sincera pase de largo.

Las lecciones de dignidad son como esas cámaras fotográficas que teníamos de niños. Todo el mundo atentos al juguete y de repente un muelle con forma de gusano disparado para la comicidad forzada. Llamar la atención a todos con escándalo para tan ingenua sorpresa. No hay nada más artificial y petulante que decirle a los demás lo que tienen que hacer. Sobre todo porque es habitual que el aleccionador habite dos realidades superpuestas, por una parte la propia, su día a día, y por otra parte la que idealiza para los demás. En el periodismo deportivo hay una pandilla que, con poca didáctica y mucha pompa, les dicen a los demás  lo que tienen que hacer. Aún contradiciendo con su trabajo esos mismos consejos. No lo llamaré hipocresía, porque hacen falta buenas intenciones, pero resulta extraño, y habitual, leer a periodistas que se ganan el pan escribiendo al dictado de otros, creando contenido forocochero y asistiendo a tertulias casposas; dando lecciones de periodismo desde su blando altar twittero.

Tras la victoria ante Colombia, Argentina expresó su deseo de blindarse ante la prensa. Messi, que hizo de portavoz, fue conciso: «Nos van a seguir matando, pero no vamos a ser partícipes de eso». Hoy mucha gente aplaudía la mordaza albiceleste. Su derecho a callarse, como en un proceso penal. Defenderse con el silencio. La culpa, leía hoy, es de la prensa que machaca a los futbolistas. No falta razón. Vivimos un periodismo deportivo obsesionado con el público, la polémica y la pólvora. Todo vale para ganar audiencia y tráfico. El fútbol, el deporte tal cual es con su pelota y su rectángulo de hierba, se ha sepultado con paladas de mierda sobre coches, infidelidades, fiestas privadas, crisis y otras análogas a aquel canónico Cumpleaños de Ronaldo. Muchos aleccionadores han visto en el toque de atención de la selección de Bauza un camino a seguir, una consecuencia lógica. Más lecciones sobre qué hacer y cómo hacerlo, sin pensar en las consecuencias de tan radical postura.

Si la solución a esta situación, según las preclaras mentes argentinas, es el silencio, mal futuro nos espera. En primer lugar se castiga tanto a los tendenciosos como a los que, con esfuerzo, aún mantienen el tipo ofreciendo contenidos deportivos de calidad, honestos, ajustados a la realidad del juego. En segundo lugar, cerrar la Selección a la prensa sólo conduce a que se genere más contenido sin filtrar. Si no hay declaraciones, ni ruedas de prensa, ni entrevistas, ni canutazos, ni análisis de los futbolistas; el resultado no será otro que más ruido, más artículos de pura invención y más inquina.

Los que hoy, en España, ven lógica la decisión y un modelo a seguir, no entienden que si los clubes de fútbol se alían contra el periodismo, si abren una zanja, el que se resiente es el propio periodismo. Los futbolistas seguirán haciendo su trabajo, patear un balón, mientras que los periodistas, los de verdad, los esenciales, se enfrentarán a la vastedad de un folio blanco. Sin chicha, sin el flujo de información habitual, sólo habrá espacio para la mentira, la exageración y la burla. Es decir, tres pilares sobre los que se construyen los castillos de Jugones o el moderno Estudio Estadio. Si hay una crisis en el periodismo deportivo, que la hay, es injusto cargar toda la responsabilidad sobre los hombros de los medios. Cuando menos, habría que repartir el peso entre profesionales del fútbol, periodistas y público. Un triángulo culpable que sólo podrá conseguir la absolución equilibrando las aristas.

El periodismo necesita más trabajo que lecciones. Y, desde luego, no serán los futbolistas los que vengan a decirles a los periodistas cómo hacer el suyo. Cuando ellos, muchas veces, han contribuido a este mundo opaco y alejado de la gente. Me decía el otro día Miguel Ángel Román, periodista de Bein Sports, que «la mejor defensa del periodismo (deportivo o no) es intentar ejercerlo a diario lo mejor que se sepa/pueda». Para ello, es necesaria la complicidad de los clubes, del propio mundo del fútbol. Quizá no sea una solución absoluta, pero sí un tapaporos, una medida para seguir creciendo. El silencio de Argentina, un silencio dolido, un silencio punitivo, me parece más bidón de gasolina que extintor. Y aquí seguimos, sobreviviendo todos, a un empobrecimiento informativo del que se aprovecha el público menos exigente y el periodismo más cínico. Sin lecciones. Sin reproches. Sin reprimendas. El futuro del periodismo, de hallarse, estará en el cambio de nomenclatura. Por ejemplo, no llamando periodismo deportivo a lo que no es ni periodismo ni tiene nada que ver con el deporte.

Argentina tiene derecho a blindarse. Sin duda. El mismo derecho que tienen los periodistas a informar sobre Argentina. El mismo derecho que tienen los argentinos a saber qué pasa en el seno de su Selección. El mismo derecho que tienen los medios de emitir y publicar lo que consideren rentable y adecuado. No es cuestión de derechos, porque todos están en juego, es una cuestión de comunicación. Y sin un entendimiento claro, actuando solo con decisiones unilaterales pendencieras por todos los bandos, sólo nos espera el ruido.  Un ruido inmenso que terminará distorsionando al propio fútbol.

 

 

 

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

3 Comments

  1. Joaq

    16 de Noviembre de 2016 a las 1:09 pm

    Un agregado: las normas de comportamiento entre Periodistas. Si un periodista se maneja con falta de respeto (como con Lavezzi, ejemplo) y de forma inadecuada en términos de como es desenvolverse adecuadamente, NUNCA vi a otro periodista indicando la falta en la que ha cometido su colega. Y no hable de luchas de ideologías, hablo de “HAS HECHO MAL. PUNTO”.

    De la misma forma en que un ciudadano tira basura a la calle y otro lo reprimenda, también los periodista podrían hacer lo mismo. Pero no, se lavan las manos.

    El punto es: mas allá que este bien o no lo de Messi & Co, lo cierto que bien estaría el periodismo en hacer auto critica.

  2. @kapo_tillo

    16 de Noviembre de 2016 a las 2:37 pm

    Me ha gustado mucho. Dos cosas:

    – “Un ruido inmenso que terminará distorsionando al propio fútbol.” En ese punto YA estamos hace tiempo. Hay un sector amplio de público que sabe que ha dicho Pedrerol en su editorial o que conoce tode este faranduleo y cotilleo a pies puntilla, y que luego ve como mucho 10 partidos al año.

    – “Me decía el otro día Miguel Ángel Román, periodista de Bein Sports, que «la mejor defensa del periodismo (deportivo o no) es intentar ejercerlo a diario lo mejor que se sepa/pueda».”

    Como clientes creo que nuestra “labor” es parecida. Consumir el periodismo que a jucio de cada uno merezca la pena. Hay un perfil amplio de consumidor, que critica sin descanso en RRSS el periodismo basura y que luego no se pierde los Manolos o el Chiringuito.

  3. Full Norbert

    17 de Noviembre de 2016 a las 2:51 am

    Es que es lo que dice Kapo_tillo: Ya estamos inmersos en este ruido. ¿Pero cómo no se van a cansar los argentinos? ¿Cómo no se va a cansar Messi? Es que es lo normal. Los periodistas van a seguir haciendo ruido, hablen los jugadores o no.
    Sirva un ejemplo: cuando estaba Mourinho en el Madrid, su figura generaba mucha polémica, para bien y para mal, hasta se llegó a decir que la prensa no sabía hacer otra cosa que hablar de él y que, cuando se fuera, no sabrían qué decir. ¿Ha bajado el ruido? Yo creo que no.