Entregados a Nasri

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El cabrón me tenía engañado. También es verdad que no había sido complicado caer en la trampa tendida en aquellos años entregados a la mediocridad en el lado celeste de Manchester. Tras cuatro temporadas temporadas en el City, Samir Nasri aparecía como un jugador con la aguja del fútbol rozando la zona roja del marcador. Era un futbolista estancado, tal vez acomodado al tomar conciencia de que su papel en el Etihad se había agotado y de que, muy probablemente, había tocado su particular techo. Parecía más próximo a tirar la toalla en un destino dulce y tranquilo que de seguir exprimiendo el frasco de las esencias. Su cesión, no nos engañemos ahora, llegaba bajo sospecha. Y tal vez por eso, apresurada y arriesgadamente, algunos nos tomamos su llegada a Sevilla con cierta dosis de chufla y sorna.

Apenas ha necesitado un par de meses en el Sánchez Pizjuán para desterrar esa imagen de jugador díscolo, escaso de compromiso y conflictivo en la convencia del vestuario. De entrada, ya ha dejado claro que Nervión no era para él ningún retiro dorado, como muchos habíamos presupuesto equivocadamente. Nasri ha dado un vuelco a su juego y se le ha visto convencido del encargo que le ha sido encomendado. Ya no es aquel jugador intermitente e intrascendente anclado a la banda del Etihad que dosificaba su talento como una ración de víveres en mitad del desierto. Con Sampaoli, y asumiendo la complicada misión de hacer caer en el olvido a Banega, su participación en el juego y en la creación ha aumentado considerablemente. Interviene y aparece con una frecuencia hasta ahora desconocida en él. Crea situaciones de peligro, ofrece pasillos de pase y distribuye balones alumbrando todo el frente de ataque andaluz, ejerciendo de catalizador total, tal y como demandaba el sevillismo. Anoche en Maksimir, el franco-argelino completó un total de 145 pases con un 92% de acierto. Es un dato, refugiado bajo la frialdad de los números, que deja muy claro a qué ha venido Samir a Sevilla. En un campo incómodo, en un partido desapacible y ante un rival animoso y arisco, de esos que te dan poco pero te pueden llegar a quitar mucho, el ’10’ sevillista firmó el partido funcional que todos, incluidos sus más fervientes detractores, esperábamos. Era un partido para salir airoso tirando de galones y experiencia, no tanto para exhibir armonía y fluidez en el juego. Para abrocharlo apoyándose en esos estándares europeos que establecen unos mínimos de competitividad en todos los escenarios posibles. Y fue precisamente lo que el Sevilla, al son marcado por la batuta de Nasri, se dedicó a hacer bajo la implacable lluvia de Zagreb.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Antonio Luna Rodríguez

    3 de Noviembre de 2016 a las 8:51 am

    Nunca vi que el fichaje de Samir Nasri iba a ser un fracaso en el conjunto andaluz.Por suerte o por desgracia de otros equipos, el Sevilla es un club grande donde reviven futbolistas que en otros clubes se estancaron y aquí, vuelven a ser indiscutibles para el equipo.
    Con Samir Nasri no iba a ser menos. Además, el propio jugador ya está intentando ser traspasado al Sevilla después de su cesión.
    Espero que haga una gran temporada y disfrute en un club y en una ciudad como es Sevilla.