El equilibrio del caos

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La teoría del caos establece el carácter impredecible de aquellos sistemas que resultan extremadamente sensibles a las variaciones de sus condiciones que se produzcan sobre su situación inicial o de partida. Por mínima que sea la alteración del sistema, sus consecuencias futuras pueden ser incontrolables para su funcionamiento. Cualquier pequeño factor puede desencadenar un cambio en el comportamiento previsto, de tal manera que las variables externas convierten al sistema en una maquinaria imposible de predecir.

Marcelo Vieira Da Silva (Río de Janeiro, Brasil, 1988) representa el efecto mariposa en el sistema del Real Madrid. Su delicado, y aparentemente insignificante, aleteo en la posición de lateral izquierdo puede provocar un cataclismo impredecible en el área rival. Aparentemente ajeno al orden táctico establecido en el equipo, el lateral carioca resulta extraordinariamente influyente en el colectivo partiendo desde una posición que no fue planificada precisamente para afrontar empresas capitales ni para otorgar carácter de emblemáticos a los galones. Cabe pensar que, con 28 años, Marcelo no va a reconducir ya esa rebeldía inherente a su juego. Su grandeza deviene de la anarquía que rige su estilo de juego. Aparece justo por donde nadie se lo espera y, sobre todo, cuando nadie se lo espera. Como si nunca jamás hubiese un plan y todo fuese fruto de la improvisación. Es la quintaesencia de la irrupción por sorpresa entre las líneas enemigas. De pronto olvida todo lo que deja atrás y se infiltra entre trincheras convirtiéndose en indetectable para los centinelas. Y ahí radica precisamente su principal virtud. Marcelo dosifica su juego apoyado en la imprevisión y en la ausencia de un patrón reconocible. Alimenta su ímpetu ofensivo con la alegría y la despreocupación del que juega libre de ataduras, rendido al caos, y ha conseguido encauzar sus inclinaciones atacantes de tal modo que sus quehaceres defensivos cada vez se ven menos afectados.

Marcelo lleva casi diez temporadas en el Bernabéu. Llegó en un momento extraño, casi siempre oportunidad para secundarios, como es el mercado de invierno. Un escenario habitualmente reservado para trabajos de parcheado y rehabilitaciones de urgencia, nunca para grandes y sonadas contrataciones. Tal vez por eso, al lateral brasileño le costó mucho deshacerse de la vitola de subalterno, más aun en un club, el Madrid, que tiende a valorar lo extraordinario muy por encima de lo regular y en el que acumular temporadas defendiendo el escudo acostumbra a ser más un motivo de desconfianza y desprecio que de valoración y reconocimiento.

Su rendimiento, como es lógico, ha sufrido altibajos a lo largo de todos estos años. Ha pasado por épocas complicadas y ha lidiado con las filias y las fobias de un notable puñado de entrenadores y sus respectivos libretos, manteniéndose en la plantilla sin atisbo de duda sobre su continuidad mientras otros con mayor cartel desfilaban sin pena ni gloria hasta acabar cerrando la puerta por fuera. Hoy en día habría muy pocas dudas sobre el nivel de Marcelo. Es fácil concluir que si jugase en cualquier gran equipo europeo su nombre estaría verano sí y verano también la agenda madridista. No cabe mejor resumen de lo que supone el actual Marcelo.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. EL GRAN KAN

    18 de octubre de 2016 a las 9:29 am

    Es de los pocos jugadores brasileños, junto tal vez a Neymar, que conservan este espíritu anárquico e imprevisible que caracterizaba en los años dorados, el futbol de los brasileños.

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