El mismo partido de siempre

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Fue, el del Bayern, el mismo partido de siempre por parte del Atleti. El mismo puto partido de siempre. La misma estratagema una y otra vez, repetida sin descanso y con una autoconfianza disparada. Proponer poquitas cosas pero muy perfeccionadas y trabajadas. Sabes lo que quieren hacer. Sabes, incluso, cómo te lo quieren hacer. Pero es absolutamente imposible meterles mano y desdibujar sus planes porque están tan bien dibujados, con tanto detalle, que solo una dosis inimaginable de mala fortuna podría alborotar las maquiavélicas líneas trazadas por Simeone. Poco importa el rival que tenga enfrente. Lo mismo da medirse a un apurado Deportivo de La Coruña que a un imponente Bayern, que el estilo permanecerá invariable. Rocoso, firme, directo, intenso, sufrido en ocasiones y, por supuesto, tremendamente competitivo.

No es asunto baladí el empaque europeo que ha cogido el Atleti en estos tres últimos años. El equipo transita por veredas por las que antes habría deambulado tembloroso y vigilante con un vigor arrollador y una seguridad abrumadora. Partidos disputados con tanta solvencia como el de anoche solo se explican a través de los intangibles. Ya no se trata simplemente de tener una muy buena, profunda y compensada plantilla o de ser un extraordinario fajador ante rivales de tronío. Lo de este Atleti va más allá. Toca con lo espiritual, con las convicciones y la fe. Con darle esa ‘alegría al corazón‘ que clama el graderío y que transmite sobre el verde esa jauría colchonera que parece conectada a la tribuna por neurotransmisores. Repasando a los clásicos, si el fútbol es un estado de ánimo, el Atleti vive agarrado a la euforia que deviene del triunfalismo y resultados como el 1-0 ante los bávaros acentúan esa sensación de superioridad. Da igual la camiseta y el escudo que se pongan delante. Dan igual las figuras mundiales. Dan igual las cinco Copas de Europa que cuelgan orondas de la entrepierna del Bayern. El Atleti no se siente inferior a nadie y sabe manejar sus armas para ventilar a cualquier rival. No exhibe complejos, exhibe autoridad desde el sufrimiento y la autodisciplina. Continua trazando su camino, cómodo en la agonía e atinado en el éxtasis, y ya tiene la clasificación en la mano.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

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