Sevilla partida en dos

lopera cuervas foto

Los tiempos están cambiando, y con ellos, el derbi sevillano, ese partido que se juega de forma ininterrumpida en calles, tabernas y colegios durante trescientos sesenta y cinco largos días al año. La pasión, eso sí, permanece intacta, siempre al límite, cerca de desbordarse. Esperando a que alguien venga a dar un puñetazo en la mesa para terminar de derramar el vaso. No hay ciudad en el mundo, y digo bien, en el mundo, que viva el enfrentamiento entre sus dos principales equipos de la misma manera en la que se vive a orillas del Guadalquivir. Pero la manera de expresar esa rivalidad ha variado sustancialmente. Ahora se controlan más las formas, al menos en lo que a los principales representantes institucionales de ambos clubes se refiere. Se acepta el pique, como es natural, pero nunca llega a aflojarse el nudo de la corbata. Las previas, ahora vestidas de elegante ‘mesa redonda’, son mucho más asépticas y, aunque en la grada siga predominando una receta más rica en corazón que en cabeza, uno ya no se imagina ciertas cosas en este fútbol, con todo medido al milímetro y fríamente precalculado, que nos está tocando vivir.

Por eso, resulta impensable imaginar una escena similar entre, pongamos, el bético Ángel Haro y el sevillista José Castro, dos presidentes de un perfil infinitamente más discreto y mucho más cercanos a la corrección política y las buenas formas imperantes en el fútbol contemporáneo. Luis Cuervas y Manuel Ruiz de Lopera, sevillista y bético, jamás conocieron el significado de la palabra ‘moderación’. Abonados permanentemente al histrión, para el sonrojo de parte de sus respectivas aficiones y el cachondeo de las del resto de España, la peculiar relación entre ambos dirigentes alcanzó su cénit el día en el que, en presencia de las cámaras y los micros y con la delegada de Gobierno en Andalucía como anfitriona, empezaron llamándose ‘maricón‘ y ‘borracho‘ y terminaron desvariando sobre su respectiva tolerancia al alcohol y la impertinencia de su ingesta en horario laboral, para asombro de todos los presentes e indignación de los representantes políticos de la ciudad. Un episodio inolvidable.

Son cosas que ya no pasan, que parecen no tener cabida ya en nuestro mediatizado e hiperanalizado fútbol. Cosas, en cualquier caso, que merecen ser recordadas. Aunque solo sea para no repetir los errores del pasado.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com