El nuevo Anfield

main-stand

La grada principal de Anfield tenía mucho encanto. Más que nada porque era una construcción de esas que se levantaban con columnas y dejaba a unos cuantos espectadores sin ver una gran parte del césped. Era divertido comprar entradas por Internet, asegurándote de que no te tocaba una localidad de visibilidad reducida. Una tarea complicada ya que casi todas pertenecían a esa categoría. Lo peor es que, además de no ver, no se cabía. Una vez estuve en la última fila, a la altura del córner contrario a The Kop. Ni me acuerdo del partido, ni me acuerdo de con quién fui. Pero sí me acuerdo, y muy bien, de que no me moví. En 90 minutos. No pude. Lo que sí pude fue entender la teoría de la evolución. Hace años la gente era mucho más pequeña. Tiene gracia porque de esto no te decían nada. Me refiero a lo de la movilidad. Movilidad reducida, además de visibilidad reducida. Tampoco se hablaba nada de la seguridad. Aquí todos miraban hacia otro lado. Y cuando digo todos, quiero decir la Premier League y demás organismos responsables de organizar aquello y de velar por nuestra seguridad. Porque el lugar estaba para que un fuego lo arrasara. Y es que las primeras filas tenían sillas de madera. Seguramente las pusieron en los sesenta. Comprobé la irresponsabilidad en un Liverpool-Norwich (de esto sí me acuerdo), acompañado por mi novia. Según entramos y ocupamos nuestros sitios, me hizo ver que estábamos en peligro. Años más tarde, descubrí que la tribuna de prensa se encontraba en las mismas condiciones. Menos mal que alguien acabó con mi carrera periodística antes de tiempo y me evitó pasar más angustias.

Por fuera, la grada principal también era particular. Daba a un conjunto de casas bajas de estas típicas de Reino Unido. Un suburbio en toda regla cuya primera hilera de viviendas casi pegaba con la pared exterior del recinto deportivo. Por allí entraban los autobuses de los equipos y más de un vehículo se quedó sin faros o dañó la carrocería haciendo maniobras. La barriada, aparte de de ser casi la prolongación del estadio, estaba parcialmente abandonada. La mayoría de las propiedades estaban cerradas a cal y canto. Un amigo mío quería comprar una y habilitarla para tener una residencia en la que poder dormir cuando fuéramos a ver partidos. Los fines de semana que no estuviéramos, se la alquilaríamos a alguno de los muchos turistas que van a ver al equipo cada jornada. Una idea peregrina que, sin embargo, recuerda en parte a los modelos de economía colaborativa que están ahora tan de moda. No hace falta decir que nunca llegamos a poner en marcha el proyecto inmobiliario. Un error de cálculo porque a saber lo que hubiéramos sacado con la remodelación. Y es que no ha quedado nada de aquello. Lo han echado todo abajo, entiendo que tras previo pago a sus propietarios de una suma de dinero importante. O tal vez no. Porque viendo cómo salían cables de cada fachada para terminar en un único poste que había en medio de la acera, ya quedaba claro que el inmueble no cumplía con un mínimo de calidad y, en consecuencia, su valor de mercado no podía ser muy alto. Yo pregunté a una profesional de la ingeniería acerca de esas conexiones y no supo responderme. Desconocía si era la línea telefónica o la eléctrica. Pero de lo que sí estaba segura es de que aquello era un apaño infame.

La nueva grada principal se estrenó en un partido ante el Leicester. Lo vi por la tele. Lucía impresionante. Ya no había columnas y, supuse, que los espectadores estarían cómodos en sus butacas. La capacidad de Anfield pasa ahora de 50.000 personas y parece que el Club ha dado el paso definitivo a la modernidad. Y está bien. Muy bien, de hecho. Pero a algunos nos va a llevar un tiempo acostumbrarnos.

Email: juan.moran.alvarez@gmail.com

2 Comments

  1. Israel

    20 de septiembre de 2016 a las 12:56 am

    Jejej. Buen articulo. Los artículos que implican recuerdos y vivencias personales siempre son agradables.
    No sabia que el viejo Anfield tuviera condiciones tan malas como se describe.

  2. Kurono

    22 de septiembre de 2016 a las 5:22 am

    Hay muchos estadios ingleses muy bonitos y bastante modernos (mucho se debe a la Euro de 1996, pero también al informe Taylor y la Premier League), pero había/hay campos indignos. El Stamford Bridge (estadio del Chelsea) han querido durante años remodelarlo por lo incómodo y viejo. Todavía hay muchas tribunas de madera en Inglaterra. También sería importante recordar de como se cambió el viejo Higbury del Arsenal (un estadio que ni siquiera tenía categoría para disputar competiciones europeas) por el lujoso Emirates Stadium. Curiosa idea.