Corrientes circulares de Bilardo y Menotti

Maradona y Redondo

Decía Schopenhauer con gran acierto hace más de un centenar de años, cuando ni tan siquiera Ángel María Villar ejercía como presidente de la RFEF, que las religiones como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar. Su reflexión se catapulta en el tiempo hacía nuestros días, devorados sistemáticamente por acontecimientos inexplicables que nos hacen dudar sobre nuestro ser, espíritu o parecer. Vivimos tiempos lo suficientemente oscuros como para recostarnos sobre páginas de filósofos alemanes y despertar entre corrientes de pensamientos. Nos tapamos cada mañana bajo las sábanas de reflexiones y opiniones con las que estamos de acuerdo para ocultar las miserias de lo cotidiano. Abrazamos tendencias y movimientos para definirnos en pocas palabras dado que la sociedad del “fast food” nos obliga a resumir en 140 caracteres nuestro punto de vista con el fin de que otros seres de nuestra especie nos seleccionen como aptos para ampliar sus conocimientos, o al menos para compartir las sábanas anteriormente mencionadas. Aunque en este caso no con reflexiones y opiniones.

Nuestra vida es un blanco y negro constante. Izquierda y derecha. Con cebolla o sin cebolla. En tu casa o en la mía. Barcelona o Real Madrid. Playa o montaña. Fruto de un periodo de luciérnagas en Argentina nacieron dos posiciones antagónicas que explican el fútbol universal y, por qué no, la vida misma, como a cualquier argentino narcisista le gustaría recalcar. Bilardismo y menottismo se desarrollaron entre desaparecidos, torturas, papeles sobre el césped del Monumental, manos divinas, batallas en las Malvinas y cocaína. Cualquier marco sociopolítico semejante hoy en día sería pura casualidad. El pragmatismo de Carlos Bilardo se cocinaba a fuego lento sazonado con intensidad, agresividad y ciertas dosis de histrionismo que rezumaba un cierto aroma porteño. El plato se lo enseñó Osvaldo Zubeldía en la cocina de Estudiantes. Por otro lado, la plasticidad y belleza que conlleva la filosofía menottista protege el arte de la gambeta como una forma de entender la vida en Rosario, cuna de futbolistas importantes, pero fundamentalmente cuna del Negro Fontanarrosa.

A estas alturas de la historia muchos habréis pensado en Simeone, Guardiola, Mourinho, Bielsa, Lillo o Ricardo Moreno. Son corrientes circulares en el tiempo. Tal vez algunos os habréis considerado menottistas alguna vez en vuestra vida por innovar y progresar en la oficina mientras vuestro jefe, consumado bilardista, echa por tierra vuestras aspiraciones a las primeras de cambio. No os falta razón. Ambas religiones están vivas y en continuo crecimiento, aunque quizá sus momentos álgidos hayan quedado ya atrás. Y uno de ellos ocurrió un 3 de Enero de 1993 en Santa Cruz de Tenerife, cuando hasta los Reyes Magos y Papa Noel parecían englobarse en cada una de las vertientes.

Menotti y Bilardo

Se trataba de un encuentro cualquiera de Liga. Un encuentro cualquiera con Redondo, Pizzi, Dertycia, Ezequiel Castillo, Maradona y Simeone sobre el terreno de juego y con el tándem Valdano-Cappa por un lado y Bilardo por el otro dirigiendo la batalla desde la banda. Los días y semanas previos los enfrentamientos verbales entre unos y otros tomaron los principales medios españoles. Incluso los dos líderes radiofónicos del momento, Jose María García y Jose Ramón de la Morena se involucraban activamente en la batalla a través de sus amistades peligrosas.

Alicientes no faltaban. Años antes Fernando Redondo decidió renunciar al Mundial de Italia 90 con Argentina para centrarse en sus estudios de Económicas. Aquello no sentó nada bien a Diego Armando Maradona que se tomó la renuncia como una traición. En aquel mismo Mundial Bilardo decidió dejar fuera de la lista a Jorge Valdano en el último momento, lo que tampoco sentó nada bien al ex-jugador del Deportivo Alavés campeón del mundo en 1986. Por esta razón ni siquiera hubo saludo previo al encuentro entre ambos, tal y como presenciaron los 22.000 espectadores que llenaron el Heliodoro aquel día y las decenas de periodistas argentinos enviados a cubrir aquel acontecimiento histórico.

El partido como ocurre en estos casos es lo de menos. Lo importante son los días previos y el “puntopeloteo” posterior. Al fin y al cabo se trataba de un encuentro de la Jornada 16 de Primera División (recordemos con cariño aquellos años en los que las marcas comerciales no violaban su bello nombre) que el Tenerife ganó 3-0 a un Sevilla rival en posiciones europeas. Los 90 minutos tuvieron absolutamente de todo, recalcando los dos goles de penalty anotados por Pizzi, momentos previos a la expulsión de este por una entrada a Maradona en mediocampo. Lo cierto es que la entrada se la había hecho el previamente amonestado Redondo. Maradona se retorcía de dolor en el suelo cuando al ver que el expulsado era Pizzi entró en cólera al grito de “¡¡El cinco, fue el cinco!!”, lo que provocó su expulsión. Tángana. El Heliodoro enloquecía como si del Coliseo romano se tratase. Mientras Diego se retiraba del terreno arreciaban las botellas de agua y almohadillas desde la grada hacia el campo. Conte devolvía una de las botellas a la grada. Simeone se enfrentaba a un policía local. Gritos, empujones. Aparecieron las primeras porras de la policía justo cuando Bilardo pedía explicaciones a esta “por el intento de secuestro de Conte”. “Escándalo” titularía Clarín de manera tremendista al día siguiente. Aún daría tiempo a que el partido finalizase con el 3-0 en el marcador, doce amarillas y tres rojas. El 3 de Enero la Copa Libertadores se jugó en Tenerife.

Valdano, Cappa y Dertycia

Fue entonces cuando comenzó el acto final de esta gran obra de teatro. La rueda de prensa. Pocas cosas gustan tanto a un buen argentino como hablar, pero en este caso el bueno de Carlos Bilardo decidió enfriar sus ideas hasta llegar a Sevilla, en donde despotricó contra el presidente tinerfeño Javier Pérez Llevaba dos meses hablando y ha conseguido lo que quería” y Jorge ValdanoSon una escuela de ladrones de guante blanco”. La réplica de este fue un mesurado “Cuando pierde, siempre pasa algo ajeno al espectáculo”. Días después Bilardo dejó para los anales de la historia una de las críticas más recordadas tras criticar al Tenerife por perder tiempo con el 1-0. Les llamó rabanitos. Gente que según él, predica una cosa pero en realidad es otra. Rojos por fuera, blancos por dentro. El epílogo verbal, como no podía ser de otra manera, a unos días de locura futbolística.

Las líneas que separan las vertientes futbolísticas son finas y parecen resquebrajarse por momentos. Estética y resultado únicamente viven en comunión bajo el entusiasmo del éxito. Cuando este acaba las corrientes entran en conflicto y los egos personales predominan. Es entonces cuando entramos en un estado de crisis permanente intentando defender la religión en la que creemos por encima de nuestras ideas propias. Volvemos a las sábanas con las ideas clasificadas. A discutir por ideas futbolísticas ajenas sin desarrollar una propia por miedo a la crítica voraz. A atrincherarnos en un nombre que defina lo que cada uno entiende de una manera distinta olvidándonos de la pasión. En este caso, corrientes circulares en el tiempo.

Avilés. 1983. Internacional en 0 ocasiones. Fútbol, barro y rock 'n' roll. No hay nada mas bello que un gol en el minuto 90. Letras, palabras e historias en eibarsestaoequis.blogspot.com.

1 Comentario

  1. Pepe Szendrei

    13 de septiembre de 2016 a las 4:28 pm

    Maravilloso el artículo.