De VAR en VAR

USL-11Things0815_largeParece que fue ayer pero lo cierto es que Diarios de Fútbol ni siquiera había nacido. Lo que pasó más o menos lo sabemos todos: un poco antes del minuto 110 de la final de la Copa del Mundo de Alemania 2006, Marco Materazzi le hizo un comentario no precisamente edificante a Zinedine Zidane y el astro galo reaccionó como tantas otras veces a lo largo de su brillante carrera, esa que tocaba a su fin aquella misma noche. La versión oficial dice que aquella acción, que se produjo muy lejos de donde se disputaba el balón, sólo la percibió en directo el cuarto árbitro, el español Luis Medina Cantalejo, que avisó al argentino Horacio Elizondo para que, éste sí, jubilara a Zidane. Como siempre, la leyenda (que se encargó de propagar el mismísimo seleccionador francés, Raymond Domenech) va más allá y cuenta que el trencilla sevillano echó una indiscreta ojeada a una pantalla de televisión y, como el resto del mundo en su casa, fue así consciente de la agresión. La FIFA y los colegiados implicados siempre lo han negado, pero no son pocos los que consideran que allí se produjo la primera intervención del videoarbitraje.

Diez años después, DDF anda de resaca de aniversario, Zidane hace historia en el banquillo del Real Madrid, Materazzi intenta hacerla en el del Chennaiyin indio y el vídeo empieza por fin a probarse oficialmente como herramienta de ayuda al arbitraje. Y, en un caprichoso guiño del destino, la FIFA ha querido que el primer partido internacional de selecciones en el que se ha puesto en práctica haya sido un Italia-Francia, como aquel de 2006. Era esta ocasión un amistoso intranscendente que Francia se llevó por 1-3 y en el que el neerlandés Björn Kuipers contó con la ayuda de dos asistentes que, encerrados en una sala de realización, le resolvieron las dudas en un par de jugadas polémicas. En ambas, por cierto, había acertado en primera instancia.

Sin embargo, ese no es exactamente el sistema que pretende implantar la FIFA, que quiere que sea el árbitro del encuentro el que compruebe con sus propios ojos las imágenes antes de decidir. De cara a su aprobación definitiva, que no llegará hasta dentro de al menos dos temporadas, y de acuerdo con la International Board, varias federaciones nacionales están ayudando a probar el sistema de árbitros asistentes de vídeo, que así se denomina en castellano (largo nombre que habrá que recortar de alguna forma, toda vez que el acrónimo inglés VAR se prestaría a cierta chanza en las retransmisiones). Las acciones en las que el árbitro puede hacer uso de la repetición están claramente delimitadas: penaltis, goles fantasma, acciones que puedan conllevar expulsión y revisión de amonestaciones en caso de que el colegiado se haya equivocado de jugador o no tenga claro a quién amonestar. Por el momento, los fueras de juego tendrán que esperar.

El mecanismo parece sencillo: un árbitro asistente, acompañado de un realizador independiente del que produce la señal televisiva, sigue el juego y, cuando se produce una de las acciones mencionadas, selecciona las tomas y le comunica su disponibilidad al árbitro principal. Lógicamente, este ya habrá pitado (o dejado terminar la acción, según su criterio) y es libre de aceptar o no la sugerencia de revisión que le ofrece su compañero. En teoría, los equipos no pueden exigir al árbitro que revise la jugada, aunque es de suponer que en los tradicionales remolinos de jugadores que se forman alrededor de los colegiados cada vez que hay una jugada polémica se produzca más de una petición que acabe siendo tenida en cuenta.

A partir de ahí llega el momento que, hasta ahora, más problemas está dando en las pruebas: ¿cómo revisa el árbitro principal las imágenes? En el primer partido oficial arbitrado con ayuda del vídeo, un duelo entre los filiales de NY Red Bulls y Orlando City en la USL, la tercera categoría estadounidense, el colegiado tuvo que acercarse a uno de los fondos para ver las repeticiones en una pantalla que un operario sostenía con sus propias manos. Obviamente, que un tipo se pasee por el borde del campo con una tele de plasma en brazos no parece la fórmula más adecuada, especialmente ante gradas más hostiles que la del campo de los Red Bulls, y por eso las siguientes pruebas han sido como la del Italia-Francia: los asistentes revisan la repetición en su sala de control y le indican al árbitro principal lo que debería pitar, más o menos como se hace desde hace unos años en el rugby. Ya veremos si no acaba siendo la mejor solución.

Pero, sea de una forma u otra, el uso del vídeo tampoco elimina la polémica: como decía Bruce Arena, ex-seleccionador de EE.UU. y actual entrenador de LA Galaxy, si al revisar un posible penalti la repetición muestra que el delantero estaba en fuera de juego, ¿cómo obviar esa acción, que en teoría no puede rearbitrarse, para terminar concediendo un penalti que viene precedido de una ilegalidad? Y aún hay más: el pasado fin de semana, un colegiado expulsó al portero de Cincinnati FC a instancias del asistente de vídeo, y unos días después el comité de competición de la USL anuló la roja porque en las imágenes no se apreciaba el contacto que, sorprendentemente, sí vio el asistente. Ahora extrapolemos ese incidente a un partido de mayor nivel y repercusión, y no hace falta echarle mucha imaginación para ver cómo surgen las dudas sobre la capacidad y honestidad de los colegiados. Es indudable que el uso del vídeo reducirá los errores groseros en muchas jugadas, y solamente por eso ya merece la pena el invento, pero también parece claro que, si la jugada sigue ofreciendo dudas (o el árbitro toma una decisión errónea pese a las imágenes), las críticas y el ruido mediático serán incluso mayores que ahora. Pero para cambiar la mentalidad de futbolistas, aficionados y medios hace falta algo más que un par de repeticiones a tiempo.

Palencia, 1984. Nunca llegué a debutar en Primera.