La ciudad del fútbol

Sevilla

Llevo nueve meses viviendo en Sevilla. Está siendo divertido. Me gusta esta ciudad ruidosa y laberíntica, excesiva y teatral. Siendo tan grande, me resulta comprensible, cercana. La he recorrido un par de veces absolutamente desnortado y siempre he encontrado el camino de vuelta a casa, como si dentro de su desorden reinara una lógica infantil, una rutina emocional, algún tipo de itinerario inconsciente.

Lo que más me gusta de Sevilla es su fútbol. Su descarnada rivalidad entre Betis y Sevilla. «Hay gente que se lo toma muy en serio, pero yo no soy de esos», suelen decirme. Mienten. Sevilla, con el fútbol, no se anda con grises. Siempre hay una puya, un mensaje de whatsapp, un recochineo en la derrota ajena y un tenso silencio cuando el vecino gana.

Me gusta. Incluso lo envidio sanamente. O todo lo sano que uno pueda queriendo lo de los demás. En Córdoba es diferente. Sólo tenemos un equipo y nuestro principal rival somos nosotros mismos. Ayer, volviendo del trabajo, vi a un tipo grandote con mofletes de trompetista y camisa blanca parcheada de grasa gritándole a un camarero desde el otro lado de la calle, «mucho toque pero poco meter, el calvo os tiene engañados a todos». El camarero apoyó la bandeja en una mesa vacía para liberar las manos. Encorvó un poco el cuerpo, estiró los brazos  y entonó como un cantaor de saetas: «al menos nosotros jugamos finales. Vosotros estabais ocupados con el Trofeo Colombino».

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Es así cada día, en la cola del banco, en la barra del bar y los patios del colegio. Me gusta cuando el fútbol está en la raíz de la gente y no revoloteando en torno a sus ramas. He estado mirando camisetas antiguas del Sevilla y del Betis en Classic Football Shirts. Encontré esta maravilla de Butka. La que vistió Maradona. Recordé el año de Segunda en el que Betis y Sevilla subieron de la mano. Temporada 2000/2001. En la ida ganó el Sevilla 1 a 3 en el entonces Manuel Ruíz de Lopera con una gran actuación del uruguayo Nico Olivera. Un delantero «menudo, huraño y peleón», como lo definía Sergio Mellado en su crónica de El País. En el partido fue expulsado Pablo Alfaro, clásicos populares, y también marcó Tevenet.

En la 2004/2005 fue el equipo verdiblanco el que hizo mejor temporada que el vecino nervionense. En casa, los béticos se impusieron al Sevilla con gol de Ricardo Oliveira. Una victoria con sabor a Champions League. Era el Betis de Serra Ferrer, con Doblas, Juanito, Denilson, Assunçao y Joaquín. El año de la Copa, del gol de Dani… aquellos buenos tiempos.

 

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Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com