Bale sacrificado

bale portugal

Fue en una jugada tonta. Un balón torpemente perdido por Joe Allen en el centro del campo a la salida de una contra galesa dejó en complicada tesitura a Aaron Ramsey, que le acompañaba en la salida. El centrocampista del Arsenal no tuvo más remedio que extender su brazo derecho para cortar antireglamentariamente el avance de los belgas tras la pérdida de balón de su compañero. Prácticamente un acto reflejo, imposible de evitar. El 10 galés fue justamente amonestado. Una tarjeta amarilla que, tal vez en ese momento del partido -minuto 75- no tenía ya excesiva trascendencia en un partido que Gales ya dominaba. Pero lo peor, Coleman lo sabía, llegaría cinco días después en Lyon.

Las crónicas de la primera semifinal de la Eurocopa destacan, pese a la victoria portuguesa, el brillante y completo partido de Gareth Bale. Y no es para menos. El de Cardiff ejerció de factótum del dragón y estuvo en todas partes. Fue mediocentro, carrilero, mediapunta e incluso ariete. Por el centro, por la izquierda, por la derecha… por donde hiciese falta. Se multiplicó en su esfuerzo tanto en la recuperación de balón, ayudando activamente a Ledley, como en la creación de juego, bajando a recibir a posiciones de organizador, muy lejos de la zona en la que podía haber hecho daño a la defensa lusa. Bale ejerció de futbolista total en un encuentro que le exigió ofrecer lo que, en circunstancias normales, habría ofrecido Ramsey. Se desgastó en la creación y en las labores de zapa en el círculo central, lo que le restringió a la hora de aparecer como finalizador de las jugadas. Gareth llevó menos peligro a la portería rival que en anteriores ocasiones. Sacrificó su talento personal en beneficio del interés colectivo, ampliando su zona de influencia -ya de por sí habitualmente enorme- y buscando encontrarse con el balón prácticamente a la altura de un limitado Joe Ledley. En ausencia de Rambo, suministrador principal de balones del madridista y verdadero artífice del inesperado triunfo ante Bélgica en el partido de cuartos de final, Coleman tuvo que decidir entre ‘sacrificar’ a su estrella alejándola del área de Ruí Patricio o aislarla en posiciones más adelantadas y condenarla así a vivir noventa minutos desconectada del partido. Movió ficha y se decantó por la primera opción. Y no es que concediese libertad de movimientos total y absoluta a Bale, es que le suplicó que se multiplicara por todo el campo. Que hiciese de sí mismo, pero también de Ramsey. Que ayudase a Allen y a Ledley, que asistiese a Robson-Kanu, que no permitiera que el equipo se dejase arrastrar por la corriente.

La de los futbolistas insustituibles sobre el césped es una de las más grandes condenas de los equipos modestos y limitados en recursos. Y Gales lo es. Si falta Ramsey, el equipo entero se resiente porque no hay otro ni remotamente parecido a él. Tiene que cambiar a jugadores de posición y pierde casi cualquier posibilidad de dominar el centro del campo y suministrar de balones a sus hombres de ataque. Bien es cierto que, hasta ahora, donde no le había bastado con su aporte futbolístico había llegado con su corazón y su empeño, pero lo de anoche fue demasiado. Los dos latigazos portugueses dejaron a Bale solo, impotente mientras veía desesperado como sus diez compañeros iban claudicando ante un equipo que lo único que ofreció fue algo más de puntualidad en sus citas con el balón en área contraria. Su partido en la semifinal fue encomiable y emocionante. Nos permitió, además, disfrutar de una situación que cada vez es más insólita en el mundo del fútbol de clubes: la de una estrella de primer orden mundial tirando de un equipo notablemente inferior a su contrincante. Una de esas actuaciones que te congratulan de nuevo con el fútbol y te hacen confiar en que un nuevo orden futbolístico late con fuerza por debajo del pesado establishment actual. Bale y Gales ya son historia en esta Eurocopa, pero qué historia.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

3 Comments

  1. j1nka

    7 de julio de 2016 a las 11:20 am

    Lo de ayer de Bale fue memorable, la guinda a un torneo brillante. Aún en el minuto 80 andaba cortando contraataques yéndose al suelo para en la jugada siguiente recorrerse medio campo buscando algún resquicio en la defensa portuguesa. Brutal.

  2. Borja

    7 de julio de 2016 a las 7:39 pm

    Para mí, el único capaz de arrebatarle el MVP del torneo es Griezmann. Por lo demás, el mejor Bale que se ha visto nunca.

  3. Full Norbert

    7 de julio de 2016 a las 8:37 pm

    Y en todo el 2016, Bale está demostrando ser el jugador por el que el Madrid pagó tanto.