La Eurocopa minoritaria

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El nuevo modelo que la UEFA ha implantado en esta Eurocopa ha dado para no pocos debates. La ampliación del torneo a 24 selecciones participantes ha suscitado un buen número de comentarios en contra, casi siempre apoyados en una misma línea argumental: la supuesta pérdida de nivel en la competición que conlleva la entrada en juego de selecciones con una limitada propuesta futbolística. Del lado contrario, han venido acudiendo al debate aquellos que defendían un torneo plural y abierto. Una competición variada en la que los diferentes escollos no tienen por qué tener varias estrellas bordadas en la pechera y, desde luego, una Eurocopa abonada al detalle folklórico y a la anécdota variopinta que siempre procura la participación de selecciones exóticas y poco habituales.

Este nuevo formato maxi, contra el que anoche algunos seguían clamando, permite fábulas como la de Islandia. Yo no sé si el Portugal-Islandia dio la talla futbolística en cuanto a lo que se le ‘debe exigir’ a una fase final de un torneo como una Eurocopa. No sé si fue un buen partido. Tampoco reparé en si fue un digno muestrario de registros técnicos, ni en si la propuesta táctica de los contendientes dio para posterior análisis tan sesudo como tedioso. Sí sé que fue un espectáculo emocionante. Sí sé que disfruté y que permanecí delante de la televisión tan nervioso e inquieto como si hubiese nacido en la mismísima bahía humeante de Reikiavik. Porque ser testigo de un nuevo capítulo de la epopeya islandesa bien merece una Eurocopa de 24 equipos.

Islandia no puede proponer demasiadas cosas sobre un campo de fútbol. Los mimbres con los que cuenta dan para poco más que un cesto ligerito, algo lógico en un país de poco más de trescientos mil habitantes y apenas cien futbolistas con licencia profesional. Pero al combinado que dirige el sueco Lasse Lagerbäck, que se retirará de los banquillos tras la resolución del Ragnarök futbolístico al que ha guiado a los islandeses, no lo mueve el fútbol. Su propuesta no se basa en un mediocentro iluminado ni en un delantero oportunista y enrachado. Islandia compite guiada por su orgullo nacional. Por la tenacidad de un pueblo que vive en un lugar inhabitable y que está acostumbrado a combatir contra la fiereza de la naturaleza. Por las emociones que solo la enardecida defensa de lo propio pueden despertar en un país. Porque su partido, especialmente en la segunda mitad, fue un derroche de tenacidad solo contrarrestado por sus limitaciones futbolísticas. Aun superada por Portugal, un rival con una cantidad ingente de recursos, la selección nórdica siguió trabajando con abnegación, explotando con una fe emocionante sus escasísimas armas y entregada al mismo trance psicótico que guiaba a los guerreros berserker vikingos hacia una muerte segura en batalla. La imagen de Aron Gunnarsson metiendo cada saque de banda en el área de Rui Patricio, como quien trata de derribar un F-18 a pedradas, despierta un sentimiento de ternura y emoción a partes iguales. No había lugar para la lógica en una hazaña como la islandesa. Es la feliz irracionalidad del fútbol. No se podría dar una explicación coherente al empate logrado por Birkir Bjarnason, que dejó tan descolocados a los lusos que ya no pudieron hacer nada por evitar la sorpresa que supuso el primer punto logrado por Islandia en un gran torneo de selecciones.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

5 Comments

  1. Un lector

    15 de junio de 2016 a las 2:57 pm

    Y si todo eso lo aliñamos con unos cuantos caretos de Ronaldo de «Que he hecho yo para merecer esto» reconoce que tenemos la receta completa.

  2. Dr. K

    17 de junio de 2016 a las 9:06 am

    «Portugal, un rival con una cantidad ingente de recursos».

    «Ingente» no significa lo que parece que crees que significa.

  3. Borja Barba

    17 de junio de 2016 a las 10:22 am

    ingente

    Del lat. ingens, -entis.

    1. adj. Muy grande.

  4. Kurono

    19 de junio de 2016 a las 6:36 pm

    Pues aunque Portugal tenga más que Islandia, no juegan en equipo. Es una «Ronaldodependencia» tan marcada y limitada. Islandia estaba para hacer cosas buenas. En la última eliminatoria del Mundial llegó a la repesca y cayó ante Croacia 2-0, disputándose la vuelta en Zagreb, donde ganaron los croatas. Y para variar, la crítica de Cristiano Ronaldo del «no ganarán nada», como si Islandia fuera a ganar algo, ello saben bien que no están ahí para ganar el título, sino para darle un dolor de cabeza a alguien. Más bien es preocupante que Portugal pueda caer eliminado en el grupo más fácil de la Euro.

  5. Rober

    20 de junio de 2016 a las 10:44 pm

    Yo me inicié en las Eurocopas con Alemania 88 y Suecia 92. Los 8 mejores equipos de Europa, seleccionados tras una criba brutal, se podía decir que 8 equipazos clasificados y partidos todos, hasta los de la liguilla, de altísimo nivel.

    Estamos casi en el ecuador de la competición y ya estoy hastiado y aburrido de lo que se está viendo en el campo. Será muy democrático y excitante para los locos del fútbol internacional que hasta San Marino tenga opciones de jugar una Eurocopa, pero yo no quiero esto: quiero élite. Quiero ver a los mejores reunidos en un torneo una vez cada cuatro años.