Los triunfadores

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Justo antes de que la Eurocopa eche sobre el fútbol de clubes el telón acostumbrado de los años pares, volvemos por un momento la vista atrás para recordar a algunos equipos que han terminado la temporada tocando metal, con algo tangible que celebrar. Un vistazo a los escudos antes de que esta noche manden las banderas.

Barcelona. Herido a las primeras de cambio por la lesión de Messi, el Barça demostró temple y cuajo para sacar adelante la primera parte de la temporada, aupado a los hombros de un gran Neymar, de los goles de Suárez y de un juego más solidario que brillante, que alcanzó su cúspide en el tonaante 0-4 del Bernabéu. Ya con la Pulga de vuelta retornó la versión más artística del equipo, que acumuló goleadas, afianzó la Liga y presentó candidatura para otro triplete, o quintete, o sextete. Sin embargo, un inesperado bache de un mes despidió al equipo de la Copa de Europa, le obligó a hincar la rodilla frente al enemigo blanco y amenazó durante semanas con un desplome tremebundo. Lo evitó una reacción a última hora, y sobre todo el mazo impenitente de Suárez, que rescató la liga en un sprint final inolvidable. El ejercicio de supervivencia en la final de Copa acabó de redondear una temporada estupenda.

Sevilla. Son ya muchas las temporadas en las que el Sevilla marca el paso en esa amalgama informe y devastadora que son las primeras rondas de la Europa League. Una eliminatoria agónica ante el Athletic y la repetición de la historia frente al Shakhtar llevaron a los andaluces a Basilea, a dar cuenta del Liverpool en media hora que nadie olvidará. En el futuro, al recuerdo del trofeo irán unidas dos finales de tensión extrema, Supercopa y Copa, en las que demostraron que no hace falta ser Simeone para llevar al Barça al límite. Las copas resumen la andadura de un equipo tan inabordable en casa como débil fuera, que se ha convertido en un clásico de las primaveras y que ha terminado el curso en medio del torbellino, con Monchi pidiendo la cuenta y Emery camino de París. A veces lo difícil es sobrevivir al éxito.

Leicester. Poco más queda por decirse de la mayor sorpresa que se ha visto en el fútbol mundial de alto nivel en en esta generación. Que levante la mano quien conociera a cinco jugadores del Leicester en septiembre. Diez meses después, Kanté, Mahrez y compañía se habían convertido en los héroes de un sueño que, semana a semana, convocó a su alrededor a millones de personas de los cinco continentes. Empezaron bien, comenzaron a creer y cuando los contrarios decidieron tomarlos en serio, habían interioizado tanto su receta de contragolpe, firmeza defensiva y actitud colectiva que se habían convertido en una roca inabordable, un Annapurna despiadado. La imagen de Wes Morgan alzando el trofeo es lo mejor que le ha pasado a este deporte en muchos años.

Bayern. Es verdad que en los años de Guardiola no se han cumplido en su totalidad las enormes expectativas que la llegada del catalán generó entre la hinchada del Bayern. También es discutible que la obra del catalán haya marcado una huella indeleble en el fútbol alemán, obediente desde hace décadas a unas tradiciones con las que ha ganado mucho. Y por supuesto, siempre quedarán los fracasos en Champions para afear la trayectoria de Pep en Alemania. Sin embargo, sólo puede calificarse de triunfador un equipo que lleva cuatro ligas seguidas -tres de ellas con doblete- y que ha convertido la Bundesliga en un trámite despachable en primavera. Para quien esto firma, además, no hay mayor triunfo que conseguir que un equipo juegue, ante un rival del nivel defensivo del Atlético de Madrid, como lo hizo el Bayern en la primera parte de la vuelta de la semifinal. El mejor fútbol del año, que ese día no tuvo recompensa. Porque no siempre gana el mejor.

Juve. Algún día se estudiará en las facultades la última década de la Juventus, un ave fénix que en unos años ha remontado desde el fango de la Segunda y el oprobio de los amaños a rozar con las yemas el firmamento de la Champions y a ejercer una tiranía en el Calcio de la que no se adivina el final. Tras un punto de inflexión fundamentado en el cambio de estadio y en la fidelidad al club de un puñado de jugadores que no decidieron no abandonar al equipo en la estacada, el club diseñó una estrategia de crecimiento que les ha llevado a ganar cinco scudetti consecutivos, y a convertirse en el único equipo italiano competitivo al más alto nivel. Buen ojo para el fichaje económico, acierto en la elección de los entrenadores y ventas pensadas y muy productivas constituyen la piedra angular de un proyecto cuyo techo no se adivina. Muchos años haciéndolo todo muy bien, después de haberlo hecho todo lo mal posible.

PSG. Bien es verdad que cuando un triunfo es demasiado fácil, ni se celebra igual ni permite extraer demasiadas conclusiones. Hace tiempo que el chorro de millones del jeque y una gestión decente delos mismos sacaron al PSG del mapa de una liga francesa en la que anteriormente ejercía de bufón, pero esos 31 puntos de diferencia con el segundo hablan más de un problema estructural de la Ligue 1 que de la excelencia de un equipo que año tras año se estrella en la Champions, a veces incluso de modo catastrófico. Esta falta de empaque ante sus teóricos iguales (al menos en presupuesto) y el aire funcionarial que desprendía el equipo en ocasiones han precipitado a Blanc a la puerta de salida. Parece que ser que el encargado de pilotar el salto será Unai Emery, un tipo de trabajo que no ha ejercido el vasco hasta ahora. Conoceremos su capacidad para moverse en el Olimpo.

Real Madrid. Y así llegamos al gran triunfador del año, el que levanta el metal más preciado. El equipo más analizado del mundo y también el más indescifrable, implosionando a mitad de temporada, humillado por el eterno rival en su guarida, con su gente en rebelión hacia una gestión caótica, y con un horizonte más negro que el futuro del propio Benítez. Y de pronto, en medio del Ragnarok, aparece Zidane con su calva reluciente, su leyenda como futbolista, su currículum casi en blanco y su suficiencia simpática, y amaina la tormenta. No es una mejora inmediata, pero el equipo gana estabilidad, los jugadores empiezan a sonreír, las bolas de los sorteos sonríen aún más, y ratitos aislados en cada partido se van traduciendo en victorias y más victorias. Muy poco que rescatar, quizá media hora en el Camp Nou, cinco minutos ante el Wolfsburgo y unos penaltis, pero al final de la temporada otra orejona vuela al Bernabéu, la Liga se quedó a un dedo y la única explicación posible tiene que ver con la camiseta blanca y los laureles del escudo. Más que nada, porque cualquier otra resulta absurda.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

1 Comentario

  1. luismadrid1985

    10 de junio de 2016 a las 1:15 pm

    La Copa de Europa, o Champions League, esa competición que para ganarla necesitar estar en tu mejor año, hacer tu mejor fútbol, y tener mucha suerte…Salvo que seas el Real Madrid, el equipo de las 11 Copas de Europa que es capaz de ganarla estando bien, mal o regular.