Danilo como síntoma

Danilo

Este año se ha producido una curiosa constante tras varios partidos importantes jugados y perdidos por el Real Madrid: el lateral derecho del equipo –el puesto en principio más residual de un equipo, el chatarrero por antonomasia-, Danilo da Silva, se imponía como trending topic en Twitter, en general después de una actuación que los internautas juzgaban como desastrosa. No es la intención de este articulista lanzar mucho más estiércol sobre un futbolista que, por el motivo que sea, ha ofrecido un rendimiento bajísimo esta temporada, sino analizar cómo un vistazo en torno a su figura permite hacerse una idea de dónde encontrar varios de los males que llevan años aquejando al conjunto de Concha Espina.

La historia comienza el pasado mes de agosto, cuando se anuncia sin previo aviso que el Madrid ha cerrado la contratación de un lateral derecho del Oporto por la friolera de 31 millones de euros. A primera vista todo apuntaba a que se repetía el error de Coentrao: un fichaje a precio de crack para un puesto perfectamente cubierto por un canterano, Carvajal, que se lo había ganado tras un largo peregrinaje como meritorio que había puesto a prueba su carácter y su valía para jugar en el Madrid. Y de nuevo, Mendes de por medio. De manual.

Como no podía ser de otro modo, de poco le valió la trayectoria a Carvajal. El primer partido de Liga en Gijón, Danilo saltaba al campo en el once titular, y esta circunstancia permanecería invariable toda la primera vuelta, excepto unos pocos partidos en septiembre en que el brasileño sufrió una lesión de cierta gravedad en la fascia plantar. Durante todo este periodo, el público conoció al nuevo fichaje: un clásico lateral de largo recorrido, con capacidad de asociación pero muy mal pie para el desplazamiento de balón –lo cual lo convertía en inocuo como estilete por la banda- y con unos problemas defensivos evidentes cada vez que enfrentaba a un par medianamente consistente. Los desastres frente a Sevilla y Barcelona, en los que cuajó dos actuaciones lamentables, le pusieron en el ojo del huracán, pero el remoquete de nuevo Secretario no hizo mella en Benítez, que lo mantuvo contra viento y marea hasta que cayó fulminado a primeros de año. Poco después del partido del Barça, un extenso reportaje del Daily Mail transcribía una conversación entre Florentino y el entonces entrenador, en el cual el presidente llamaba a Danilo “el mejor lateral derecho del mundo” y le urgía a ponerlo de titular, mientras Rafa dudaba de su rendimiento defensivo. No puede probarse la veracidad de la conversación, pero sí ofrece una razón bastante plausible de por qué el futbolista continuó tanto tiempo en el equipo base a pesar de constituir un problema para su propio equipo.

Y ya que hablamos de declaraciones, es interesante reparar en éstas del propio Danilo, realizadas en un momento en el que la situación del equipo ya era bastante crítica, el proyecto Benítez se resquebrajaba y comenzaba a atisbarse el abismo a cuyo borde está agarrado el Madrid –hasta el martes- con las yemas de los dedos. El titular que lanzó el lateral fue “Estoy contento porque me he hecho con el puesto”. Aquí el énfasis se encuentra en cómo se pone a sí mismo y su situación personal por encima del bien del colectivo. Por supuesto, ésta es la manera de pensar de la mayor parte de los jugadores, pero que este tipo de declaraciones se realicen con total normalidad –y que dejó Danilo como podía haber hecho otro futbolista blanco- dejan entrever bastante sobre los enormes egos que tienen que convivir en el vestuario del Madrid, y una falta de compañerismo sonrojante que se ha visto en muchos momentos del año.

A mitad de temporada llegó Zidane, y pareció en un primer momento que su apuesta para el lateral derecho era Carvajal. El madrileño realizó dos estupendos partidos en sendas goleadas, pero en el tercer partido con ZZ de entrenador volvió Danilo, que cuajó una actuación discretísima –ofensivamente fue una nulidad- en el empate en Heliópolis. El brasileño vuelve a caerse del equipo, y vuelven los buenos resultados (tres victorias y un empate), cuando llega el derby y, ante la sorpresa de todos, Danilo aparece en el lateral izquierdo, donde en cualquier caso no es de lo peor de otro partido horrible del Madrid frente a rival exigente. De nuevo vuelve a la titularidad, y en los últimos partidos, intrascendentes ya de cara al título de Liga, pasa inadvertido. Hasta que llega el Wolfsburgo.

Lo sucedido en Alemania no reveló nada nuevo de Danilo, pero puso de manifiesto otro grave problema, ya sucedido en la temporada pero raras veces de modo tan evidente: la dejadez, la falta de ayudas, el absentismo defensivo. Entre todos los que creemos que Danilo ha sido con frecuencia el eslabón más débil del Madrid se cuenta el preparador Dieter Hecking, que envió a sus lobos a la zona izquierda del ataque, y muy en particular a Draxler, su joya de la corona. Todos tenemos presente la jugada del primer gol, pero ningún delantero ayudó a Danilo en su banda durante el partido, y poco auxilio encontró en las coberturas cuando se fue arriba y el Madrid perdió el balón. Su banda se convirtió en una autopista, pero no fue el único responsable de ello.

A modo de resumen, Danilo es sólo un jugador más superado por el peso de la camiseta blanca. Pero como hemos visto, su figura puede interpretarse como un cruce de caminos donde se reflejan los grandes males que aquejan al Real en los últimos años: los millones gastados sin sentido, decisiones deportivas por motivos extradeportivos, jugadores ególatras, entrenadores dóciles, nula meritocracia, falta de solidaridad y profesionalidad en los futbolistas. Síntomas de una decadencia que dura ya demasiado.
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