La culpa es del fútbol

Una mañana rastreando infrafútbol en la hemeroteca de El Mundo Deportivo apareció Quinito. Decían que aquel barbas había sido ídolo en el Racing de Santander setentero, pero de todo el artículo solo entendí una frase. “Mi adaptación fue difícil. Cuando llegué a Santander el único que bebía y fumaba era yo”, explicaba, bordando esa especialidad del profesional extranjero que es rajar del antiguo club en los medios locales en cuanto se largan. Creo recordar que en ese momento sonaron trinos y el pdf de la pantalla escupió una luz celestial pero ningún angelito. George Best jugaba en El Sardinero, punto. No necesité conocer mucho más para admirar a aquel tipo.

Joaquim Lucas Duro de Jesus es un cromo mítico del fútbol portugués. Fue de los mejores en el campo, vividor desde que el árbitro silbaba tres veces para enfilar la ducha y una referencia en los banquillos portugueses. En Santander recuerdan su magnetismo barbudo en calzones y en todo Portugal su magisterio en la caseta. Barba desaliñada, chubasquero y tabaco. “Quinito fue un marciano en una ciudad de provincias en los 70. Porque opinó de política, porque denunció la corrupción que rodeaba al fútbol y porque vivió en Santander con la misma naturalidad con la que jugó. Fue nuestro Curro Romero, al que se le perdonaron tantos partidos desaparecido porque la afición sabía que su mejor regate estaba por llegar”, explica Fernando González-Riancho, responsable del proyecto ‘Racinguismo Ilustrado’ Le preguntamos porque hoy hemos vuelto a saber de Quinito.

No es el cromo carismático que fue o mejor dicho, lo sigue siendo a su manera. Hace 15 años que no entrena y se le murió un hijo en 2009. Desde entonces habla poco, pero los 67 años y mientras recibía el homenaje de los entrenadores portugueses por una vida en chandal, ha roto su silencio. Para ajustar cuentas con el fútbol y consigo mismo, para romperse en público. Rescatamos el discurso de Quinito por emocionante y como testimonio de la vida en carretera para cualquiera que no sea Cristiano Ronaldo. Como ejemplo del fútbol que cuenta.

“No vi a mi hijo decir papá por primera vez, no vi a mi hijo aprender a nadar, no vi a mi hijo aprender a andar en bicicleta, no lo abrazaba todos los días, pasaban meses en los que no lo abrazaba y ahora no está aquí. Es difícil tener un hijo y no conocerlo. La culpa es del fútbol. Siento un divorcio, siento una cierta culpa por haber cambiado el fútbol por conocer a mi hijo. No esperaba un homenaje así y me va a dar fuerza para intentar fuera la culpa que tengo dentro. Tuve un hijo maravilloso que, en realidad, no conocí. El fútbol me salió caro. Estoy intentando con todas mis fuerzas salir de esta situación, limpiar el sentimiento de culpa y chutar el balón hacia delante. A estas alturas estoy perdiendo por 50-0. De nada me va a valer lo que gané, empaté y perdí, pero voy a intentar dejar esa situación de 50-0 y llegar al tiempo de descuento o a los penaltis. Vamos a ver”

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