Cansado de no ganar

La trayectoria pesa como un saco de arena sobre los hombros. Son ya seis temporadas consecutivas sin dar el nivel en Europa. Seis temporadas consecutivas, algunas de ellas con auténtica mala fortuna en el emparejamiento, cayendo en la ronda de octavos de final. Quedando fuera de los ocho mejores equipos del continente. Hablar mal de las teorías resultadistas y abonar el terreno del fútbol vistoso y desenfadado es sencillo cuando el protagonista no es ajeno y lejano. Pero a Arséne Wenger, al que a lo largo de estos últimos años se les han perdonado multitud de cosas, se le va agotando el filón de las excusas. Su innegociable apuesta queda en evidencia cada vez que toca medir fuerzas con un rival poderoso.

Su propuesta, tras un arranque de siglo brillante y en el que apuntaba a ser un equipo definido por un marcado estilo centrado en el balón, arrastró una incómoda cojera durante varias temporadas. Fueron años complicados en lo económico en los que la obligada mudanza al nuevo estadio en el verano del 2006 lastró al club hasta dejarlo fuera del mercado. La plantilla no crecía, los pesos pesados acumulaban cada vez más kilómetros y el dinero, casi 400 millones de libras, seguía enterrado bajo las toneladas de hormigón y metal depositadas en Ashburton Grove. Las vacas flacas se consentían porque los motivos por los que el Arsenal no se encontraba en condiciones de competir económicamente contra los más acaudalados eran palpables. El precio por el lujo y la comodidad del nuevo estadio se daba por bien pagado mientras se tachaban las temporadas en el calendario a la espera de un repunte económico y de la necesaria disponibilidad de fondos que permitiera al club atacar el mercado internacional con expectativa optimista.

Ocurre, sin embargo, que el impedimento de la inversión en el nuevo estadio y la indisponibilidad de fondos para invertir en mejorar la plantilla gunner ya no se sostiene. Desde la temporada 2011/12, el Arsenal ha invertido todos los años un mínimo de treinta millones de euros en reforzarse, destacando especialmente la fuerte inversión practicada en el verano de 2014 con más de cien millones de euros sacados de la caja (Calum Chambers, Welbeck, Gabriel Paulista, Debuchy, Alexis…). Ya no puede pasar por ese club intervenido por sus prestamistas y al que cualquier movimiento en el mercado le supone un esfuerzo extraordinario. Las excusas se agotan. Las explicaciones resultan ya improcedentes.

Es el Arsenal un equipo hastiado. Un club en el que el liderazgo sobre el césped aparece extenuado después de años sin pisar posiciones de privilegio y en el que el complejo y profundo entramado de sillones y despachos nobles esconde recovecos insondables. Mucho esfuerzo para tan poco éxito. Mucha inversión para tan escaso rédito. Poco a poco, Ashburton Grove empieza a ser un lugar cada menos apetecible para echar raíces y buscar la gloria. Cada vez más, la imagen de Wenger de pie junto al banquillo se antoja como un holograma caduco y desfasado, como una imagen de alguien sujeto a una pesada condena más propia de otra época. Como si el fútbol se hubiese cansado de ser condescendiente con él y hubiese decidido pasar de largo ante su romántica propuesta, todo lo importante ocurre desde hace años lejos de su Arsenal. Me duele admitir, a mí, que he sido un vehemente y convencido defensor del alsaciano, que el tiempo de Wenger podría haber tocado a su fin. Porque todo acaba teniendo unos límites. Y todos acaban cansándose de no ganar.

En DDF| Arséne who?
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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

4 Comments

  1. Kurono

    18 de marzo de 2016 a las 6:14 am

    Dividamos la “Era Wenger” en dos etapas de diez años cada una para darle un matiz que creo es importante:

    1) Su primera etapa, entre 1996 y el 2006 es brillante. Un Arsenal dubitativo y a la deriva, con la salida su DT George Graham, contrata a un semidesconocido técnico francés (“Arsene who?”) Mediante una acertada política administrativa se transforma el “Boring Arsenal” en uno de los equipos más brillantes de Inglaterra y Europa. El Arsenal mira de tú a tú al todopoderoso Manchester United (en los 90’s e inicios del 2000, el Bayern Münich de las islas), siendo su incómoda sombra a lo largo de ese tiempo. De esas 10 temporadas, el Arsenal nunca bajó del 2do. puesto en 8 temporadas consecutivas (tan sólo en la temp. 1996-97 quedó tercero por diferencia de goles con el segundo puesto y en la temp. 2005-06 quedó cuarto). Gana 4 Charity Shields, 4 F.A. Cups y 3 Ligas, hace dos dobletes de Copa/Liga y llega a su cenit en el 2004 con la memorable temporada de “The Invincibles”, ganando la Premier League sin perder un sólo partido en la Liga. En competencias internacionales, el Arsenal suele ser una decepción, suma entre mala suerte y la ausencia de su talismán y mayor estrella, Dennis Berkamp, debido a su fobia a volar; sin embargo disputa dos finales europeas (Copa UEFA en el 2000 y Champions en el 2006). Wenger puede reclamar su trono como el mejor entrenador de la historia del Arsenal desde Herbert Chapman.

    (sigue en la segunda parte)

  2. Kurono

    18 de marzo de 2016 a las 6:50 am

    2) Segunda etapa o la era del “Wenger perdedor” (2006-). El Arsenal inicia la construcción de un nuevo estadio en el 2004, precisamente en los tiempos que aun presumía su chapa “Invincible”. Terminado el mismo, se enfatiza la política de fichaje de jóvenes promesas por encima de veteranos o cracks consolidados y se empiezan a jubilar o salir los grandes veteranos de mil batallas como Pires, Ljungberg, Berkamp o Henry. Muchos de los fichajes de esta era son cuestionables, mediocres o decepcionantes, pocos terminan cuajando. Es durante este tiempo que el Arsenal se estanca e inicia su ciclo insoportable de mediocridad, cual Sisifo: Inicios más o menos ilusionantes, decepciones a finales de noviembre, eneros y febreros esperanzadores y al iniciar la primavera, un desplome que termina provocando que el Arsenal tenga finiquitada la temporada a inicios de abril. La liga es imposible competirla. Las lesiones asechan a los “gunners” es frecuente que sus dos cracks de esta era, Fabregas y Van Persie, pasen más de un 20% del tiempo en la enfermería. Se multiplican las humillaciones, goleadas, eliminaciones absurdas ante equipos de segunda y tercera categoría en las Copas, una dolorosísima derrota ante el Birminham City en la final de la Copa de la Liga del 2011 y las palizas eliminatorias en Champions. El año pasado fue el colmo, quedando debajo del Borussia Dortmund agotado del ciclo Kloop en la fase de grupos y aun así la suerte le sonríe en el sorteo, un Monaco, el cual lo termina eliminando en una eliminatoria pésimamente competida (ese gol de Berbatov, todo un decálogo de lo mala que puede llegar a ser la defensa “Gunner”). Y para ganar títulos, pasan exactamente 9 años, una F.A. Cup balsámica, ganada en tiempos extras ante el Hull City. Una segunda F.A. Cup al año siguiente ante el Aston Villa maquilló convenientemente una etapa mediocre y con un club sin rumbo deportivo.

    Wenger ha perdido ambición. Sus declaraciones así lo dejan entrever, que siempre y cuando llegue a disputar todos los años Champions, ya cumple sus objetivos. La directiva no ayuda, siendo el mayor accionista, Stan Kroenke, duramente criticado por su política donde sólo importa el beneficio neto para aumentar su patrimonio y mientras siga la compra-venta que reporta beneficios, todo va bien. Los propios aficonados “gunners” en un buen número están hartos de ser la afición que paga los tickets más caros de toda Europa para ver un club sin espíritu, ni juego, con un técnico sin ambición. Se aburrió el respetable de las excusas, ya no hay estadio que construir y la base ya debería estar asentada y se ha gastado en Özil y Alexis. Además, hay un factor muy importante: Esta temporada estamos viendo al peor Chelsea en casi 20 años, uno de los peores Manchester United desde los 90’s (no muy diferente al desastre de David Moyes), un Man. City que no cree que va ganar la liga, un Liverpool que nunca termina de iniciar ningún proyecto y el líder de la Premier es el Leicester City, mientras el Arsenal está 3ero, detrás incluso de su odidado rival, el Tottenham. Si el Arsenal es impotente de competir en condiciones tan favorables, es que simplemente no tiene un líder que pueda brindar una luz ganadora ni un espíritu campeón.

  3. Rober

    18 de marzo de 2016 a las 6:10 pm

    Me quito el sombrero ante el análisis de Kurono y concrepo con sus conclusiones: este año el liderato del modesto Leicester ha dejado sin excusas a Wenger sobre no poder competir con los clubs millonarios y ha abierto los ojos a miles de seguidores gunners. Es cierto que en esta última década las lesiones se han cebado con jugadores clave del Arsenal (me parte el corazón que hayamos perdido para el fútbol a ese proyecto de jugadorazo que era Jack Wilshere), pero tanta falta de competitividad tiene que acabar cansando hasta a la afición más paciente del mundo.
    Salvo un improbable giro de los acontecimientos que acabe dando la liga al Arsenal, creo que esta será la última temporada de Arsene en el norte de Londres.

  4. Antonio

    18 de marzo de 2016 a las 7:08 pm

    Yo me traía a Arsene para el Madrid.