Qué Casemiro ni Casemiro…

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“Odio eterno al fútbol moderno” es un ripio. Mal empezamos. En esta frase cabe de todo: una nostalgia sonrojante de treintañeros avejentados, una mitificación del fútbol pasado sin más información que la que escupe Twitter y se hojea en las Libero o las Panenka o el hooliganismo light a clubes que ahora penan en Tercera pero que estuvieron en Primera un par de temporadas hace veinte o treinta años.

Ni el amor ni el odio pueden ser eternos. Mi ejemplo es Laudrup. Para otros será Luis Enrique. La maldad siempre cambia de bando, los amantes siempre se conocen de espaldas al mundo. Solo hay una cosa que me obliga, a veces, a pronunciar la frasecita que encabeza el artículo: la existencia del mediocentro defensivo. No su existencia, que entiendo que estuvo ahí desde siempre, sino la sensación de que es la base del equipo, su sustento. El mediocentro defensivo es al fútbol moderno lo que el tofu a los veganos, lo que el pedrolo a los cocainómanos, lo que el puro a las bodas, lo que el 2×1 a las viejas que moran acampadas en las orillas de la sección de congelados.

Casemiro fue el mejor del Madrid he llegado a leer, tras el chaparrón vigués. El destructor como base de la creación, ese sinsentido que es este deporte. Desde que el fútbol es fútbol -es decir, desde el Milan de Sacchi– se sabe que la mejor manera de defenderse es: tener el balón y moverlo cerca del área rival. El pivote, el stopper, como lo llaméis, nace del complejo. Del terror, del atavismo. Como las cerraduras dobles y las puertas blindadas, como el poliamor y el Tinder, como la colorida pero melancólica ropa del Desigual. Todo lo malo surge del miedo a perder, del miedo a los demás, de la celebración de la propia inferioridad. Casemiro y Kovacic fueron el eje sobre el que giró el Madrid del 7-1 a un Celta desdibujado. En la derrota contra el Atlético en su posición estaban Modric y Kroos. Conclusión: los buenos son los primeros, con los segundos el Madrid hace aguas. Disfrutemos de la anécdota, hagamosla ley, coronemos al centro brasileño como nuevo rey.

El medio defensivo es al fútbol lo que Quique González es a la música disco. Todas las bajonas pasan por su posición: Emerson y Diarra son la miseria existencial. Una vez que el 4-3-3 ha vencido al 4-4-2 en los equipos más poderosos del planeta, debemos asumir que tener tres centrocampistas no obliga a mandar alguno de ellos a galeras. Busquets es el paradigma para lo bueno, para lo malo están Gravesen, Pablo García o Lucas Silva. Por decir tres jugadores incapaces de subirse las medias, fácil imaginarlos equilibrando al Madrid de las noches europeas. Es falso que un jugador especializado en el corte sea necesario, es falso que sea imprescindible para sustentar al equipo, hay más de mitología en la posición que de argumentario futbolero, ¿tanto tiempo hace que Redondo se marchó de vuestros corazones?

En un equipo con Modric, James, Isco o Kroos; me parece una pijada decir que el bueno es Casemiro. Ese futbolista trotón y reservado, de enorme cabeza y cintura de John Deere que por lo visto es la pieza que le faltaba a Zidane. A Zidane que levantó la Copa de Europa con Makelele a su lado, que creció custodiado por Di Livio, que logró ser campeón del Mundo con Petit a su vera. Como esas tías de pasta a las que les parecen cool los bares de barrio con pringue en la barra y vasos ahumados, y los visitan como quien va a un museo de lo mundano. Así me siento viendo a Casemiro, como un hallazgo lumpen proletario entre salones dorados. Como los grunge de La Salle o las malotas de las Teresianas.

Quiero mi propio mapa de calor como aficionado. Cómo empiezo en verde en el sofá de casa y acabó de colorado dando paseos por el salón, comiendo pipas y maldiciendo a cada uno de los jugadores que Zidane ha puesto sobre la hierba. Quiero mi propia estadística de cáscaras encestadas en el bol. Quiero todos esos datos intrascendentes que tratan de explicar con porcentajes y kilómetros lo que el propio encuentro nos enseñó: que al Madrid le falta juego y no destrucción, que volvemos a las lagunas defensivas y falta un central de calidad que mejore a Ramos y devuelva a Pepe al banquillo, que Cristiano Ronaldo juega su propio partido sin sumar en lo colectivo, que Mayoral podrá ser un gran delantero en el futuro pero que hoy sea el sustituto de Benzema debería abochornar a un club como el Real Madrid.

Llega el lunes y hablamos de Casemiro, del equilibrio que aporta a este Madrid en recuperación. Al postbenitecismo. A inventar un nuevo milagro casa semana para olvidar que la Liga está perdida y que la Champions se va a tener que sudar. Los mediocentros defensivos como respuesta a todas las preguntas, como un mapa del tesoro en la buhardilla, como el punto de apoyo que hará moverse al mundo. Sigamos aplaudiendo la normalidad, haced como que estamos en un debate de investidura.

 

 

 

 

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". Escribe en El Mundo y publica sus movidas más personales en www.futbolistascalvos.com

10 Comments

  1. Prince_Jun

    7 de marzo de 2016 a las 5:43 pm

    Yo siempre he sido de la idea que “si tu medio defensivo (“destructivo”) fue la figura, es que el equipo tiene un problema”. Quizás es un prejuicio tonto hacia ese tipo de futbolistas, pero es una de mis “ideas de cabecera”.

    Por otro lado, Redondo era amor…

  2. Marc

    7 de marzo de 2016 a las 7:24 pm

    No estoy de acuerdo. El pivote defensivo es muy importante en el fútbol. Es el artífice de que los jugones no agoten sus energías en tareas defensivas y se dediquen a deleitarnos con su juego. Además en el logo de DDF se aprecia a Mauro Silva, que es el paradigma del pivote defensivo.

  3. Fran

    7 de marzo de 2016 a las 8:13 pm

    El pivote defensivo es seguramente la posición más complicada de dominar en el fútbol. Un poco ventajista utilizar como buen ejemplo los casos de Busquets o Redondo (probablemente aparezca uno por generación) y ponerlos en comparación con casos como Gravesen o Pablo Garcia. En el Madrid Kroos y Modric son muy buenos pero no cubren todas las facetas del juego por lo que siempre existirá la necesidad de encontrar un jugador que les complemente. Se llame Casémiro o Makelele

  4. Full Norbert

    7 de marzo de 2016 a las 11:12 pm

    No pensé que ibas a escribir este post, Antonio, pero concuerdo contigo en todo. El problema del Madrid no es el medio centro defensivo, el problema del Madrid es que tiene doscientos mediapuntas y apenas centrocampistas puros. Y eso se traduce en mal juego. Casemiro es una solución de emergencia por cómo está el Madrid hoy día, pero no puede ser nunca el Plan A al inicio de la temporada.

  5. ppalacio

    8 de marzo de 2016 a las 12:01 am

    Tal cual lo del miedo. La mayor virtud de Casemiro es que deja dormir mejor a su entrenador. Esa misma virtud la tenía Khedira y eso casi nos cuesta una Champions, cuando Ancelotti decidió que quería descansar la noche antes de la final de Lisboa y le puso a pesar de volver de una lesión de meses.

  6. Gargajok

    8 de marzo de 2016 a las 1:15 pm

    Claro que si.. jueguemos con 10 mediapuntas, para que usar a los defensas? O mejor.. 11 delanteros.. sin portero.. el mismo argumento que se utiliza para decir que un mediocentro ofensivo puede defender puede usarse para decir que un defensivo puede atacar. Casemiro no es manco en la creacion de juego.. lo que hay que leer..

  7. DT

    8 de marzo de 2016 a las 4:07 pm

    Nunca olvidéis qu de Gravesen no era mediocentro defensivo. Otra cosa es que aquí le metiesen ahí.

  8. rally

    10 de marzo de 2016 a las 9:41 am

    Estás flipao’.

  9. JJ

    1 de abril de 2016 a las 3:29 am

    Haber el MCD es imprescindible en el madrid fc, el problema de este equipo es eso mismo, que no son un equipo, juegan a la individual y el balon pie es de 11 no de 1.

  10. KK

    11 de mayo de 2016 a las 1:03 am

    El tonto de Diariosdefutbol

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