El legado de Guardiola

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Quizá el simple hecho de que resulte pertinente hablar ya de su legado es uno de los mejores elogios que se le pueden hacer a Pep Guardiola, quien a pesar de su alopecia y su aspecto algo avejentado, acaba de cumplir cuarenta y cinco años. Sobre su obra en el Barcelona hay poco que hablar: construyó la maquinaria más perfecta que ha impuesto su ley en el fútbol moderno, tiene una enorme cuota de responsabilidad en la conversión de un jugador estupendo en quizá el mejor de todos los tiempos, y su Pep team se ha convertido en la piedra de toque definitiva, el paradigma de la excelencia. Tanto es así, que incluso hace palidecer a su lado al imperial Barça de nuestros días, una máquina de ganar partidos y títulos que, sin embargo, resulta algo tosco en comparación con lo que ofrecía aquel equipo, mucho más coral y armónico. Lo que hizo Guardiola esos cuatro años ya no se lo quitará nadie. Lo cambió todo.

Pero la vida sigue, y es un axioma que para cagarla en cualquier aspecto de la vida sólo tienes que dedicarte a lo mismo durante el tiempo suficiente –bien lo sabía Cruyff, que se bajó del caballo a tiempo-, así que llegamos a la pregunta que queremos plantear aquí. El periplo de Guardiola en el Bayern, ¿ha resultado un éxito, un fracaso, o se ha quedado a medias? El debate en cuestión se encendió en twitter hace unas noches, con el guante lanzado por el gran Alberto Egea, y varios insomnes inveterados saltamos a por el hueso como un dobermann en época de vacas flacas.

Los más guardiolistas apelan a que en el Bayern se le contrató para que cambiara la manera de jugar del equipo, y lo ha hecho sin dejar de ganar y consiguiendo motivar a una plantilla que venía de ganar un triplete histórico. Partiendo del postulado innegociable del juego de posición, ha dotado al equipo de una riqueza táctica casi infinita, convirtiéndolo en una especie de Proteo futbolístico, que tan pronto podía recordar el 2-3-5 de los años 50 como mutar en un 3-4-3 cual Ajax de Michels. Además, es indudable que muchos de sus jugadores son bastante mejores que cuando él llegó –Alaba es el modelo, de lateral izquierdo a jugador total- pues han adquirido la habilidad de desenvolverse con suficiencia en posiciones en principio extrañas a ellos. Es muy probable que muchos de los partidos de este Bayern se estudien durante años en las escuelas de entrenadores. Y todo esto sin olvidar, por supuesto, las (casi) tres ligas conseguidas con diferencias siderales, los torneos menores, y las semifinales de Champions League, quizá el mínimo exigible para un club como éste. Estos logros están ahí.

Por el contrario, los detractores del noi de Santpedor invocan dos argumentos difíciles de refutar. El primero, por supuesto, las dos palizas inmisericordes que recibió el Bayern en la Liga de Campeones, que según cierta corriente de opinión es el único criterio válido para calibrar las temporadas de los grandes gigantes europeos; no hay duda alguna de que el 0-4 de Ancelotti y compañía marca un mojón negro y pestilente en la orgullosa historia del Bayern, y que no le fue a la zaga su triste regreso al Camp Nou la temporada siguiente. Como deducción lógica de esta manera de pensar, las casi tres Bundesligas conquistadas no tienen valor alguno, porque para los bávaros ganar en su torneo doméstico ha sido (presuntamente) la regla histórica, y el Bayern no gana la liga, sino que solamente puede perderla. Por tanto, la enorme expectativa generada hace tres años no se ha cumplido, y de ahí debe deducirse el fracaso del catalán.

El arriba firmante se decanta por una posición intermedia. A falta de una Champions League que sin duda va a pesar en el juicio final que se realice sobre Guardiola, el catalán ha cubierto con bastante éxito su periplo por Alemania, y este trienio no ha rebajado un ápice su cotización. Sin embargo, no creo que haya respondido totalmente a las enormes expectativas que levantó su llegada, ni que vaya a dejar un legado duradero en el club muniqués. En este sentido, es interesante analizar la elección de Ancelotti como sucesor: un entrenador pragmático, de la vieja escuela, que de ningún modo va a profundizar en el fútbol moderno y complejo que ha propuesto Pep, ni mucho menos en su laberinto de variantes tácticas e innovadores métodos de entrenamiento. En muchos sentidos se trata de una regresión a un contexto más relajado y menos exigente para futbolistas y público, y no de una continuación de la filosofía anterior.

Suscribo todas y cada una de las razones ya mencionadas que defienden el trabajo de Guardiola en el Bayern, y creo que juzgar la labor de un técnico por un criterio tan estricto como ganar la Copa de Europa es sumamente injusto. Hay que recordar que en las dos semifinales disputadas contra Madrid y Barça, el equipo llegó con muchos problemas físicos, y que inclusive Pep tuvo que soportar, en medio del enfrentamiento contra el Madrid, la muerte de su querido colaborador y amigo Tito Vilanova. No son excusas para los dos ridículos, pero sí atenuantes que suavizan el juicio en una competición donde un partido malo te envía a casa. Aunque al final todos sepamos que es muy difícil –no imposible- construir una leyenda sin orejona que la avale.

Mi impresión es que el motivo principal de que la obra de Guardiola no haya quedado completa en el Bayern es que su equipo no ha mostrado la fiabilidad necesaria frente a rivales de tronío, ni ha exhibido frente a ellos el dominio abrumador con el que ha tiranizado la competición doméstica, y que fue la mayor impronta de su Barcelona. Con contadas excepciones –como aquel partido en el campo del City- el estilo del Bayern ha sido casi siempre reconocible contra estos rivales, pero no se ha impuesto claramente a ellos ni en el juego ni en el resultado. Le costó entender al Borussia de Klopp, contra Arsenal, United u Oporto vivió eliminatorias en el filo de la navaja, y al final llegaron las catástrofes frente los colosos españoles. Dicho de otro modo, más grave aún que las eliminaciones europeas fue el hecho de que podía haber ocurrido antes con total naturalidad. Y eso no es lo que esperaban los aficionados que le habían visto crear el martillo pilón en el Barcelona y le observaban arrasar rivales en una Bundesliga que de todos modos el propio Bayern, según su costumbre, había descafeinado.

Así las cosas y pesándolo todo, Guardiola ha sido un buen entrenador para el Bayern, y ha dejado una obra que valorarán más los profesionales que los aficionados. Nada más y nada menos.

Existe también un legado de Pep Guardiola en el Bayern representado por una equipación. Una equipación, roja y azul a rayas verticales, en la que se quiso ver un guiño al pasado azulgrana del técnico de Santpedor. Por supuesto, puedes encontrarla (y con el 50%) en Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas de fútbol de todo el mundo.

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Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

4 Comments

  1. Job

    5 de marzo de 2016 a las 1:08 pm

    Que facil es hablar de martillo pilon, pero la realidad no es tal..

    Guardiola gano 2 titulos de 5, que pasa q esos 3 años dejo de ser martillo pilon?

    En las q gano tuvo partidos al limite, pero solo quedan los numeros:

    *** Champions 2009:
    Vs Lyon: 7-2
    Vs Bayern: 5-1
    Vs Chelsea: 2-0 (al limite)
    Vs Manchester: 2-0

    *** Champions 2011:
    Vs Arsenal: 3-4 (al limite)
    Vs Shaktar: 6-1
    Vs Madrid: 3-1
    Vs Manchester: 3-1

    Siempre nos olvidamos q el futbol (y otros deportes), dependen de factores como lesiones, sanciones, suerte… Rn resumen estar bien en el momento justo.

    Q se lo digan al madrid, con años horribles y ganar champions

  2. tubilando

    6 de marzo de 2016 a las 5:29 pm

    Creo que va a depender bastante de lo que haga en esta Copa de Europa. Si la ganara, sólo quedaría el borrón del 0-4 ante el R.Madrid, puesto que la eliminatoria ante el Barcelona estuvo condicionada desde el principios por las ausencias de jugadores claves como Robben y Ribery. Además, la imagen no fue tan mala y el resultado fue algo engañoso por como se desarrolló el partido del Nou Camp.

  3. Ramón Flores

    7 de marzo de 2016 a las 12:18 pm

    @job Son 2 Champions de 4. De las que pones, la única eliminatoria que vi realmente al límite fue la del Chelsea 2009, la del Arsenal no creo que estuviera nunca realmente al filo de la navaja. Al razonamiento de martillo pilón (además de la impresión subjetiva), añado la superioridad descomunal en las dos finales jugadas, y que las dos veces que cayó (Inter y Chelsea) lo hizo empotrando al rival 90 minutos en el Camp Nou.

    Precisamente por lo aleatorio del fútbol, dos campeonatos y dos semifinales en dos años hablan de la superioridad de ese equipo.

    Saludos

  4. tubilando

    7 de marzo de 2016 a las 6:43 pm

    Curiosamente fueron las 4 semifinales que disputó el Barcelona de Guardiola fueron de traca. Las dos primeras (Chelsea e Inter) fueron al límite y polémicas; la del R.Madrid fue polémica; y la última fue también al límite. Y no sé si será porque a veces dan y otras quitan, pero al final pasó dos de cuatro. En realidad, podría haber pasado en cualquiera y haber sido eliminado en cualquiera de ellas.