Luto blanco

A

 

Ninguna derrota puede excusarse cuando solo vale ganar. Los empates se ven como un –2 y no como un +1. Ni las bajas, ni la calidad del rival, ni una mala tarde pueden justificar la no suma de tres puntos. Ese es el nivel de exigencia de nuestra Liga por culpa de un Barcelona que roza la excelencia. Es una carrera de gordos contra flacos en las que unos van sudando y con la boca abierta mientras los otros se permiten hasta ir charlando.

Zidane es menos Zidane de lo que parecía. El Madrid sigue arrastrando las mismas dudas, los mismos balbuceantes argumentos. No tiene capacidad para sobreponerse a la adversidad, no controla los partidos, la defensa no sostiene la arquitectura del equipo. Ayer Gracia ideó un plan que tampoco debería sorprendernos tanto: presión muy alta y espacio para los laterales. La idea era pillarlos a la contra, buscarle las cosquillas a una retaguardia pálida y de papelillo. Ramos se sigue perdiendo en su propia retórica. Nacho no es Varane, y ya no sé si eso es bueno o es malo.

“Adiós a la Liga” cantaban en La Rosaleda, aunque el míster madridista lo negara en la rueda de prensa. Quedan muchos partidos, esa es la verdad. Y al Madrid le encantan estos retos de hombría. Es un club de trepar en la adversidad, montañeros a los puntos. Eliminatorias desiguales, espíritus de Juanito y goles de Higuiaín. Ese mundo de deshacer lo inevitable. Sacrificar la lírica para abandonarse a la épica. El sentido trágico de la existencia, el florentinismo más burbujeante. Excusas portadistas, mal de muchos, heroicidades en pantalón corto. Un mundo que me resulta ajeno, forzado y de escuálido consuelo. Las cosas se ganan cuando hay que ganarlas, no es debilidad sino fuerza. No hay nada más glorioso que lo mundano.

Mientras el Barcelona, inalterable, como una de esas máquinas eternas que abren y cierran cajones en el Ikea demostrando la calidad de los muebles. Fríos y constantes. Luis Enrique era runner, me parece sintomático. Ese ritmo incesante, pesado, sin resuello. Qué buenos tiempos para ser culé. Y luego está Messi, la nandrolona natural del equipo cuando se hacen previsibles los pases y se nota la acumulación de partidos. Él siempre está despierto como los vaqueros en las películas. A la luz de la hoguera con el rifle apoyado en el regazo. Con un ojo abierto por si hay que meter la bola en la portería rival. Y por más que duelan las palabras de Piqué, ahí hay una historia: la del odio al vecino, que es el odio más español que existe. Y cuando digo español, lo hago respetando las nacionalidades. Y esas cosas. Al final, quién iba a decirlo, Lillo tenía razón e importan más las patatas que el solomillo.

Entendedme: que al final se habla más de lo que menos importancia tiene. Si nos centramos en el fútbol, el modelo del Barcelona (con sus corruptelas, sus sanciones y sus presidentes) debería ser estudiado. Desde Rijkaard hasta Luis Enrique, hay un ideario que no existe desde Queiroz hasta Zidane. Todo empezó en el 2003. Los Rijkaard, Guardiola, Vilanova, Roura, Martino y Luis Enrique son una línea más o menos equilibrada, discursiva, elocuente y los Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Capello, Schuster, Ramos, Pellegrini, Mourinho, Ancelotti, Benítez y Zidane parecen sacados de ese cajón que está en todas las casas que mezcla monedas de peseta, lápices, ganchillos de la abuela, muñecos del Kinder y barriguitas desmembradas. De aquellos polvos, estos lodos. De aquellos polvos, estos húmedos sueños.

Es tan impredecible el fútbol y son tan largos los domingos tras los pobres empates. Hay un abismo entre el Barcelona y sus perseguidores. Marcelino, entrenador del Villarreal, dijo anoche en Radio Marca algo parecido a que el Madrid tiene jugadores pero no equipo y que el Atlético tenía equipo pero no jugadores. Es un análisis cruel, pero preciso. Las dos amenazas del equipo catalán están lejos de ser una alternativa a su poder. Interpretan papeles secundarios ante la diva blaugrana. Pueden hacerse muchas cuentas. Muchas hipótesis, cábalas, sumas y restas. Todo es posible. Hasta que el Granada gane la Liga sería posible con la calculadora en la mano. Pero las sensaciones son las que son: el campeonato está finiquitado. El Barcelona no da muestras de cansancio y sus seguidores sí. Hace falta más que un ex jugador laureado para revertir una situación de decrepitud institucional.

El Madrid necesita aire fresco. Afinar las decisiones. Benítez fue un error. Lo de la Copa fue un error. La no contratación de De Gea fue un error. Es indefendible la gestión en un club que pretende ser referencial no solo en lo deportivo sino en la marca y el savoir-faire. Se van sumando méritos en el currículo. La plantilla no está compensada –se pelean los puestos ocho centrocampistas y no hay recambio de garantías para los centrales-, se acumulan las lesiones – ¿de verdad es casual que la enfermería blanca esté tan colapsada este año?- . El Madrid lleva un luto color leche. Este año no está saliendo nada, se ha cambiado la ruta a mitad de camino, como el GPS que te pide que des la vuelta cuando creías que habías elegido la salida correcta.

El efecto Zidane parecía un detonador, la explosión ACME del coyote que lo ponía en órbita. La repercusión ha sido menor de la esperada. Rápida como un triquitraque contra la pared. Se han perdido puntos y se ha vuelto al juego ramplón que se pretendió erradicar. No ha dado tiempo ni de limpiar la Cibeles, ni de poner a enjuagar el capote. El fútbol no hace prisioneros, que se lo digan a un Kovacic superado o a un Bale cuestionado desde que aterrizó en Madrid.

Kameni paró un penalti a Cristiano. Son cosas que pasan. Desde luego no es el primero que para, pero tras esa pena máxima se derrumbó el castillo de naipes que había erigido Florentino Pérez con cándida dedicación. Zidane demostrará lo que vale como entrenador la temporada que viene, con un verano por delante para asentar las bases de un equipo frágil. Mientras tanto toca luchar a la desesperada por una Liga que tiene nombre y una Champions que, como va siendo habitual, es el calmante espiritual de un club al que últimamente se le hacen largos los torneos de la regularidad.

 

 

 

 

Imagen: Ángel Martínez en www.realmadrid.com

 

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

3 Comments

  1. Kurono

    23 de febrero de 2016 a las 5:51 am

    ¿Sabes por qué es esto? Porque el Real Florentino (no Real Madrid, ese club se murió hace ya mucho tiempo, desenterrado un poco por la última época de Raúl) es la imitación del Barcelona de Núñez a inicios de los 80’s, el club del “Aqueste Any Sin”, los fichajes relumbrantes (Krankl, Quini, Simonsen, Schuster, Maradona, Archivald, Linekear, Mark Hughes, Zubizarreta etapa I), la eterna promesa, los lloriqueos constantes, todo para estar con un récord de casi un técnico por temporada (Lucien Muller, “Rifé”, Helenio “H.H.” Herrera, Ladiszlo Kubala, Uddo Lattek, César Menotti, Terry Venables y Luis Aragonés), lograr 1 Liga en 10 años y terminar con el “Motín del Hesperia”. Que se ganaron dos copas del Rey y 2 Recopas de Europa eran poco premio para un equipo que gastaba tanto.

    Es lo mismo ahora con este Real Madrid. El equipo “merengue” en las garras de Florentino Pérez no es competitivo. El único verano donde se invirtió dinero en un proyecto con nombre y apellido fue el del 2000. En aquel entonces, llegaron Flavio Conceicao y Claude Makelele para sustituir a Redondo; Pedro Munitis para “paliar” la salida de Anelka, César para portero (ante el declive de Ilgner y las dudas razonables con Casillas) y Solari y Celades como “fondo de armario”, todo coronado con Luis Figo, arrebatado con un buen puñado de millones al Barcelona. Y con esto, junto a la columna vertebral heredada (Raúl, Helguera, Hierro, Karanka, Roberto Carlos, Salgado y Casillas) lograron una Liga y compitieron hasta semifinales en Champions. El problema fue que años después, el “Ser Superior” empezó a cumplir su promesa de “Galáctico por año” a rajatabla y subir a un canterano para paliar el envejecimiento de la “clase media”, sin importar si tenía aptitudes y calidad. Cuando llegó Zidane, se trató de mover a Helguera a la defensa y meter con calzador a Guti, Zidane y McManaman en el mediocampo, mientras Hierro envejecía a ritmo acelerado, logrando una Champions y un subcampeonato de Copa, PERO, siendo terceros en liga (era obvio que la plantilla tenía menos rotación y al final de temporada, apostaron todo a la final de Copa y de Champions). Cuando llegó Ronaldo en el verano de 2002, la clase media había empezado a decaer, los canteranos mediocres eran subidos para rellenar puestos en el banquillo (sobre todo, defensas) y el equipo terminó terriblemente descompensado. A mediados de abril e inicios de mayo del 2003, el Real Madrid inició un “Via Crucis” casi fatal: Una racha horrenda donde sólo ganó un partido en 5 jornadas y dos humillantes derrotas ante la Real Sociedad y el Mallorca (verdugo brutal también en Copa a finales de enero con un enfático 1-5 en el global), un empate ante un mediocre Barcelona, sumado a la paliza en el Delle Alpi ante la Juventus que truncó el sueño de la “Décima”. Tengo una teoría: Si el Real Madrid, con baño y todo de la “Juve”, llega a jugar la final de Champions (de hecho, llega a anotar Figo el dichoso penal, así hubiera sido), no hubieran luchado por la Liga y todo hubiera sido “agarrarse al clavo ardiente” de la Final de Champions.

    Y luego… la travesía en el desierto con un equipo amorfo y ridículo, perdiendo la final de Copa ante una Real Zaraogoza con 10 jugadores, eliminados con los legendarios goles de Morientes en Champions, y en Liga haciendo un espantoso récord de 3 victorias y 7 derrotas en las últimas 10 jornadas de la Liga para quedar cuartos y dar las gracias. Empiezan baile de técnicos, compra de galácticos y más galácticos, la sensación que el Equipo no existe y todo es mayor gloria de los “cromos” de Florentino Pérez. Ni siquiera Mourinho crea ese supuesto “mejor equipo de la historia”, ya que apenas si gana una Copa y una Liga. Inclusive, esa “casta” de jugadores aguerridos que llegaron bajo la batuta del portugués, de ellos sólo queda Värane, el cual parece que está muy estancado. Del resto (Altintop, Sahin, Özil, Coentrao, Carvalho y Khediar) se fueron por la puerta de servicio. Y mientras se niega renovaciones a Di Maria (clave en la última Champions ganada) o no importa si Xabi Alonso es bien sustituído, llegan más MEDIAPUNTAS, en un equipo que busca jugar con 3 delanteros arriba, dejando a Modric vendido casi siempre.

    Zidane no mejora a Benitez. El equipo es horrible y flojo, las estrellas no tienen brillo, salvo las paradas imposibles de Navas, la calidad de Modric y cuando le da la gana, Benzemá. Esto es el legado de Florentino Pérez, un club amorfo y sin rumbo, donde los empleados son elegidos por la fé inquebrantable al “Ser Superior”, los fichajes caros para cada verano cantar “este año sí” y luego, en mayo andar contando glorias pasadas. Que no se engañe nadie, los resultados de Florentino Pérez son mediocres para la inversión y tiempo. Y no hay excusas, porque a principios de siglo, el Barcelona en pleno gasparato no era rival, y sin embargo, el Valencia les quitó 2 ligas y en el 2014 el Atlético logró una liga. Copas ha ganado 2, Ligas ha obtenido 3 y Champions, 2; sin embargo, Lorenzo Sanz logró 1 Liga y 2 Champions en tan sólo 4 años y Calderón logró 2 ligas en 2 años y meses. Gastos por 1200 millones de euros en 13 años para “apenas” 7 títulos “gordos”, un título de alcurnia cada dos años. Un ritmo al que luego se están acostumbrando y que fastidia a la gente acostumbrada a ver como las ligas caían cada año con los García y la Quinta del Buitre; e incluso, que molesta a los que vivieron el Madrid pre-Galáctico de Sanz y los primeros años del siglo, cuando ganaban un título grande por año.

  2. Rober

    23 de febrero de 2016 a las 3:42 pm

    Llámame culé sufridor de vieja escuela, de los que cuando les viene todo de cara siempre está con el ¡Ay! en la boca, pero no veo al Barcelona mucho más sólido en sus salidas que al Madrid. Las Palmas, Levante, el propio Málaga… son partidos en los que le ha ido de un pelo empatar, y a mí la pegada como argumento no me convence para nada.
    Precisamente, Antonio Agredano afirma que los Rijkaard, Guardiola, Vilanova, Roura, Martino y Luis Enrique son una línea más o menos equilibrada, discursiva, elocuente. Yo no lo creo así. Consecuente era la línea mantenida durante la etapa de Laporta de presidente, donde la filosofía cruyffista era dogma y se rechazaba a Mourinho para dar la alternativa a un admirador de Johann sin experiencia en el fútbol profesional. Rosell y Bartomeu han ido dando bandazos: desde tragar sapos y culebras con su no-muy-apreciado Pep, a poner al segundo de éste al mando, a traer a un desconocido entrenador argentino (por recomendación del presidente de Paraguay, nada menos) y firmar la peor temporada del Barça en un lustro, a un entrenador amante del fútbol vertical y la preparación física (tal como jugaba él) como Luis Enrique.
    Decía Valdano recientemente en una entrevista que la diferencia entre este Barça y el de Pep es que mientras que en el segundo la línea de flotación era el centro del campo, en el de Lucho lo es la delantera. Estoy totalmente de acuerdo.
    Al final lo que queda es Messi, claro. Que como Di Stéfano o Pelé es uno de esos jugadores históricos que llenan las vitrinas del club agraciado de disponer de sus servicios.

  3. Kurono

    25 de febrero de 2016 a las 4:40 pm

    Luis Enrique busca fútbol vertical, pero lo hace con las bases de Guardiola/Rijkaard (de hecho, recuperó al mejor Piqué y al mejor Busquets). Los Titos y Tatas eran técnicos que no tenían ni idea de lo que hacían más que la táctica de “pásala a Will”. Y Luis Enrique, si contaba con el beneplácito de Cruyff, por muchos bandazos que daban los directivos.

    De hecho, cuando Luis Enrique trató de hacer “su idea de fútbol”, fue a finales de 2014 y enero del 2015, la etapa de las 22 alineaciones en 23 partidos, las palizas ante el PSG y Real Madrid, los ridículos partidos que eran rescatados con una individualidad a la desesperada (como ante Valencia, Almería o el horrendo partido ante el APOEL) y la derrota ante la Real Sociedad que casi le cuesta el puesto al asturiano. Firmada la paz (en parte, por mediación de Xavi, y en parte, porque Luis Enrique trató de hacer una suerte de plebiscito en un partido ante el Elche y terminó abucheado, mientras Messi fue ovacionado, sin llevar el argentino una temporada extraordinaria), la historia terminó bien. Lo que hizo Luis Enrique fue darle un nuevo matiz al Barcelona basado en los principios de la filosofía Cruyff/Ajax, sólo con un equipo que podía llevar bien los contraataques, cosa que había perdido, incluso con jugadores que en teoría, son especialistas en el juego de contra, Alexis y Cesc.