Gaseosas Neville

18.02.2016. Mestalla Stadium, Valencia, Spain. Europa League. Valencia versus Rapid Wien.

 

El Valencia es un equipo que siempre me cayó antipático. Lo confieso aquí amparándome en el derecho que tenemos en España a decir lo que nos de la gana. Es un logro constitucional. Celebrémoslo cada día. De la misma forma que en Twitter me paso el día leyendo vuestras extrañísimas filias futboleras (¿de verdad sois del Southampton y seguís la Liga Australiana?), deseo que asumáis las fobias de los demás. “El odio es el amor sin los datos suficientes” decía el escritor Richard Bach. Al menos aún no he enseñado las tetas en la Sala de Trofeos ché. Tengo mis límites.

Se me conoce mejor por lo que no me gusta que por lo que me gusta. Los odios son irracionales, como la gestión de Peter Lim delegada en Lay Hoon Chan. Su última locura fue dar las riendas de un equipo tan exigente como el Valencia a un ex jugador sin experiencia en los banquillos. Gary Neville llegó a Mestalla con ese aire de turista accidental que aún no ha podido sacudirse del todo.

Asocio el Valencia a esos aficionados que se van del estadio antes de que acabe el partido. Subiendo las escaleras y mirando atrás con desprecio. Farfullando insultos a los jugadores y buscando el consuelo en el compañero de huida. Las bufandas cayendo derrotadas por la espalda. El brazo acusador. Esos aficionados que se han hinchado este año de desfilar por los vomitorios antes del pitido final. Seguramente esos cuatro impacientes no representen al resto, pero en la caricatura los rasgos se ven con más claridad.

Con Nuno el equipo jugaba poco. Con Neville el equipo no ha jugado a nada. El siete a cero del Barcelona escoció como pelar gambas con un padrastro. Se acumularon las derrotas y creció la crispación en ese intangible llamado “entorno”. El club iba a la deriva y el capitán del barco intentaba explicarlo en rueda de prensa. En inglés, con ese acento capaz de arrancar el gotelé de las paredes, y una seriedad marcial e impostada.

Gritarle “borracho” a Parejo y “pesetero” a Negredo, ha sido tan habitual como desayunar en la familia valencianista. Jugadores como Abdennour o Bakkali no han ayudado a templar los ánimos de la afición. Es legítimo, la plantilla no da la cara y el equipo va cuesta abajo en Liga. La pesadilla del descenso les despierta de madrugada entre sudores y espasmos. El inglés errante puede hacer posible lo imposible: conducir a un club como el Valencia, que sólo ha pasado cuatro años de su historia en Segunda, a la categoría de plata de nuestro fútbol.

Pues anoche, tras el funeral de casi cada fin de semana, llega el Valencia y en su reencuentro con la competición europea, mete cinco goles en 35 minutos en su estadio. Es lo de menos que el Rapid de Viena sea el equivalente en fútbol a esos luchadores anónimos con bañadores rosas que servían de sparring a El Enterrador, Estaca Dugan y El Poli Loco.  Ayer hubo una epifanía en Mestalla, una aparición mariana, la beatificación de Santi Mina. Todo salió bien. A Neville casi se le escapa una sonrisa.

Pese a las antipatías, que reitero, empecé a cogerle cariño a Neville. Me gustaba su asertividad en rueda de prensa. Esa gloriosa forma de contar una película que ya habíamos visto, como si en la sala y ante los micrófonos pudiera cambiar cada plano de lo vivido. Como jugador era un lateral bregador con más disciplina que talento. Como comentarista deportivo era el Kapuściński del fútbol: ácido, certero e inteligentísimo en el análisis de las jugadas. Como entrenador de momento es sólo un señor perdido en la costa levantina al que le ha tocado resucitar a un paciente comatoso.

Podría ser peor. Podría ser Koeman. Podría ser Djukic o Pizzi. Al menos Neville encontró ayer una aspirina del tamaño del círculo central. Las victorias son terapéuticas, como la cerveza a media mañana o el colacao de antes de dormir. Se aferran a sus asientos los espectadores indignados. ADN valencianista. Esperanzados con ver a su equipo trepar hasta puestos más acordes con su historia y su presupuesto. Experimentos con gaseosa de Singapur. Entrenadores que en su vida han sido entrenadores. Misterios peterlimescos con finales felices.

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". Escribe en El Mundo y publica sus movidas más personales en www.futbolistascalvos.com

10 Comments

  1. mjota

    19 de febrero de 2016 a las 6:37 pm

    Creo que somos muchos los que detestamos al Valencia y su afición xD. ¿El equipo más odiado de España tras el obvio R.Madrid-FCBarcelona? Tal vez.

  2. Kanchelsky

    20 de febrero de 2016 a las 6:44 am

    #mjota
    No te sabría decir por aquello que ha citado Antonio, “El odio es el amor sin los datos suficientes”

  3. Kanchelsky

    20 de febrero de 2016 a las 7:02 am

    #mjota
    No te podría dar datos, pero si que la sensación que tengo tras vivir 35 años en Madrid es, muy general y estereotipadamente, que hay mas “odio” o sentimiento “anti” hacia el Athletic o la Real que al Valencia.

    Otra “sensación” que tengo es el crecimiento de enemistad del Atleti hacia el Sevilla…pero como insisto, no te podría cuantificar.
    Supongo, que dependerá de la zona, fijo que en A Coruña el “odio” hacia el Valencia en teoría debe ser fuerte y no tanto en Barcelona…asi a grandes rasgos.A su vez en Valencia, a dia de hoy, se tiene más “odio”al Sevilla y al Madrid, creo.

    Es un tema, a mi juicio a todas luces interesante. Reconzco que a mi el Athletic me caía fatal, pero tras leer a Galder y a Borja mi sentimiento cambió y mucho.

    Esto de las antipatías tiene algo de irracional,causas deportivas pero mucho de estereotipo envenenado por el entorno. Declarlo abiertamente, bien escrito, y con una enorme educación como ha hecho Antonio en estos tiempos de lo ultrapolíticamente correcto, me parece loable, valiente y hasta necesario.
    Saludos

  4. Edgar Schmitt

    20 de febrero de 2016 a las 12:22 pm

    Creo que es muy díficil de cuantificar el odio, sin duda.
    Llevo 35 años viviendo en Madrid, y mis sensaciones, a modo general, es que el Valencia aquí no es tan odiado o “poco querido” como por ejemplo el Athletic o la Real Sociedad. Díficil medir esto, por las causas que sean, pero si que tengo esa sensación.

    Supongo que la región o zona donde se viva hará que por diversas razones se tenga especial “odio” o “rivalidad” si se prefiere hacia un equipo u otro. Por ejemplo, en A Coruña por razones deportivas si que sería de esperar cierto “odio” hacia el Valencia.

    Otros casos pueden ser la creciente rivalidad/ hostilidad hacia el Sevilla, por diversos motivos por parte del Valencia o del Atleti, bien pueden ser causas más deportivas.

    Sin ser valenciano, ni del Valencia, si que tengo la impresión de que su afición está excesivamente caricaturizada y estereotipada por los medios.
    Esto del odio no tiene lógica, a mi el Athletic me caía especialmente mal, pero tras leer a Borja y Galder ha hecho sin duda cambiar mi opinión al respecto para bien. No es que sea mi segundo equipo…pero me suscita interés.

    Por otra parte, quisiera dar las gracias a Antonio por su estupendo artículo, por ser tan educado dando su punto de vista, y decir cosas abiertamente en estos tiempos locos de la censura de lo ultrapolíticamente correcto.

    Saludos

  5. Kurono

    21 de febrero de 2016 a las 2:26 am

    Aunque haya sido vendido a un inversionista singapurense, el Valencia sigue siendo presa de los mismos males donde el amiguismo y compadrazgo premian sobre la meritocracia y la virtud. Nuno fue recomendado por Mendes, entonces intocable por Lim. Cuando Nuno pasó de entrenar al equipo y pensar más en las comisiones, la confianza de Lim en Mendes disminuyó y coló a Phill Neville como “infiltrado” y ahora a su hermano, Gary, como voz de mando (los Neville son amigos personales de Lim, por cierto). Un “pundit” tan duro en sus opiniones, como incapaz en el verde como técnico.

  6. Sin Balón

    22 de febrero de 2016 a las 12:22 pm

    Lo de ‘Misterios peterlimescos con finales felices’ todavía esta por verse. El Valencia de Neville no tiene ningún tipo de fiabilidad.

  7. Cristian*

    22 de febrero de 2016 a las 1:33 pm

    @ Kurono,
    Los Neville son amigos personales de Lim, y compañeros de inversiones también 😉

    Creo que demasiado poco tiempo le hemos dado a los Neville para intentar enderezar el rumbo de un club que tiene la manía de satanizar a todo entrenador que se pasee por ahí; Ni Quique Sánchez Flores, ni Koeman, ni Emery…. Todo lo que no fuera ganar títulos equivale a antipatía en la grada, y quizás por ese motivo, a muchos nos cae gordo, no el Valencia, si no su afición.

  8. Javier

    22 de febrero de 2016 a las 6:50 pm

    @Cristian,

    Has obviado un dato, y es que a Koeman no lo salvo de las críticas ni ganar un título.

  9. Kurono

    23 de febrero de 2016 a las 4:28 am

    Gracias también por el dato Cristian, no lo tenía en mente en ese momento, pero si que lo sabía. He aquí un dato del Valencia: Desde la segunda llegada de Ranieri, tan sólo Koeman y Valverde han sido los únicos técnicos con una carrera importante a sus espaldas; ambos llegaron con la temporada iniciada, lograron algunos méritos (clasificación a la UEFA, el primero como Campeón de Copa y el segundo como 5to. puesto, luego de reconducir un equipo sin ningún rumbo, a un punto del 4to.) y se fueron al siguiente verano. Dice mucho de la gastadísima fórmula de “técnico nuevo” para “aires nuevos”. Q. Sánchez Flores, Emery, Pellegrino, Djukic, Pizzi y Nuno sumaban más o menos de 5 temporadas en una primera división al llegar a Valencia; así pues, en realidad se han gastado millones en “escuela” de técnicos y no en un estilo o en un proyecto. Lo más parecido a un proyecto fue con Emery, hombre que se desgastó mucho ante los errores impropios de un equipo que buscaba competir por títulos (claro, también estaba la limitante que cada verano vendía una de sus estrellas hasta quedarse sin ninguna).

  10. Cristian*

    26 de febrero de 2016 a las 3:35 pm

    @javier
    Lo obvié porque la Copa no ha tenido a ojos de muchos aficionados de club “grande” el peso de un título importante, y yo mismo admito que en mi mente, la Copa es un título muy por debajo de Liga y Champions, e incluso por debajo de una UEFA. Pero a la hora de acompañar a uno de esos “gordos”, da mucho lustre.

    @Kurono,
    El caso de Pizzi creo que nadie, salvo Lim, comprendió su salida: hablo de memoria, pero juraría que la afición estaba “bien” con Pizzi.

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