Maheta who?

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Lo llevamos en el ADN. Por naturaleza, por pura supervivencia, aunque sea sentimental, tendemos a desconfiar de lo que es demasiado bueno. Sospechamos de los repentinos actos de fortuna pensando que “es demasiado bonito para ser verdad”. Si la chica más guapa de la discoteca te sonríe a ti, que eres un alfeñique sin gracia, piensas que debe de tratarse de una broma. Si tu equipo, recién ascendido a Primera, se pone 0-1 en el Bernabéu a los cinco minutos te preparas para la remontada. Y si a tu club lo compra un millonario extranjero, conjeturas que algo querrá a cambio. Pero a veces resulta que te ligas al bombón, que ganas en el Bernabéu o que ese millonario pone su chequera a disposición de tu equipo. ¿O no lleva años enseñándote Paulo Coelho que si deseas algo muy fuerte al final se cumple?

El mallorquinismo llevaba un lustro soñando con un mirlo blanco. Esperando la llegada de un salvador que arrancase las acciones de nuestra SAD de las manos de una pandilla salvaje que estaba conduciendo al Real Mallorca a la desaparición. Fue entonces, más cerca que nunca de la Segunda B, cuando apareció Robert Sarver como solía hacerlo Clark Kent, rescatando a Lois Lane (en este caso al Mallorca) a pocos metros del impacto contra el suelo.

Como resumen de los últimos años en el club balear podría decirse que el Mallorca ha pasado en cinco años de rozar la Champions (premio del que nos privó un gol del Sevilla en el minuto 93 de la última jornada), a iniciar este 2016 en posiciones de descenso a Segunda B. Mientras tanto se han sucedido un concurso de acreedores, un descenso, gestiones nefastas de Serra Ferrer, Biel Cerdà, Utz Claasen y Pedro Terrasa, un enorme desencuentro entre equipo y afición y muchas jornadas frustrantes. Como la luz que se asoma al final del túnel, apareció casi de la nada Robert Sarver, banquero y propietario de los baloncestísticos Phoenix Suns. Tras no haber cristalizado sus intentos de adquirir el Glasgow Rangers, el Getafe y el Levante, recaló en la isla dispuesto a que sus acciones hablaran por él. Se convirtió en máximo accionista de la entidad tras ingresar veinte millones de euros en las cuentas del club por medio de una ampliación de capital. De su mano llegaba el que ahora es CEO del club, Maheta Molango. En asociación con Sarver, por cierto, se encuentran dos nombres muy conocidos en el mundo del deporte: Steve Nash y Andy Kohlberg.

Maheta who?, nos preguntamos los mallorquinistas como hizo aquel día de 1996 el London Evening Standard con Arsène Wenger.

Licenciado en derecho deportivo, Molango ha tardado apenas un mes en enamorar al mallorquinismo y levantar ampollas en el resto de la categoría. Entró como un elefante en la cacharrería que es el mercado de fichajes, apuntando a piezas de caza mayor en una época en la que solo se ponen a tiro gorriones. Sergio León, David Rodríguez o Szymanowski fueron tocados por la chequera bermellona para jolgorio propio e indignación ajena. No cayeron esas brevas, pero sí lo hicieron los fichajes de algunos futbolistas notables de la categoría como Ortuño, Lago Junior u Óscar Díaz. De hecho, por estos dos últimos el club pagó sus cláusulas de rescisión. A tocateja. Con sus respectivo 45% de impuestos.

¿Y quién mira por el Mallorca?‘, se preguntó Molango al ser cuestionado por su manera de actuar. Unas maneras que, en realidad, nadie le cuestiona, puesto que está conduciendo el club con un know-how sorprendente para quien debuta en tal plaza. Molango está tratando de reconstruir el club desde sus cimientos, sentando las bases y estructuras de un proyecto muy ambicioso que tiene objetivos serios más allá del ascenso. Este mes viene recordando mucho a la entrada de Bartolomé Beltran y el Grupo Z, el inicio de la época más dorada de la centenaria historia del club. Entonces, el club también estaba sumido en la depresión tras varias temporadas frustrantes en Segunda. Y entonces, como ahora, llegó un grupo inversor serio y sin estridencias que revolucionó el club en todos sus estamentos.

A pesar de no haber mejorado mucho clasificatoriamente, el mallorquinismo predice un futuro ilusionante. A punto de celebrar el centenario de la entidad, con Fernando Vázquez en el banquillo y suficiente pólvora como para salvarse holgadamente –y luego ya se verá-, se asume que la próxima temporada deberá ser por fin la del Mallorca. Al menos, y a diferencia del pasado más reciente, se otea en el horizonte un proyecto estable, con los profesionales que merece la entidad y la tan ansiada paz institucional. No es poca cosa para los que hace unos años temíamos no llegar a celebrar nunca la centuria.

2 Comments

  1. xtaoth

    12 de febrero de 2016 a las 10:04 am

    Si va bien, todo serán flores… Si va mal, dependeremos de la paciencia de Sarver y, si se agota, veremos cómo nos quedamos.

    Pero por ahora, reconozco que, después de que pasaran los cuatro jinetes del apocalipsis (serra, cerdá, claasen y terrasa), todo lo que sea nuevo, diferente y con ganas de invertir, doy palmas con las orejas.

    Y sí, son extranjeros y todo lo que quieras, pero después de pasar por el ‘conglomerado de propietarios mallorquines’ y ver el resultado, como que eso ya me da igual…

  2. Gontxo

    13 de febrero de 2016 a las 2:00 am

    A mi lo que más me jode de estos años es que me habían quitado hasta las ganas de ver al Mallorca (que luego al final lo seguía haciendo). Pero que me destrozasen algo que hacía desde que tenía 9 años me jodía soberanamente.

    El otro día frente al Bilbao B… volvimos a juntarnos bastantes en Madrid para ver al Mallorca… Como en los viejos tiempos… Así que sí. Al menos algo de ilusión y ganas nos ha devuelto. Y no es poco. Y es muchísimo.